Aruba

9/11: 25 años después, los documentos que vuelven a poner bajo la lupa el aire de Nueva York

Nuevos registros revelan que las autoridades conocían la presencia de sustancias tóxicas en el área de Ground Zero mientras se aseguraba públicamente que el aire era seguro

Patricia Arencibia, The Post FMGN Press, US Correspondent

Veinticinco años después de los atentados contra las Torres Gemelas, una pregunta vuelve a instalarse en Nueva York: ¿qué sabían realmente las autoridades sobre la contaminación que quedó después del derrumbe del World Trade Center y cuándo lo supieron?

La publicación de miles de documentos vinculados con la calidad del aire en Lower Manhattan abre una nueva ventana sobre uno de los capítulos menos visibles de la tragedia del 11 de septiembre. Los registros muestran que, mientras trabajadores, residentes y equipos de emergencia regresaban a la zona devastada, distintos análisis detectaban la presencia de asbestos y otros contaminantes.

El material, difundido por la administración del alcalde Zohran Mamdani, reúne más de 170.000 páginas entre informes sobre calidad del aire, registros de contaminación y comunicaciones internas de organismos municipales. Parte de esa documentación había permanecido fuera del acceso público durante años.

El contenido resulta particularmente significativo porque permite reconstruir el clima de incertidumbre de los meses posteriores al atentado. Nueva York debía comenzar a reconstruirse, pero al mismo tiempo enfrentaba un problema ambiental de enormes dimensiones: millones de toneladas de escombros, polvo y materiales provenientes de los edificios destruidos permanecían dispersos por Lower Manhattan.

Un peligro que no desapareció con el humo

Uno de los elementos más relevantes de los documentos es la reiterada aparición de referencias a asbestos en distintos puntos de la zona afectada.

Los registros vinculados con un edificio situado en 15 John Street, a menos de una milla del World Trade Center, muestran informes de inspección realizados durante 2002. Los especialistas tomaban muestras de polvo mientras buena parte de Lower Manhattan todavía permanecía cubierta de residuos.

Los informes señalaban presencia de asbestos en diferentes sectores del edificio: desde el borde de la fachada hasta el techo y determinados cables eléctricos.

El caso no sería necesariamente aislado. Mediciones realizadas por organismos municipales, la Agencia de Protección Ambiental estadounidense y laboratorios contratados detectaron asbestos y otros contaminantes en distintos sectores de Lower Manhattan después de los ataques.

Algunos análisis indicaban niveles dentro de los límites establecidos por las autoridades ambientales y laborales. Otros, sin embargo, planteaban que determinadas concentraciones podían haber sido demasiado elevadas. Una dificultad adicional surge de que varios documentos no están acompañados por análisis escritos que permitan conocer con precisión cómo fueron interpretados los resultados.

La seguridad del aire, en el centro de la controversia

La cuestión adquiere otra dimensión porque durante los días y meses posteriores al 11 de septiembre se transmitió públicamente la idea de que el aire en la zona era seguro o aceptable.

Los nuevos registros parecen mostrar una realidad considerablemente más compleja.

La discusión no consiste solamente en determinar qué sustancias estaban presentes, sino también qué información estaba disponible para quienes debían tomar decisiones y qué información recibió la población.

Una de las piezas mencionadas en la documentación es el denominado Harding memo, relacionado con una posible responsabilidad de la ciudad derivada de los problemas de calidad del aire posteriores al atentado.

Su existencia agrega una dimensión institucional al debate: además de la preocupación sanitaria, las autoridades ya contemplaban potenciales consecuencias legales.

El costo humano de una tragedia que continuó

El 11 de septiembre dejó casi 3.000 muertos en los ataques. Pero las consecuencias sanitarias no terminaron ese día.

Miles de bomberos, policías, trabajadores de rescate, empleados de limpieza, vecinos y personas que permanecieron o regresaron a Lower Manhattan estuvieron expuestos al polvo y a una combinación de sustancias provenientes de los edificios destruidos.

Con el paso de los años, numerosas enfermedades fueron asociadas a la exposición ocurrida después de los atentados. Entre ellas aparecen distintos tipos de cáncer y enfermedades respiratorias y cardíacas.

Por eso, a un cuarto de siglo de la tragedia, la discusión sobre el aire de Nueva York no pertenece únicamente al pasado. También forma parte de la historia de quienes enfermaron después de sobrevivir al ataque.

La transparencia llega 25 años después

La decisión de hacer públicos los documentos tiene además una consecuencia política e institucional.

La administración de Mamdani anunció que continuará revisando y publicando documentación relacionada con los materiales tóxicos generados por el desastre. El proceso implicará revisar, redactar cuando corresponda y poner a disposición del público nuevos documentos provenientes de dependencias municipales y otros organismos.

La publicación se produce después de una disputa judicial impulsada por 9/11 Health Watch, organización que reclamó el acceso a los registros.

Para las autoridades actuales, se trata de una cuestión de transparencia. Para quienes estuvieron expuestos, puede significar algo más: la posibilidad de reconstruir con mayor precisión qué ocurrió durante aquellos meses y qué información existía mientras ellos trabajaban o vivían en una ciudad todavía cubierta por las consecuencias físicas del atentado.

Una pregunta que permanece

La historia del 11 de septiembre suele concentrarse en las imágenes de las Torres Gemelas cayendo, en los casi 3.000 muertos y en el impacto geopolítico que transformó al mundo.

Pero existe otra historia, menos conocida y mucho más prolongada.

Es la de quienes respiraron el aire de Lower Manhattan cuando todavía había polvo en las calles. La de los trabajadores que regresaron a edificios cercanos. La de los equipos que removieron toneladas de escombros. Y la de las autoridades que debieron decidir cuándo una zona devastada podía volver a ser habitable.

A 25 años de los atentados, la aparición de estos documentos vuelve a poner esa historia sobre la mesa.

Porque el 11 de septiembre terminó para muchos cuando cayó la última torre. Para otros, recién entonces comenzaba una segunda tragedia.

Si querés apoyar a The Post Argentina, podés hacerlo desde aquí.

>Aruba

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *