Aruba

Cumpleaños Feliz

Pedro Corzo, Especial para The Post FMGN Press (*)

Como hombre libre y cubano, me siento felizmente obligado a rendir tributo a esta gran nación en sus doscientos cincuenta años de democracia ininterrumpida, en los que ha forjado una realidad que, a pesar de sus imperfecciones, es un anhelo que muchos deseamos para nuestros respectivos pueblos.

En toda la historia de la humanidad ningún país ha fraguado tantos y positivos modelos a seguir como este. Desde el American Way of Live que sugiere un arquetipo cultural y de vida basado en el trabajo duro y la democracia para gestar así condiciones en las que todos podamos alcanzar el éxito, hasta la convicción de que por muy poderoso que se sea, todos tenemos que cumplir las leyes.

La historia nos ha mostrado que las influencias y el poderío de las naciones tienen un límite. Ningún poder es imperecedero, sin embargo, el número tan alto de valores y su magnitud de esta nación, más el desarrollo científico y su profundo sentido de la solidaridad, sumado a la repercusión global de sus actuaciones, son factores que integran el legado de los Estados Unidos de America, herencia que no tiene paralelos en el devenir del tiempo.

Nunca diré que este país es perfecto. He sido critico de más de una de las decisiones de sus gobernantes, no obstante, tengo el firme convencimiento que las oportunidades para alcanzar una vida honorable y decorosa que brinda Estados Unidos, no se repiten en otro país del orbe.

Es probable, como afirman algunos conocedores, que este país sea superado en pocas décadas por una nueva potencia global en asuntos claves como la economía o el poderío militar, sin embargo, más allá de las riquezas producidas y la cantidad de portaviones y misiles, el único estado que hasta el momento llena las expectativas de progreso personal, seguridad y derechos de los más desposeídos, es Estados Unidos.

Estados Unidos es para los necesitados, algo similar a lo que fue “El Dorado” para los conquistadores europeos en América, o para los judíos la bíblica “tierra que mana leche y miel, la tierra prometida», y aunque lejos de lo ideal, es la nación que más se les aproxima a esos sueños siendo la sociedad que reúne condiciones precisas para satisfacer las querencias más humanas, un hábitat donde las esperanzas de una vida mejor pueden hacerse realidad. 

Cierto que el sueño americano no es alcanzado por todos, pero es posible soñar, cuando en otros lugares solo se vive en pesadillas. Las condiciones para andar y construir están a la vera del camino, simplemente hay que estar dispuesto al esfuerzo, al trabajo, porque la expresión de que no hay almuerzo gratis no es peyorativa de esta sociedad, sino la afirmación de que todos estamos obligados a trabajar por nuestro progreso.

Por algo será que son muchos los que busca dejar atrás los paraísos proletarios. Venezolanos, nicaragüenses, cubanos, incluso los chinos, tienen como meta este país, tal vez, el más vilipendiado del mundo, gestión en la que participan lamentablemente algunos de sus ciudadanos naturales y adoptivos al intentar importar propuestas políticas inspiradas en odios y resentimientos que solo han cosechado fracasos donde han sido impuestas.

Muchos de los logros más grande de la mente humana es cosecha estadounidense, no porque los naturales sean particularmente sabios, sino porque existe el contexto necesario para que los ilustrados desarrollen su talento. Una cantidad considerable de los avances sociales y humanitarios se han originado aquí, o se han estructurado mejor por las mismas razones que han hecho posible los progresos científicos.

Los extremos son una amenaza real para cualquier sociedad.  No importa la tendencia ni la ideología que subyazca en cada tendencia.  Esas corrientes solo promueven quebrar la identidad nacional. Destruir los valores sobre los que se sostiene la nación, patrones, a pesar de sus imperfecciones, a imitar por muchos países.

El fascismo y el comunismo sin importar como se mimeticen, al igual que los indefinibles ideológicamente «supremacistas de cualquier raza», son una realidad, no una invención cinematográfica. Todos ellos trabajan duro por el objetivo que comparten que es consistente con destruir los fundamentos de tolerancia, comprensión y respeto a las diferencias que caracterizan a los Estados Unidos.

El honorable Abraham Linconl dijo en el lejano 1838, “Si la destrucción es nuestro destino, nosotros mismos debemos ser su autor y consumador. Como nación de hombres libres, viviremos para siempre o moriremos por suicidio”, una advertencia para tener en cuenta porque en esta nación siempre han coexistido fuerzas centrifugas que buscan su destrucción, así que estemos alerta para defender el país que nos da abrigo.

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(*) Pedro Corzo es un periodista y escritor cubano. Fue perseguido y encarcelado por los Castro por defender la libertad en Cuba. Está exiliado en Miami y allí escribió más de 20 años para el Miami Herald.

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