
Carlos Mira, The Post FMGN Press, Editorial
Algo empieza a oler mal alrededor de la causa que investiga las irregularidades y manejos de la AFA de Claudio “Chiqui” Tapia. Y no se trata solamente de la corrupción estructural que desde hace años envuelve al fútbol argentino. Lo verdaderamente preocupante es la sensación creciente de que el expediente comenzó a desacelerarse en la Justicia, como si alguien hubiera decidido que era momento de bajar el volumen, enfriar el tema y dejar que el tiempo haga su trabajo.
En la Argentina, cuando una causa sensible entra en cámara lenta, la sociedad ya sabe lo que suele venir después.
Por eso el foco dejó de estar únicamente sobre Tapia y Pablo Toviggino. Ahora también empieza a apuntar al Gobierno. Más concretamente, al ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, quien tiene la obligación política e institucional de garantizar que esta investigación avance hasta las últimas consecuencias y de despejar de inmediato cualquier sospecha sobre posibles vínculos, protecciones u operaciones destinadas a favorecer a la conducción de la AFA.
Porque las dudas ya están instaladas.
Y el peor error que puede cometer la administración de Javier Milei es subestimar el impacto político de estas cosas.
En la Casa Rosada parecen convencidos de que mientras el programa económico funcione, el resto será tolerado por la sociedad. Es una lectura peligrosamente superficial del momento político. La gente no separa la corrupción de la decadencia económica; entiende que forman parte del mismo fenómeno. Cuando un gobierno empieza a convivir con estructuras mafiosas, cuando mira para otro lado frente a cajas oscuras de poder o cuando transmite complacencia frente a personajes que representan exactamente lo peor del sistema argentino, el deterioro moral termina contaminando todo lo demás.
Incluso la economía.
Y aquí aparece una contradicción central para Milei. El Presidente no construyó solamente una propuesta económica. Construyó un discurso moral. Dijo que venía a terminar con la casta, con los privilegios, con los pactos de protección y con la utilización del Estado para blindar intereses corporativos. Dijo, literalmente, que la moral sería política de Estado.
Entonces no puede permitir que desde su propio Ministerio de Justicia se operen jueces, se frenen expedientes o se construyan paraguas de protección para que Tapia y Toviggino se salgan con la suya.
Porque si eso ocurre, el daño político será enorme.
Y sobre todo, será autoinfligido. Como inexplicablemente esta ocurriendo con el caso del Jefe de Gabinete.
Las evidencias sobre el funcionamiento opaco de la AFA son demasiado contundentes como para desperdiciar esta oportunidad histórica de limpiar una de las estructuras más degradadas del país. El fútbol argentino hace años dejó de ser solamente fútbol: es poder, dinero, negocios, favores políticos y un esquema cerrado donde siempre ganan los mismos.
El Gobierno todavía está a tiempo de actuar. Todavía puede recuperar la iniciativa en un terreno donde claramente empezó a perderla frente a la sociedad.Pero para eso necesita algo más que discursos anticasta en televisión. Necesita demostrar que la moral no era marketing electoral. Y que nadie, ni siquiera Tapia, está por encima de la ley
NdR: Los editoriales de Carlos MIra se reiniciaran el lunes 1/6. Mientras tanto FMGN Press, con Carlos y Ariel Ferrero estará cubriendo la Convención anual de IPW en Ft Lauderdale para sus medios The Post y SunnyNews. Las demás secciones del diario se actualizaran regularmente.


Una vieja anécdota, nos cuenta que el Generalísimo Franco tenía dos bandejas en su escritorio, en donde colocaba los numerosos expedientes que ingresaban a su despacho, una decía «COSAS QUE EL TIEMPO RESOLVERÁ» y otra cuyo rótulo era «COSAS QUE EL TIEMPO RESOLVIÓ». Esto se aplica a la justicia desde que tengo uso de razón.
Lo que sucede con la causa Tapia / Toviggino y el discurso sobre moral quedarán, junto con el caso $Libra y Adorni en esa misma secuencia.