
Nacho Urkía, The Post FMGN Press, Deportes
El Museo Nacional de Arte Decorativo convierte las portadas de El Gráfico en una exposición que demuestra que la historia del fútbol argentino también se escribió con una cámara, una imprenta y millones de emociones.
Hay imágenes que no necesitan explicación.
Basta una mirada para volver a escuchar el relato de un gol, sentir el abrazo de un padre, recordar dónde estaba cada uno cuando Argentina salió campeón o revivir esa tristeza que parecía imposible de superar.
Las grandes tapas de El Gráfico tienen ese poder. No sólo mostraron la historia del fútbol argentino: ayudaron a construirla.
Por eso la muestra “Retrospectiva de una pasión”, inaugurada en el Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires, tiene algo de viaje en el tiempo. No es una exposición de revistas. Es una exposición de recuerdos.
Desde Guillermo Stábile en el Mundial de 1930 hasta Lionel Messi levantando la Copa en Qatar 2022, las cincuenta portadas elegidas recorren casi un siglo de ilusiones, frustraciones, héroes y desahogos nacionales.
Cada tapa resume un instante que terminó formando parte de la memoria colectiva de los argentinos.
Porque antes de las redes sociales, antes de los teléfonos inteligentes y mucho antes del scroll infinito, había una revista que cada semana llegaba a los kioscos con una foto capaz de resumir el país entero.
El álbum emocional de varias generaciones
La muestra propone caminar literalmente alrededor de esa historia.
Las rejas del museo fueron convertidas en una galería a cielo abierto donde aparecen Passarella levantando la Copa de 1978, Maradona desafiando al mundo en México 86, la interminable definición por penales frente a Italia en 1990, el inolvidable gol de Ángel Di María contra Suiza y, finalmente, la imagen que millones de argentinos esperaron durante 36 años: Messi abrazado al trofeo más deseado del planeta.
En el interior del edificio, otras portadas menos conocidas recuerdan que la historia también se construye con derrotas, viajes, promesas y generaciones que soñaron antes que otras pudieran cumplir el objetivo.
No hace falta ser futbolero para disfrutarla.
La exposición también funciona como una muestra de fotografía, diseño gráfico y periodismo. Cada portada refleja la evolución estética de un siglo y demuestra cómo una sola imagen podía convertirse en la conversación de todo un país.
Cuando el deporte entra al museo
No deja de ser simbólico que sea precisamente el Museo Nacional de Arte Decorativo el que abra sus puertas a estas portadas.
Durante décadas, el arte y el deporte parecieron transitar caminos separados. Sin embargo, pocas expresiones culturales lograron representar mejor la identidad argentina que una tapa de El Gráfico en el momento justo.
La exhibición confirma que esas fotografías dejaron hace tiempo de ser simples portadas periodísticas para transformarse en patrimonio cultural.
Porque los campeonatos pasan, los jugadores se retiran, las camisetas cambian. Pero hay imágenes que siguen ganando partidos en la memoria. Y esas, justamente, son las que hoy cuelgan de las paredes de un museo.
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