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Milei ante su semana clave: Wall Street, la inflación y el riesgo global que amenaza el plan económico

Patricia Arencibia, The Post, Política

El gobierno de Javier Milei atraviesa uno de esos momentos en los que la política y la economía se superponen de manera casi perfecta. Mientras el Presidente busca consolidar su programa económico frente a los inversores globales en la llamada “Argentina Week” en Nueva York, en Buenos Aires la atención está puesta en dos variables decisivas: el próximo dato de inflación y el impacto que puede tener el escenario internacional marcado por la escalada bélica en Medio Oriente.

La estrategia oficial parece clara: aprovechar el momento financiero relativamente favorable para consolidar el relato de estabilización económica. Pero, al mismo tiempo, el Gobierno sabe que su programa sigue dependiendo de variables extremadamente sensibles.

La “Argentina Week”, que reúne en Manhattan a banqueros, fondos de inversión y empresarios globales, fue concebida como una vidriera internacional del nuevo rumbo económico argentino. Allí Milei presentó los logros que considera centrales de su gestión: la reducción del déficit fiscal, la desaceleración de la inflación y el giro promercado de la economía. El evento convoca a más de 300 líderes empresariales y busca atraer inversiones en sectores estratégicos como energía, minería, agroindustria y tecnología.

En ese contexto, el respaldo de figuras de Wall Street —como el CEO de JP Morgan— alimentó el optimismo oficial respecto del rumbo económico. Pero el entusiasmo externo convive con una realidad doméstica mucho más compleja: la economía todavía arrastra una fuerte caída del consumo interno y un clima social marcado por el ajuste.

El gobierno apuesta a que el principal indicador que puede consolidar su narrativa es la inflación. Desde el inicio de la gestión, el programa de “shock” fiscal y monetario logró reducir drásticamente la inflación mensual desde niveles superiores al 20% a cifras de un dígito bajo en poco más de un año.

Sin embargo, el dato de marzo se transformó en una prueba clave. Economistas ya anticipan que podría ubicarse cerca del 3%, presionado por el aumento internacional del petróleo y otros costos energéticos. Para el equipo económico de Luis Caputo el desafío es simbólico: que el índice vuelva a comenzar con “2”.

Ese número no es sólo una cuestión estadística. Es la pieza central de la narrativa política del Gobierno. Milei ha construido su capital político alrededor de la idea de haber logrado lo que ningún otro gobierno reciente pudo: frenar la inflación argentina. Si ese proceso se desacelera o se estanca, el impacto político podría ser inmediato.

El factor más incierto, sin embargo, proviene del exterior. La escalada bélica en Medio Oriente —con tensiones que involucran a Irán— introduce un elemento geopolítico que el gobierno argentino no controla. El aumento del precio del petróleo ya empezó a sentirse en los mercados internacionales y amenaza con trasladarse a los costos locales.

Curiosamente, en la Casa Rosada intentan presentar ese escenario como una oportunidad. Milei sostuvo que el conflicto podría tener incluso un “impacto favorable” para la Argentina debido al aumento del valor de los recursos energéticos y a la creciente relevancia de Vaca Muerta en el mapa energético global.

La lógica detrás de ese argumento es clara: en un mundo con energía más cara, los países con recursos abundantes ganan relevancia estratégica. Pero esa apuesta tiene una contracara inmediata: combustibles más caros significan presión inflacionaria en el corto plazo.

En paralelo, el frente financiero también muestra sus propias tensiones. Aunque el Gobierno confía en que el boom exportador y las inversiones en energía generarán una abundancia de dólares, el calendario de vencimientos de deuda sigue siendo exigente y obliga a mantener el acceso a los mercados internacionales.

Por eso la escena de Milei hablando ante ejecutivos en Manhattan tiene un significado que va más allá de lo simbólico. Argentina necesita credibilidad externa para financiar su transición económica. Y esa credibilidad depende, en gran medida, de que el programa antiinflacionario continúe mostrando resultados.

En definitiva, el experimento económico libertario atraviesa una etapa delicada. El Gobierno logró estabilizar variables que parecían fuera de control, pero todavía no consolidó un nuevo equilibrio económico.

Entre la expectativa por el próximo dato de inflación, la búsqueda de inversiones en Wall Street y las incertidumbres de la geopolítica global, el futuro inmediato de la economía argentina sigue dependiendo de un delicado equilibrio. Y en ese equilibrio —como tantas veces en la historia del país— un número mensual puede definir mucho más que una estadística.

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