Chiquitajes

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La “personalidad” argentina es una cosa seria. No todos, quizás, pero algunos de los gobernadores que participaron ayer de la reunión con el ministro del interior Rogelio Frigerio se apresuraron a interpretar los resultados de dicho encuentro como fue “triunfo” en el sentido de haber”ganado la iniciativa política desde la oposición” y estrenado una lógica de negociación como “liga”, que se plantea como desafío interno hacia adelante.

Es decir –repetimos, para al menos, algunos de ellos lo ocurrido ayer no fue el inicio de una nueva manera de trabajar en la Argentina, en equipo, poniendo las opiniones sobre la mesa y tratando de avanzar sobre la base de síntesis de opiniones y posturas sino “haber ganado la iniciativa política”.

¡Basta muchachos de “ganar la iniciativa política”!, ¡basta con ese verso de salir haciéndose el banana del barrio porque crees que le mojaste la oreja a tu oponente! Aquí no hay oponentes de nadie; aquí el único “oponente” debería ser la miseria, la pobreza, el robo, la corrupción, los vivos que se envuelven en la bandera argentina para hacerse millonarios con el aplauso zombie de miles de estúpidos. Esos son los “oponentes”.

Un conjunto de señores que se supone tienen el deber común de gobernar el país, lo que también se supone que tienen que hacer es sentarse, conversar, discutir, ponerse de acuerdo y avanzar en soluciones, no estar en la pequeñez idiota de sacar conclusiones sobre haber “ganado la iniciativa política”

Por lo demás, a juzgar por lo conversado ayer la “iniciativa política” no la ganó nadie, porque si bien el ministro del interior prometió un decreto corrector de la modificación establecida días atrás en la coparticipación federal de la ciudad de Buenos Aires, los gobernadores tampoco se fueron con el 15% de restitución que reclamaban abajo del brazo.

Durante toda mi vida consciente escuche la trillada frase de que los argentinos necesitaban era “sentarse alrededor de una mesa” para ponerse de acuerdo en las líneas gruesas que tenía que tener la organización del país. Durante mucho tiempo pensé también, que esa era una metáfora imposible porque ningún país “se sienta alrededor de una mesa”… No hay mesas tan grandes…

Pues bien, cuando por fin algo parecido a esa “mesa” logra convocarse, no falta el que sale queriendo sacar cuentas sobre ganadores y perdedores. ¡No tenemos cura!

¿Habrá manera de que los gobernantes federales y provinciales firmen realmente un “equipo” profesional de gobierno? ¿O a lo único que podemos aspirar los argentinos es a tener una manga de calculadores de resultados “políticos”?, ¿podrán alguna vez dejar de pronunciar esa demagógica cantinela de “la política” y concentrase en el trabajo?

La frase “la política”, una de las preferidas de la ex presidente Fernández, ha servido de pantalla para miles de curros en la Argentina. Detrás de esa épica inasible se ocultó el trasiego de cientos de influencias y de cientos de millones de dólares. ¿No habrá llegado la hora de ser menos épico y más eficiente?

El presidente macro durante la campaña electoral y en su discurso inaugural dijo varias veces que era un hombre falible; que no existe semejante cosa como el “líder que se las sabe todas”, que él podía equivocarse y estaba dispuesto a aprender de sus errores para subsanarlos cuando alguien desde la buena fe le hiciera entender que se había equivocado.

Ya ha tenido varias comprobaciones fácticas de esa promesa. Lo hizo con el nombramiento de los Dres Rasatti y Rosenkrantz para la Corte suprema y lo volvió a hacer ahora con el aumento de la alícuota de coparticipación de la Capital.

En principio se había querido justificar la movida de esos fondos como los que iban a solventar el mantenimiento del traspaso de la unidad de superintendencia federal de la policía federal, es decir, la división que dotaba de policías federales a la Capital.

Demostrado que esos fondos superaban los que se precisaban para que aquella superintendencia se fundiera con la policía Metropolitana en una sola fuerza de seguridad de la ciudad, macro dio marcha atrás.

Lo que alguno de los gobernadores deberían entender de la nueva era de la Argentina es que eso no es una “derrota” para Macri y un “triunfo” para ellos. Primero porque, si me apuran, creo que dar muestras de tener capacidad de rectificación es un triunfo para quien la ofrece y no para quien recibe sus aparentes “beneficios”. Y en segundo lugar por lo que decíamos más arriba: es hora de que la Argentina deje de medir los acontecimientos administrativos en términos de triunfos y derrotas, sino simplemente como lo que son, herramientas de gobierno que se discuten se establecen, se cambian o se modifican, dentro de un clima que todo el mundo presume como de trabajo hacia la gente, y no como la menudencia estúpida del rédito de taquilla “política”.

Son muchos  los costos que la sociedad ha pagado para que otros se pavoneen con sus “éxitos de taquilla política”.

Es hora de trabajar en equipo muchachos. Esa simpleza supone que nadie tiene la verdad revelada ni es un totem que mira a los demás desde una alta torre desigual. Es simplemente uno más del equipo que acierta y se equivoca, sin que el acierto signifique necesariamente un triunfo ni el error necesariamente una derrota.