La estrategia es: primero el disparate

Recuerden: el kirchnerismo es literal. Y avisa. El más grosero de los capítulos en materia de enviar un disparate como globo de ensayo fue el de su candidato a Procurador General en 2012, cuando Cristina Fernández envío el pliego de Daniel Reposo (foto), un impresentable que no podía atender ni un kiosko.

Las audiencias de Reposo en el Senado fueron una vergüenza, con senadores de su partido que le soplaban las respuestas a las preguntas que le hacían los senadores de la oposición. Recuerdo al entonces senador Sanz levantándose y diciendo “¡Che, no le soplen las respuestas!”, un papelón que no hubiera pasado ni en Feliz Domingo.

Finalmente, el FPV retiró el pliego del impresentable antes de que el Senado lo rechazara. Presentó un gesto de “buena voluntad”.

Entonces introdujo el pliego de Alejandra Gils Carbó una jueza de cámara con los antecedentes formales en estado de perfecta prolijidad como para ser una candidata potable. Pero dentro de ese envase venía el embrión de Justicia Legítima y todo lo que conocimos después. Reposo había sido una caricatura del disparate, pero al disparate no se renunció; al contrario, se lo profundizó.

La jugada estuvo más que clara: hacerse los “buenitos” aceptando retirar el pliego de un candidato impasable para plantar luego a quien era su verdadera espada.

Esa estrategia se aplicó decenas de veces y se está repitiendo ahora. Hace no mucho tiempo un conjunto de seis senadoras cristinistas presentó un proyecto para que las prisiones preventivas en delitos por corrupción pública cayeran ipso facto en la medida que el caso hubiera sido divulgado por la prensa. El proyecto no contenía la previsión de que los acusados quedarían libres y los periodistas presos, pero le faltó poco.

Todas las voces se alzaron en contra del disparate hasta que el propio presidente declaró que no estaba de acuerdo con esa metodología. Otra vez los “buenitos”.

Sin embargo por estos días se están viendo notorios casos de censura a la prensa libre y de persecución a periodistas que cuentan o comentan la verdad. El ariete fue, de nuevo, un disparate caricaturizado, pero el objetivo final no se dejó de lado; al contrario, se está materializando.

Desde que el gobierno asumió se formó un frente bien pronunciado de personajes cercanos al cristinochavismo que denunciaba la existencia de presos políticos en la Argentina. De nuevo el presidente fue el que, consustanciándose con la queja de la parte racional de la sociedad, salió a decir que era un disparate.

Sin embargo, pocos días después, la secretaría de derechos humanos, a cargo del hipercamporista Horacio Pietragalla Corti,  elaboró un cortometraje en donde era obvia la intención de trasmitir a la mente de quien lo veía la idea de que Macri y la dictadura eran lo mismo y de que el gobierno de Cambiemos había cometido serias violaciones a los derechos humanos. El film incluso fraguó un informe de las Naciones Unidas falsificando su verdadero contenido.

El presidente subió ese cortometraje a su cuenta de Twitter participando de él y haciendo suyas las afirmaciones que él mismo había calificado de descabelladas tan solo unos pocos días antes. Otra vez el disparate caricaturizado y la persecución implacable del objetivo delineado.

Antes de ayer la viceministra de educación, Adriana Puiggros, dijo que las evaluaciones no forman parte de la actividad educativa y que las pruebas que se les toman a los alumnos solo sirven como instrumentos de control elaborados “desde” una “lógica” empresaria que solo se basa en el mérito. Un grosero disparate -además si se lo ajusta por el cargo que detenta quien lo dice- que despertó las voces de todos los rincones sensatos del país.

Como respuesta, el ministro de educación, Nicolás Trotta, salió a decir que el país seguiría participando con sus escuelas de las pruebas de evaluación internacional y que Puiggros solo se había referido a algunos aspectos de esas evaluaciones que no contemplan las realidades pedagógicas de la Argentina.

Si analizamos este último hecho a la luz de los antecedentes que marcamos aquí (y al de otros cientos de casos que no mencionamos por obvias razones de lugar) no tardaremos en caer en la conclusión de que más allá del papel de “buenito” -que en este caso le tocó desempeñar a Trotta- el objetivo en materia educativa es claro: soliviantar la educación, hacerla cada vez más chata, para que los chicos sean cada vez más zombies y estén en mejor posición de ser dominados y cooptados.

Son de manual. Ya nos hicieron lo mismo durante años muchísimas veces. Sería muy estúpido de parte de la sociedad caer nuevamente en la ingenuidad de creerse el capítulo del “buenismo” y no apreciar las verdaderas intenciones que se esconden por detrás. La verdad era Reposo, el proyecto para liberar corruptos, la idea de que los presos kirchneristas son presos políticos y que las evaluaciones en la educación no van a correr más. Esas son las verdades que se esconden detrás de la diplomacia que parece congraciarse con los sensatos.

Si los sensatos son sensatos del todo no deberían creerles ni una palabra.


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