¿Y la seguridad?

Un tema que en el maremoto político y económico en el que vive la Argentina está pasando desapercibido ya desde hace bastante tiempo es la cuestión de la seguridad.

Hace ya bastantes años que la angustia insoportable por la inseguridad que llegó a vivirse a diario durante el primer kirchnerato dejó de percibirse. Por supuesto que la Argentina no es la panacea, pero ese desasosiego insufrible que llegó a imperar en las calles, hace rato que disminuyó.

Es más, las tasas oficiales de robos, homicidios y secuestros ha caído ostensiblemente. Ese es el resultado de un trabajo y de una concepción que, en materia de seguridad, ha tenido el gobierno de Cambiemos y en especial la ministra Bullrich con el apoyo explícito del presidente Macri.

Este es otro de los terrenos en el que se avecina un cambio dramático. En las primeras semanas, luego de la elección, comenzó a circular el nombre de Diego Gorgal como posible ministro o encargado del área en un gabinete de Alberto Fernández.

Pero como en EL Zorro, el Capitán Monasterio (en este caso la “capitana”) le vetó las intenciones al Cabo Reyes. Siguiendo solo el sendero del rencor y de la furia vengativa, Cristina Fernández no aprobó al especialista proveniente de las filas de Massa, simplemente porque Massa le truncó las veleidades de la Cristina eterna con su triunfo en 2013 y Su Alteza del Calafate no está dispuesta a olvidar.

Además Gorgal, como Massa, pueden tener diferencias con el criterio “Bullrich” pero comparten la concepción racional de que el delincuente es el delincuente y la víctima es la víctima.

Esa filosofía también está por cambiar en la Argentina. Aquí regresan los tiempos en que los delincuentes en realidad son “ajustadores sociales” que, por la vía del delito, vienen a emparejar los tantos que el capitalismo gorila impone sobre los desposeídos.

Como Víctor Hugo Morales acaba de afirmar en el prólogo del libro del ladrón uruguayo Luis Vitette Sellanes “cuando (se) roba a los ricos, alguien puede pensar que al fin de cuentas es un pequeño impuesto que paga aquel que se sirve de un sistema que estafa a millones… Al capitalismo se lo enfrenta como se puede, solo hay que ver a qué se anima cada víctima».

Por supuesto, Morales entiende por “víctima” a los que según él “sufren” el capitalismo y entonces salen a robarles a “los ricos”. Esta es la filosofía que viene, señores.

Esta concepción de la hijaputez, por supuesto que es también funcional y compatible con el líquido verde de la venganza que sube y baja por la tráquea de Su Alteza y ella no dejará de aprovecharlo a su favor en la única y enardecida tarea que la ocupa: hacérsela parir a quienes ella cree que la desalojaron del trono.

Las calles volverán a estar gobernadas por los delincuentes; por los que, según Morales, “enfrentan al capitalismo como pueden”. La policía volverá a estar vigilada, ninguneada y perseguida. Ninguno de sus oficiales estará respaldado cuando se trate de intervenir en la defensa de las víctimas.

Quienes votaron el 27 de octubre probablemente no hayan percibido estas menudencias. Ojalá nadie les toque lo que les pertenece. Pero lo que sí está claro es que ese voto ayudó a encaramar nuevamente a una tendencia que trastoca el sentido común de la convivencia y nos quiere convencer de que el mal está bien y que el bien está mal.

Esta concepción es también compatible con la reivindicación de la guerrilla setentista que hace poco hizo el payaso de Horacio González. Esa era otra forma de “enfrentar” al capitalismo y por lo tanto se debe comenzar un camino de re-santificación de ese accionar que no es de ninguna manera una forma de “delincuencia” sino una manifestación de las “luchas populares”.

Muchos de ustedes seguramente pensarán que soy un exagerado. Ojalá tengan razón. Pero todo lo que ha sucedido desde que el Cabo Reyes ganó las elecciones son hechos que reafirman que Capitán (Capitana) Monasterio hay uno solo y se llama Cristina Fernández.

La verdadera tristeza que se esconde detrás de todo esto es que, en su caso personal, ni siquiera hay una formación intelectual en la que se apoye todo este despropósito. Ella no es Horacio González (que podrá ser un ridículo pero cree en las ridiculeces que dice) o un Eugenio Zaffaroni (que podrá ser un delirante pero tiñe de academia los delirios que esparce). Ella es simplemente un ser lleno de odio y de resentimiento por problemas no resueltos de su infancia o de su adolescencia -no lo sé- y que está dispuesta a emprenderla de mil maneras contra todo lo que ella define como estereotipo de los que aborrece.

Se carga encima todo los que esos estereotipos producen -desde la ropa, hasta las joyas y ciertos giros impostados- pero genera, contra esa gente, una corriente de furia en todos aquellos que encuentran en su discurso una excusa para justificarse.

Por supuesto que es mucho más fácil (y honorable) culpar al capitalismo que admitirse delincuente. A ese bondi hay muchos que quieren subirse.

Pues bien muchachos, sepamos que ya hay muchos boletos emitidos a favor de esos pasajeros. Dentro de poco los tendremos en las calles… “Enfrentando al capitalismo como puedan”.