
Nacho Urkía, The Post, Deportes
En Núñez ya se juega un partido que no figura en el fixture, pero que promete ser largo, tenso y con final abierto. Sebastián Villa volvió a aparecer en el radar de River y su nombre empezó a circular con fuerza en los pasillos del Monumental como una de las posibles apuestas fuertes para el ataque de cara a la temporada 2026. La señal la bajó Marcelo Gallardo, que levantó la mano y marcó al colombiano como un futbolista capaz de darle vértigo, desequilibrio y carácter a un equipo que siempre exige variantes por afuera.
El Muñeco, que nunca esquivó decisiones complejas, entiende que Villa encaja en el molde de extremo explosivo que puede romper partidos cerrados, especialmente en escenarios de Copa. Lo ve como un recurso distinto, de esos que obligan a retroceder defensas y cambian el ritmo del juego en pocos metros. El problema es que el fútbol no se juega solo dentro de la cancha, y ahí es donde la historia empieza a complicarse.
A los 29 años, Villa atraviesa un punto bisagra de su carrera. Su ciclo en Independiente Rivadavia está prácticamente terminado, luego de una etapa que ya quedó grabada en la historia del club mendocino con la conquista de la Copa Argentina, un logro que lo convirtió en una figura decisiva y lo volvió a poner en la vidriera grande del mercado local. Su salida de la Lepra es un hecho, pero no a cualquier precio.
Desde Mendoza avisan que no hay intención de soltarlo fácilmente. La cotización que se maneja —entre 10 y 12 millones de dólares— aparece hoy como el primer escollo serio para River. Una cifra pesada incluso para un club acostumbrado a moverse en montos importantes, y que obliga a hacer cuentas finas en un contexto donde cada inversión es analizada con lupa.
Pero el dinero no es el único frente abierto. El nombre de Villa divide aguas. Su pasado en Boca, donde fue protagonista de clásicos calientes y duelos decisivos, todavía genera ruido en parte del mundo riverplatense. A eso se le suma un historial judicial que no pasa desapercibido: el colombiano tiene una condena por violencia de género, un antecedente que transforma cualquier negociación en una discusión que excede lo futbolístico.
En ese escenario aparece la postura de la dirigencia. Stefano Di Carlo, presidente de River, no termina de comprar la idea. Puertas adentro, el mensaje es claro: no sólo preocupa el monto que exige Independiente Rivadavia, sino también el impacto institucional y político que podría tener la llegada de un jugador con ese perfil. Hoy, en el club no parece haber consenso para avanzar con una operación de ese calibre, ni en términos económicos ni simbólicos.
Así, el caso Villa se juega como esos partidos trabados, donde el técnico pide un cambio audaz y la dirigencia mira el reloj, el resultado y el contexto. Gallardo ya dejó en claro lo que piensa desde lo futbolístico. Ahora, el resto de las variables —plata, historia, clima interno y opinión pública— definirán si el extremo colombiano termina cruzando el túnel del Monumental o si su nombre queda, otra vez, como una ilusión que no llegó a entrar a la cancha.
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