Macri en IDEA

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La comunidad empresaria se reunirá en Mar del Plata en otra edición del llamado “Coloquio de IDEA”. Allí se espera la inauguración a cargo del Presidente y el cierre por la Gobernadora Vidal. Hace mucho tiempo que esta reunión no es visitada por los presidentes. Obviamente durante todo el kirchnerismo tanto Nestor como Fernández se abstuvieron de “contaminarse” con los hombres de negocios. Quizás se haya debido a que, el tiempo que deberían haberle dedicado, los hubiera distraído de hacer sus propios negocios con el dinero de todos.

Fue Fernando de la Rúa el último presidente en asistir en 2001 y al poco tiempo de su presencia en Mar del Plata, el radical salía en helicóptero desde los techos de la Casa Rosada para ya no regresar.

El “Coloquio” se ha ido convirtiendo con el tiempo más en un chusmerío que en una reunión seria. Pretende tener el boato de una Convención importante, pero el figuterismo argentino lo arruina todo. Hay mucha gente que asiste solo para ver y ser vista pero no tiene una sola idea clara respecto de cómo podrían hacerse mejor las cosas.

Se traen figuras importantes del exterior y se dan ejemplos comparativos con la Argentina pero luego todo termina chocando con la medianía de un país demasiado acostumbrado al peso del Estado.

¿Se animará el presidente a decirles a los empresarios que el Estado se retirará de las funciones de protección a las que el asistencialismo los acostumbró? ¿Se animarán los empresarios a llevar a la práctica lo que dicen con palabras y a lo que sugieren trayendo a personajes del exterior que declaran ideales que luego ellos no imitan? ¿O será esta una nueva ronda de “pasillos” en donde si no estás “no existis”, pero si estas no agregas nada?

Resulta francamente difícil encontrar un solo caso en donde algo que se haya dicho u ocurrido en el Coloquio de IDEA haya servido para mejorar la condición social de los argentinos. Quienes van allí lo hacen para que no se note su ausencia más que para sumar algo con su presencia.

Hace ya muchos años cuando Kirchner era presidente y desde su lugar de poder omnímodo salió a sopapear a Coto porque desde Mar del Plata había opinado sobre la inflación que se presumía para el año siguiente, sus colegas no lograron ni siquiera un mínimo consenso para darle unas palabras de apoyo a su colega vapuleado. Al contrario, Enrique Pescarmona, en ese momento presidente de IDEA (Coto era presidente del Coloquio) dijo en pleno escenario y dirigiéndose a su ¿amigo? supermercadista “después de todo el problema con Kirchner lo tenés vos, yo con él no tengo ningún problema”.

No solo los Kirchner pasaron en la Argentina. Todo un país acostumbrado a los taitas gritones pero con los que se “podía negociar” permitieron una erosión institucional, social y económica de proporciones épicas, por supuesto jamás vista antes.

Esa es una responsabilidad que los empresarios deben admitir como propia antes de seguir escudándose en el viejo cliché de que defender las instituciones no es su metier.

El día que los empresarios digan (y hagan) en público lo que dicen en privado, es posible que parte del cinismo argentino deje de operar. Mientras tanto, las reuniones tipo IDEA podrán ser un conjunto de buenas intenciones, una oportunidad para mostrarse y creerse importante, una ocasión para escuchar lo que uno quiere escuchar, pero distarán mucho de ser un valor agregado concreto para que el país tome un sendero que lo lleve a darle a su gente un mejor nivel de vida.

El chusmaje político puede darle a quienes lo circulan la patente de “estar en la cosa”, de ser alguien que “sabe lo que otros ignoran” pero en la medida en que eso no sirva para hacer un país mejor sino para darle “chapa” a quienes enrostran a los demás ese supuesto acceso a lo que pocos conocen, entonces ese conocimiento no servirá para nada, será simplemente una cara más del “Figuretti” que todo argentino parece llevar adentro.

Sería interesante que en esta supuesta nueva etapa del país algo de esto ocurra en IDEA: que la flor y nata del establishment argentino diga en público cómo piensa y qué cosas habría que hacer para que la Argentina sea más competitiva, más abierta, más desarrollada.

Y desde ya también sería importante que el presidente diera señales claras de que las costumbres del pasado ya no se repetirán. Mientras esa confianza no prenda en lo profundo de la sociedad, los empresarios seguirán hablando de idealidades pero en la práctica se cuidarán mucho de tomar medidas que los típicos bandazos de la Argentina les cobre luego en sus bolsillos.

Por dónde se desata ese círculo vicioso, quién tirará la primera piedra de una nueva manera de relación entre el Estado y la sociedad, podría ser un punto de partida interesante para ser discutido en Mar del Plata. Mientras quienes deben producir y quienes deben generar las condiciones jurídicas para que aquellos puedan producir no hablen con la descarnada verdad y solo se junten en una ocasión social, el país podrá tener las escenografías de un cambio, pero no un cambio de verdad.