
Patricia Arencibia, The Post, US Correspondent
MIAMI, Fl, Ene, 30.- En el corazón del sur de Florida, donde la diáspora cubana es una de las más influyentes de Estados Unidos, la reciente advertencia de Donald Trump contra el régimen de Cuba y los países que suministren petróleo a la isla encendió de nuevo el debate político y social entre miles de familias con raíces en la isla.
El exmandatario estadounidense, líder destacado del Partido Republicano, firmó una orden ejecutiva que faculta a imponer aranceles y sanciones económicas a aquellas naciones que continúen enviando petróleo a La Habana, con el objetivo declarado de “asfixiar económicamente” al gobierno cubano y acelerar su colapso. Trump afirmó que el régimen está en una “posición insostenible” y que “quienes todavía apoyan energéticamente a Cuba deben reconsiderar su postura antes de que sea demasiado tarde”.
Este mensaje, que mezcla dureza diplomática con un llamado a la comunidad internacional para que no sostenga al gobierno cubano, ha sido recibido con distintas lecturas dentro de Miami —donde vive una parte significativa de la comunidad cubanoamericana.
Una comunidad numerosa y politizada
La comunidad cubanoamericana es una de las más numerosas en el estado de Florida, y particularmente en el condado de Miami-Dade, donde más de 1,2 millones de residentes tienen ascendencia cubana y forman una parte destacada de la identidad local. En todo Estados Unidos, casi 3 millones de personas se identifican como de origen cubano, con la mayor concentración en el área metropolitana de Miami.
En barrios como Pequeña Habana, emblemático enclave cultural cubano, y otros sectores cerca de la Calle Ocho, la política hacia Cuba es un tema que se discute con frecuencia, no solo como política exterior sino como asunto que toca directamente las experiencias personales de migración, nostalgia, memoria histórica y expectativas de retorno o cambio en su país de origen.
Reacciones encontradas, pero fuerte apoyo al endurecimiento
Tras las declaraciones de Trump, varios cubanoamericanos que conversaron con medios locales y transeúntes en Little Havana expresaron sentimientos mayoritariamente favorables hacia la postura firme contra el régimen cubano. Para muchos, la idea de presionar económicamente a La Habana es un paso necesario para poner fin a décadas de autoritarismo y escasez en la isla. “Si eso ayuda a derribar el régimen de una vez, bienvenido sea”, dijo uno de los entrevistados en la zona, donde históricamente se concentran marchas y vigilias anticastristas.
Otros, sin embargo, advierten sobre los costos humanitarios de medidas que pueden traducirse en mayores penurias para la población civil cubana. En redes sociales y foros de debate, cubanoamericanos más jóvenes o con vínculos recientes explican que temen que medidas tan duras puedan agravar aún más la crisis de abastecimiento y energía en Cuba, que ya enfrenta apagones, escasez de combustible y una economía fracturada.
Además, dentro de la comunidad existe una división generacional y política: mientras sectores más conservadores ven a Trump como un aliado histórico en la lucha contra el comunismo de la isla, otros cubanoamericanos plantean que las políticas migratorias restrictivas impulsadas por la administración han afectado a sus propias familias, con cancelaciones de programas humanitarios y rechazo de visas familiares, lo que ha generado críticas incluso desde representantes cubanoamericanas del propio Partido Republicano.
Expectativas y miedos: ¿liberación o más conflicto?
En Miami, muchos cubanoamericanos consideran que un eventual colapso del régimen podría abrir una nueva etapa para la isla, pero admiten que aún no está claro qué modelo de transición vendría después ni cómo se repartirían los costos políticos y sociales. Algunos señalan que una Cuba sin el modelo socialista actual podría atraer inversiones y turismo nuevamente, mientras que otros advierten que sin un plan de transición democrático concreto, la crisis podría profundizarse.
“La gente que está aquí desde hace décadas quiere ver cambios reales para sus familiares allá —no solo confrontación simbólica—, pero también cree que hay que aprovechar cualquier oportunidad para debilitar al régimen”, explicó un activista local con décadas de experiencia en organizaciones de exiliados.
Con Florida nuevamente en el centro de debates electorales y la comunidad cubanoamericana como un bloque clave en disputas políticas, las reacciones a las amenazas de Trump reflejan una mezcla compleja de esperanza, frustración, tensión interna y un deseo profundo de que Cuba encuentre un futuro diferente al presente de crisis y estancamiento.
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