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La Sociedad Argentina de Pediatría alerta sobre los efectos del humoen la salud infantil y en los grupos vulnerables

Carlos Mira, The Post

En los últimos días, la región patagónica ha sido testigo de uno de los incendios forestales más devastadores en años recientes, con focos activos en localidades como Epuyén y el Parque Nacional Los Alerces. Estos eventos, cada vez más frecuentes, revelan una realidad inquietante: el humo de los incendios forestales representa una amenaza seria para la salud pública, especialmente para la infancia, un sector de la población que se encuentra en una mayor vulnerabilidad ante la contaminación ambiental.

La gravedad de la situación radica en el hecho de que, a diferencia de otras fuentes de contaminación del aire, el humo de los incendios no se disipa con rapidez. Puede recorrer cientos de kilómetros desde su origen, afectando áreas pobladas que se encuentran lejos del lugar del incendio.

En este contexto alarmante, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) ha emitido una alerta sobre los peligros que conlleva la exposición al humo. Este tipo de humo contiene una mezcla compleja de gases tóxicos y partículas microscópicas, resultado de la combustión de vegetación y de materiales como plásticos y textiles, presentes en las zonas afectadas. Entre los contaminantes más peligrosos se destacan las partículas PM2.5, que son tan pequeñas que logran penetrar en el sistema respiratorio e incluso llegar al torrente sanguíneo.

La Dra. Marisa Gaioli, médica pediatra del Comité de Salud Infantil y Ambiente de la SAP, explica que “estas partículas pueden generar una respuesta inflamatoria significativa en las vías respiratorias, agravando condiciones como el asma, la bronquitis o la EPOC. En personas sanas, pueden causar tos, dificultad para respirar y dolores de cabeza. Los niños son particularmente susceptibles a estos efectos debido a que su sistema respiratorio está en desarrollo y consumen más aire en proporción a su peso que los adultos.”

Por su parte, la Dra. Anahí Krüger, médica neumonóloga pediatra y miembro del Comité de Neumonología de la SAP, añade que “las partículas PM2.5 no son visibles a simple vista, pero pueden alojarse en los pulmones y atravesar las barreras celulares, afectando también al sistema cardiovascular. El cuerpo reacciona como si estuviera atacado, activando respuestas inmunológicas que pueden resultar severas en personas con condiciones preexistentes.”

Aunque el humo afecta a toda la población, hay grupos particularmente en riesgo, como los niños menores de cinco años, los ancianos, las mujeres embarazadas y aquellos con enfermedades respiratorias o cardíacas.

Los síntomas más comunes asociados a la exposición al humo incluyen tos persistente, irritación ocular y nasal, dolor de garganta, broncoobstrucción y crisis asmáticas. En casos severos, puede desencadenar insuficiencia respiratoria y agravar enfermedades crónicas, incluso con desenlaces fatales.

Además de los efectos inmediatos sobre la salud, los incendios tienen repercusiones indirectas que complican aún más la situación: la interrupción de servicios médicos, el desplazamiento forzado de comunidades y el incremento del estrés y la ansiedad en la población afectada son solo algunas de las consecuencias a las que se enfrentan los sobrevivientes.

Los expertos hacen hincapié en la necesidad de contar con planes de prevención y respuesta efectiva ante estos eventos. “El impacto emocional que pueden generar en los niños es significativo. El estrés y la alteración de la rutina pueden dejar huellas en su bienestar emocional”, señala la Dra. Gaioli.

Frente a esta crisis ambiental, las recomendaciones son claras: se debe limitar la exposición al humo, especialmente en niños. Esto incluye permanecer en interiores, evitar actividades al aire libre y utilizar aire acondicionado con recirculación de aire. Si es necesario salir, se aconseja el uso de mascarillas N95 o P100, ya que las comunes no brindan suficiente protección.

Los incendios forestales deben ser considerados una manifestación más de la crisis climática global. El cambio en los patrones de precipitaciones, el aumento de temperaturas y la deforestación son factores que intensifican estos episodios. “Como sociedad, debemos comprometernos a preservar el medio ambiente. La salud de nuestros niños depende del aire que respiran”, concluye la Dra. Krüger.

La Sociedad Argentina de Pediatría hace un llamado urgente: el humo de los incendios es más que una incomodidad temporal; es un riesgo real para la salud. Minimizar la exposición, adoptar medidas de protección y cuidar a los grupos vulnerables son pasos cruciales para mitigar su impacto.

Por Carlos Mira
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