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La robótica gana terreno en los quirófanos: ya se utiliza en Argentina para cirugías de cadera y rodilla

Belén Grazziani, The Post, Salud

La incorporación de tecnología robótica a la medicina dejó de ser una promesa futurista y se convirtió en una práctica concreta en los quirófanos. En Argentina, la traumatología comenzó a sumar herramientas de asistencia robótica que permiten intervenciones más precisas, menos invasivas y con mejores tiempos de recuperación, especialmente en reemplazos articulares de cadera y rodilla.

Tras el camino abierto por plataformas quirúrgicas enfocadas en procedimientos cardiovasculares y abdominales, el sistema Mako SmartRobotics se posiciona como una de las principales innovaciones en cirugía ortopédica. Se trata de un brazo robótico que no reemplaza al médico, sino que lo asiste durante la operación y guía cada movimiento a partir de una planificación previa basada en imágenes y datos específicos del paciente.

El objetivo es reducir el trauma quirúrgico, minimizar el sangrado y acelerar la recuperación funcional. Según especialistas, el aumento de la expectativa de vida y la práctica de deportes de alto impacto explican la creciente demanda de cirugías de rodilla y reemplazos de cadera. “Hoy no se busca solo aliviar el dolor, sino devolver movilidad y calidad de vida”, explica el traumatólogo Andrés Ananía, referente local en cirugía asistida por robots.

El valor diferencial de esta tecnología está en la exactitud. El sistema permite realizar incisiones más pequeñas y precisas, respetando músculos, tendones y ligamentos, lo que se traduce en menos agresión al cuerpo y una rehabilitación más rápida. Además, cuenta con barreras de seguridad que impiden desviarse del plan quirúrgico definido previamente.

Uno de los beneficios menos visibles, pero centrales, es la mejora de la propiocepción: al utilizar implantes personalizados y colocarlos con una alineación exacta, el paciente recupera mejor la percepción del movimiento y la posición de la articulación, algo clave para el equilibrio y la prevención de futuras lesiones.

El proceso comienza incluso antes de la operación. A partir de una tomografía, se genera un modelo tridimensional de la anatomía del paciente. Con esa reconstrucción digital, el equipo médico define con precisión milimétrica el tamaño, la orientación y la ubicación del implante, respetando la biomecánica individual. Este nivel de personalización, sostienen los especialistas, puede reducir el desgaste y extender la vida útil de la prótesis por más de 30 años.

Desde su introducción global en traumatología en 2016, ya se realizaron más de dos millones de procedimientos con esta tecnología en distintos países. Cada intervención, además, aporta información que alimenta la base de datos del sistema y mejora los resultados futuros.

En el país, el robot ya funciona en instituciones médicas y forma parte de un ecosistema que incluye la preparación clínica previa y la rehabilitación postquirúrgica. “La cirugía es solo una parte del proceso. También trabajamos en la preparación del paciente y en la recuperación kinesiológica posterior, además de la educación médica durante todo el tratamiento”, detalla Ananía.

En cuanto a los costos, varían según cada caso, ya que se trata de procedimientos altamente personalizados y que requieren formación específica por parte del cirujano. Sin embargo, los especialistas anticipan que, a medida que la práctica se expanda, los sistemas de salud y las coberturas médicas comenzarán a incorporarla de manera más sistemática.

Actualmente, apenas un 10% de las cirugías ortopédicas en el mundo se realizan con asistencia robótica. La proyección, coinciden los expertos, es que en los próximos años esa cifra crezca de manera exponencial y supere el 90%, en línea con una medicina cada vez más precisa, personalizada y orientada a resultados.

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