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Trump redobla la apuesta sobre Venezuela: burlas a Maduro, guiños a El Helicoide y un plan de poder todavía difuso

Patricia Arencibia, The Post, US Correspondent (*)

Miami, Ene 7, 2026.- Desde Washington, pero con eco en todo el continente, Donald Trump volvió a salir a la cancha con declaraciones de alto voltaje. En un encuentro con legisladores republicanos en el Kennedy Center, el presidente mezcló anuncios de peso, chicanas personales y una dosis de ironía marca registrada para referirse a Venezuela y al destino de Nicolás Maduro. El libreto fue más de show que de conferencia: mucho golpe de efecto, pocas precisiones tácticas.

Trump arrancó con tono burlón. Se rió de las últimas apariciones públicas de Maduro y hasta se permitió una cargada futbolera: “Se sube ahí y trata de imitar mi baile”, lanzó, como si hablara de un rival que copia festejos. Acto seguido, soltó una bomba sin desarrollo: aseguró que “están cerrando” El Helicoide, el edificio-símbolo del aparato represivo venezolano, aunque sin aclarar quién toma la decisión ni bajo qué reglas de juego.

“Tienen una cámara de tortura en pleno centro de Caracas que están cerrando”, remató, otra vez sin dar tiempos ni explicar el alcance real. El Helicoide —pensado en origen como shopping y centro de exposiciones— terminó convertido en la base del SEBIN y en una de las cárceles más temidas del país. Organismos como la Organización de los Estados Americanos, Human Rights Watch y Amnistía Internacional denunciaron allí detenciones arbitrarias y torturas. Trump lo mencionó de pasada, como quien nombra el estadio pero no explica el partido.

En paralelo, el mandatario se ocupó de contestar a la oposición interna. Desestimó las críticas demócratas por la captura de Maduro y recordó que Joe Biden también había pedido su arresto por narcotráfico. “En algún momento deberían decir ‘buen trabajo’”, reclamó, pidiendo aplauso de tribuna. Reforzó, además, la idea de que hay consenso bipartidista en Washington sobre la ilegitimidad del poder en Caracas.

El discurso tuvo también su segmento de stand-up internacional. Trump imitó al presidente francés Emmanuel Macron, exagerando un diálogo ficticio sobre medicamentos y tarifas. Fue show puro, para consumo interno, mientras el tema venezolano seguía sin libreto claro.

Estrategia difusa, mando concentrado

Puertas adentro, la señal que baja desde la Casa Blanca es ambigua. Las declaraciones cruzadas de Trump y del secretario de Estado Marco Rubio dejan la sensación de un equipo que dice tener la pelota, pero no termina de definir el esquema. ¿Estados Unidos gobierna Venezuela o solo la condiciona desde afuera? La respuesta cambia según quién hable.

En una entrevista con NBC News, Trump aseguró que Washington “no está en guerra” con Caracas, aunque dejó abierta la puerta a una presencia prolongada. Enumeró a los nombres fuertes del vestuario: Rubio, el jefe del Pentágono Pete Hegseth, el asesor Stephen Miller y el vicepresidente JD Vance. Cuando le preguntaron quién manda, fue directo al arco: “Yo”.

Después, Miller salió a ordenar el relato y dijo que Rubio liderará las reformas económicas y políticas, con una supuesta cooperación “plena y total” del gobierno venezolano. Una frase que sonó a resultado puesto, pero sin acta oficial.

Sin elecciones y con sanciones como presión

Trump descartó elecciones en el corto plazo. “Primero hay que arreglar el país”, explicó, como técnico que posterga el debut hasta poner el equipo en forma. Rubio, en tanto, marcó que las sanciones —sobre todo en petróleo y contra bandas criminales— seguirán siendo la principal herramienta para condicionar a los eventuales herederos del poder en Caracas.

Sin embargo, una sesión informativa a última hora del lunes ante legisladores no despejó dudas. Ni plazos, ni límites claros del involucramiento estadounidense. Entre los demócratas crece la preocupación de que Trump esté abriendo una nueva etapa de expansión sin pasar por el Congreso ni presentar un plan integral.

El presidente de la Cámara baja, Mike Johnson, intentó bajar un cambio: dijo que no espera tropas en suelo venezolano y negó que se trate de un operativo de “cambio de régimen”. Del otro lado, la oposición salió del briefing con la sensación de que el partido recién empieza… y sin saber todavía cuál es la formación.

Mientras tanto, desde Miami —donde cada movimiento regional se sigue como clásico de domingo— la lectura es clara: Trump domina la escena, maneja el micrófono y marca el ritmo, pero Venezuela sigue siendo un partido sin planilla oficial. Mucho ruido, mucha tribuna, y un final todavía abierto.

(*) La presente columna responde a información de las agencias ANSA y AP

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