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Maduro capturado. Preguntas por responder

Patricia Arencibia, The Post, US Correspondent

Miami, Fl, Ene 4, 2026.- Las horas posteriores a la captura de Nicolás Maduro tuvieron más de guion cinematográfico que de protocolo diplomático. Mientras en Caracas se acumulaban versiones cruzadas, silencios oficiales y una tensión que se respiraba incluso a la distancia, en el sur de la Florida la escena fue otra: cámaras encendidas, frases medidas y un Donald Trump que volvió a colocarse en el centro del tablero internacional con la naturalidad de quien disfruta el rol.

La conferencia de prensa del presidente estadounidense, realizada pocas horas después del operativo, no fue un mero anuncio judicial. Trump habló largo, mezcló detalles operativos con reflexiones personales y dejó definiciones que sacudieron tanto a la dirigencia opositora venezolana como a la numerosa diáspora que sigue cada gesto desde Miami, Doral o Weston. Según el mandatario, antes de ordenar la fase final del operativo existió un contacto directo con Maduro. “Le dimos una oportunidad”, dijo, en referencia a una salida negociada que —según su versión— fue rechazada por el líder chavista.

Ese dato, confirmado sin demasiados matices, abrió inmediatamente la puerta a las especulaciones. Trump no detalló los términos de esa eventual negociación, pero sí dejó en claro que, a su entender, el camino diplomático había sido explorado antes de recurrir a la fuerza. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense marcó distancia con una parte de la oposición venezolana. En una frase que resonó con fuerza, afirmó que María Corina Machado “no está capacitada para dirigir el país en este momento”, una definición que cayó como un balde de agua fría entre quienes la consideran la principal figura civil del antichavismo.

Más contundente aún fue su visión sobre el futuro inmediato del país. Trump sostuvo que Estados Unidos “will run the country until a calm and judicious transition takes place”, una afirmación que, aunque pronunciada con tono pragmático, implica una tutela directa sobre el proceso de reorganización política y económica venezolano. No habló de plazos ni de formatos institucionales, pero dejó la sensación de que Washington no piensa limitarse a un rol de espectador.

En ese marco, volvió a emerger una sospecha que circula con fuerza en ámbitos diplomáticos y empresariales: la posibilidad de un entendimiento tácito —o algo más— entre la Casa Blanca y Delcy Rodríguez. Trump no la mencionó de manera explícita, pero evitó cuidadosamente referirse a su situación judicial y política, alimentando versiones sobre un eventual acuerdo de gobernabilidad que permita sostener una transición sin colapso administrativo.

El componente económico ocupó un lugar central en su discurso. Trump fue explícito al señalar que Estados Unidos quiere que las empresas norteamericanas a las que “les robaron su propiedad” en instalaciones petroleras recuperen esos activos, vuelvan a invertir y se conviertan en un motor de la reconstrucción del país. En esa frase quedó claro que, para Washington, la estabilización de Venezuela no es solo una cuestión de derechos humanos o democracia, sino también de negocios estratégicos y energía.

Fiel a su estilo, el presidente no dejó pasar la oportunidad de autopromocionarse. “Soy un gran negociador”, dijo, casi como un eslogan, antes de rematar con una reflexión que sonó a resumen filosófico de su carrera: “la vida, después de todo, es una gran negociación”. Para sus seguidores, fue una muestra de liderazgo; para sus críticos, una simplificación peligrosa de un conflicto complejo y profundamente doloroso.

Con el correr de las horas, la euforia inicial en algunos sectores del exilio venezolano empezó a mezclarse con una pregunta incómoda. ¿Lo ocurrido fue una maniobra decisiva para encaminar al país hacia la libertad y el fin del chavismo, o simplemente un operativo policial exitoso para capturar a un prófugo de la justicia estadounidense? La duda atraviesa sobremesas, grupos de WhatsApp y charlas de café en Miami. Y, por ahora, no tiene una respuesta clara.

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