
Luis Pedro Lopez Bosch, The Post Corresponsal en Europa
Una colisión frontal entre dos trenes de alta velocidad sacudió la noche del domingo al sur de España y dejó un saldo provisorio de al menos 40 muertos y más de 150 heridos. El siniestro ocurrió a la altura de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, cuando una formación de la compañía privada Iryo que cubría el trayecto Málaga–Madrid descarriló y terminó impactando violentamente contra otro tren de la empresa estatal Renfe que circulaba en sentido contrario rumbo a Huelva.
El choque se produjo a una velocidad cercana a los 200 kilómetros por hora y tuvo consecuencias devastadoras. Tras salirse de la vía, el tren de Iryo invadió el carril opuesto y colisionó de frente con la otra formación. Ambos convoyes descarrilaron y quedaron completamente destruidos. En total, 484 personas se vieron involucradas en el accidente.
Las autoridades confirmaron que entre las víctimas fatales se encuentra el maquinista de uno de los trenes, un joven de 27 años. Además, 152 personas resultaron heridas, de las cuales al menos 43 permanecen internadas. Doce de ellas se encuentran en unidades de cuidados intensivos en hospitales de Córdoba capital, nueve en estado crítico. Entre los hospitalizados hay cinco menores de edad, uno de ellos en terapia intensiva, según informó el servicio de emergencias de Andalucía.
El operativo de rescate fue inmediato y de gran magnitud. Al lugar acudieron ambulancias de soporte vital avanzado, unidades para traslado de pacientes críticos, móviles de Cruz Roja y equipos de bomberos. Las imágenes registradas durante la madrugada mostraban a rescatistas trepando por escaleras para ingresar a los vagones deformados y evacuar a los pasajeros atrapados. Muchos debieron ser retirados a través de las ventanas debido al colapso de las estructuras.
El presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, describió el estado de los trenes como “absolutamente devastado”. Señaló que los dos primeros vagones de una de las formaciones quedaron “completamente desintegrados”, lo que dificultó las tareas de rescate y recuperación de cuerpos. En la misma línea, el jefe del cuerpo de bomberos de la zona calificó la escena como “dantesca”, con hierros retorcidos, asientos arrancados y personas atrapadas entre los restos. “Tuvimos que retirar cuerpos sin vida para poder llegar a quienes aún estaban con vida”, relató.
Los sobrevivientes coincidieron en describir el impacto como una sacudida brutal. Algunos hablaron de una sensación similar a un terremoto, seguida de gritos, oscuridad y caos. Varios pasajeros relataron que pensaron que el tren se desintegraba por completo tras el choque.
Las causas del accidente aún están bajo investigación. El ministro de Transporte, Óscar Puente, aseguró que se trata de un hecho “extraordinariamente inusual”, ya que ocurrió en un tramo recto y en una vía recientemente renovada. Según explicó, el tren siniestrado tenía menos de cuatro años de antigüedad y el tramo había sido modernizado con una inversión superior a los 700 millones de euros, con obras finalizadas en mayo pasado. Además, la empresa operadora informó que la formación había superado una revisión técnica el 15 de enero.
En paralelo, fuentes vinculadas a la investigación señalaron que los peritos detectaron una falla en una de las juntas del riel, conocida como placa de unión. Ese punto presentaba un desgaste previo que habría generado una separación progresiva entre los rieles. Según los primeros indicios, el defecto habría provocado el descarrilamiento del último vagón, que luego arrastró a los restantes.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, viajó este lunes a Córdoba para seguir de cerca la situación y expresó su compromiso de esclarecer lo ocurrido. “Vamos a llegar hasta el fondo para conocer la verdad con total transparencia”, afirmó. Además, decretó tres días de duelo nacional en homenaje a las víctimas.
Mientras continúan las tareas de peritaje y asistencia a los heridos, España permanece conmocionada por una de las peores tragedias ferroviarias de los últimos años, que vuelve a poner en el centro del debate la seguridad del sistema de alta velocidad europeo.
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