Aruba

Entre espinas nacen flores.

Pedro Corzo, Especial para The Post FMGN Press (*)

Con solo 17 años el más insigne de todos los cubanos, escribió en la prisión, «Mírame madre, y por tu amor no llores, si esclavo de mi edad y mis doctrinas, tu mártir corazón llené de espinas, piensa que nacen entre espinas flores».

Jose Marti, con la sabiduría que le definió, entendió a tan temprana edad lo traumático que es el presidio, sin embargo, lo enfrento con la entereza que le caracterizo, tal y como hacen, numerosos jóvenes cubanos del presente que no temen demandar sus derechos, aunque terminen en prisión.

Este once de julio arribamos al quinto aniversario de una protesta nacional sin precedentes en Cuba, en la que cientos de personas fueron a prisión por reclamar derechos cercenados por el totalitarismo

La prisión ha sido bajo el totalitarismo castrista, a pesar de los horrores que allí se padecen, una especie de oasis y crisol donde los prisioneros al forjar sus ansias de libertad vigorizan sus compromisos con la patria. Creo que la tiranía jamás se ha percatado que quienes se encuentra en prisión endurecen sus convicciones e idean nuevas formas de demandar sus derechos.

La prisión puede ser para algunos el final de su autoestima, decoro y dignidad, para otros, un horno donde se forjan los valores que le van a guiar por el resto de la vida, una realidad que ha experimentado la mayoría de los cubanos de distintas generaciones que han pasado por las cárceles del totalitarismo castrista.

La juventud cubana es la que más ha padecido los horrores de las cárceles y más de uno el infausto paredón de fusilamiento como fue el caso de Emeterio García Rodríguez, fusilado a los 17 años, 1962, y de su compañero de causa, Teodoro González que con 15 años fue condenado a muerte, sentencia conmutada a 30 años, el mismo veredicto que recibió a los 16 años Ricardo Vázquez, recientemente fallecido.

La juventud ha sido la principal víctima del sistema represivo del castrismo, no solo por la gestión política que pudieran haber participado, también, han sido apresados y golpeados por la forma de vestir o llevar el cabello largo, uso que los represores castigaban con un corte a rape y brutales palizas.

La represión cobro cotas más masivas a partir de las protestas populares del 11 de julio del 2021, como refleja un informe del pasado 30 de junio de 2026 que apunta que el número de prisioneros políticos menores de edad alcanza los 40, siendo la cifra más alta documentada hasta la fecha por la organización Prisoners Defenders, especializada en esos temas.

Es apropiado decir que los cubanos de intramuros saben lo cruel y despiadadas que son las mazmorras del castrismo, un conocimiento en la Isla que nadie ignora. No obstante, cada día se aprecia más la disposición de la ciudadanía a reclamar los derechos que le fueron conculcados hace décadas, contrario a lo que sucedía en el pasado reciente en el que los padres les pedían a sus hijos que no se involucraran en actividades antigubernamentales, porque eso había llegado para quedarse.

Recuerdo expresiones que lastimaban fuertemente a los que combatían al régimen, entre otras, “que lo quite quien lo puso” o la más egoísta de todas, “no voy a ser el primero que proteste”, invenciones que han sido desplazada por la dolorosa realidad de que los hijos y los nietos se están depauperando ante los ojos de padres y abuelo y que, para evitar un trágico final, es imprescindible tomar los riesgos que sean necesarios.  

La población ha dejado de creer los cuentos de la tiranía, entre ellos, la farsa leyenda urbana de que los represores lo saben todo, al ritmo que la miseria y la desesperación le hace más presa que en el pasado. Las protestas nocturnas son testimonio del hartazgo general y las cadenas pueden ser quebradas por la voluntad popular.

Lo hemos comentado antes, pero es importante no perder de vista que los hermanos Castro le robaron al pueblo la esperanza al imponer un poder absoluto y un pensamiento único. El control de la sociedad y muy en particular de la economía, difundió la certeza de que el nuevo orden era irrevocable, percepción que empezó a cambiar el 11 de julio del 2021.

Todos estamos conscientes que deslastrarse del miedo demanda mucho esfuerzo y voluntad, pero cuando se rompe ese cántaro que aplasta el pecho, la prisión se rompe, parafraseando nuevamente al Maestro Marti, y empieza al fin con la destrucción del totalitarismo, la vida.

(*) Pedro Corzo es un escritor y periodista cubano, perseguido y encarcelado por la dictadura de los Castro. Exiliado en Miami, escribió más de 20 años para el Miami Herald.

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