Mentiras y culpas ajenas a la orden de día

En política exterior hay una regla de oro: no utilizarla para hacer política interna y menos aún hacerlo ideológicamente. Claramente, Fernández no adhiere a ese principio.

En su última presentación frente a la prensa el presidente entregó números de la pandemia en todo el continente, en una ratio de mortalidad cada 100 mil habitantes. No pegó uno solo. Se equivocó en todas y cada una de las columnas que fue anunciando frente a los periodistas.

Desde que comenzó esta pandemia Fernández ha estado pavoneándose respecto de la supuesta eficiencia de su estrategia e indirectamente señalando el fracaso de los caminos tomados por otros países. En todos los casos generó un escándalo, salvo, claro está, con aquellos colegas presidentes que lo consideran tan insignificante, que ni siquiera le respondieron.

El presidente se jactó de que la Argentina presentaba números envidiables de proporción entre muertos por cada 100 mil habitantes, en especial cuando uno compraba esas cifras con la de otros países de la región.

Así, por ejemplo, dijo que EEUU tenía 276 muertos por coronavirus cada 100 mil habitantes. Que Brasil tenía 94 muertos cada 100 mil habitantes; que Chile tenía 98.5 y que Perú tenía 47. Frente a eso dijo que la Argentina tenía una ratio de 9.8 muertos por cada 100 mil habitantes, pretendiendo ensalzar su aproximación al problema mientras embarraba las tácticas seguidas por los demás.

La maniobra fue fácilmente desenmascarada por el periodista Diego Cabot, que se tomó el trabajo de analizar los números y demostrar que todos (esto es, todos) los números eran falsos, incluso el de Argentina. Pero, groseramente falsos; por mucho. Una especie de regreso a los mejores tiempos del INDEC de Moreno.

Muchos embajadores y cancillerías de estos países han salido al cruce de las afirmaciones de Fernández, lo que en sí ya constituye un papelón mayúsculo.

Si fueran ciertas las proporciones del presidente, EEUU, por ejemplo debería tener casi un millón de muertos por coronavirus, cuando en realidad recién ahora acaba de pasar la línea de 100 mil en total. Brasil, debería tener 197000 muertos cuando en realidad tiene 22600. Chile (país con el que no es la primera vez que Fernández tiene un problema originado en sus mentiras insidiosas) debería tener más de 17 mil muertos, cuando en realidad tiene 761. Perú, siguiendo las cifras de Fernández, debería tener más de 15000 muertos, cuando en realidad tiene poco más de 3600.

También los paraguayos han tenido que salir, por la vía de su embajador y su canciller, a cruzar las cifra de Fernández que dijo que ése país tenía una tasa de 5.8 muertos por cada 100 mil habitantes cuando la tasa real es de 0.14

Estos errores garrafales obviamente lesionan no solo las relaciones de la Argentina con todos estos países sino que socavan el prestigio del país, que aparece presidido por una caterva de mentirosos.

La tasa chilena por ejemplo es de 3.5 muertos por cada 100 mil habitantes, cuando el presidente le adjudicó ¡98.5! Se trata de una grosería imperdonable. Un papelón bochornoso.

El único tema que sacaría a Fernández de la insidia como motor ideológico de estos insultos solapados a países y sistemas que no tolera ni puede ver, es que también se equivocó con las propias cifras de la Argentina.

Allí, el presidente dijo que el país tenía una proporción de 9.8 muertos por cada 100 mil habitantes. Aplicando esa ratio, en la Argentina debería haber 4300 muertos por coronavirus cuando recién ahora estamos pasando los 500.

Con lo cual, aun a pesar de que el justificativo es casi más grave que la presunta causa inicial, hay que caer en una de tres conclusiones: o Fernández es un mentiroso profesional, un burro o ambas cosas a la vez.

Algo parecido sucede con la responsabilidad por la situación en lo que ellos llaman “barrios vulnerables” y yo llamo “villas miseria”. Todos esos asentamientos han sido generados por el peronismo y sus políticas. Durante la gestión inicial de los Kirchner entre 2003 y 2015 la cantidad de villas aumentó 300 veces según datos oficiales (así que imagínense cuál debe ser el número real). En 2001 en la provincia de Buenos Aires los asentamientos sumaban 385. A fin de 2016 superaban los 1800.

La Matanza, un distrito en el que proliferan varias villas y es, en sí mismo, un conglomerado pobre y hacinado, siempre gobernó el peronismo desde el retorno de la democracia. (Entre 1983 y 1991 lo hizo el intendente Russo de ese partido. Entre 1991 y 1999 lo hizo el peronista Cozzi. Entre 1999 y 2003 lo hizo el histórico Ballestrini. De 2005 a 2015 Espinoza, y desde 2015 a 2019, Magario. Ahora ha regresado Espinoza, obviamente, también de la mano del peronismo).

Resulta francamente repugnante ver a toda esta gente repartiendo culpas a diestra y siniestra (el presidente a otras “ideas” que supuestamente mandan a la gente a la muerte en otros países mientras la Argentina se encuentra “a salvo” gracias al peronismo; el gobernador señalando a su predecesora, MarÍa Eugenia Vidal, como la responsable de lo que ocurre hoy en los barrios pobres del gran Buenos Aires) cuando fueron ellos los que provocaron las más grandes catástrofes de miseria y pobreza en la Argentina que la hundieron en todas las mediciones económicas del continente cuando se la compara con los demás países de América.

¿Cuándo asumirá el peronismo su responsabilidad en el desastre que ha generado? ¿Cuándo se hará cargo de algo? ¿Cuándo pondrá la cara para que todos lo señalen como lo que es: el gran causante del fracaso argentino?

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