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La comunidad de correctos

La comunidad de correctos no deja de trabajar nunca. Como la corrección se ubica en el terreno del “deber ser” es como si nadie pudiera entrarle a ese círculo inmaculado de perfección. Siempre habrá un costado abierto para que el mundo ideal de la “comunidad de correctos” le entre sin piedad a la realidad que deben manejar los mortales.

Una de las características de la “comunidad de correctos” es que cuando hay una ola social que se dirige inconteniblemente hacia un determinado lugar (lugar que no es del acabado gusto de la “comunidad de correctos”), ellos tienen la capacidad camaleónica de hacer como que se pliegan a ese movimiento aluvional para no quedar en off side social.

Pero desde el primer minuto que ese mainstream logra posicionarse en el centro del poder comienzan con una sutil tarea de esmerilamiento basada en críticas cuyos fundamentos se buscan en el inatacable “deber ser”. 

Es como si hicieran abstracción de la realidad y sometieran a sus víctimas a un match despiadado contra la pureza.

Ayer la “comunidad de correctos” no dejó de trabajar un minuto. Fuertemente instalada en los medios de comunicación, la “comunidad” encuentra allí uno de los foros preferidos desde donde lanzar sus admoniciones perfectas.

El episodio producido a raíz del retiro de la embajadora de España por parte del gobierno de Pedro Sánchez le dio a la comunidad de correctos una plataforma de lanzamiento de misiles contra el presidente Milei a quien, por supuesto, nunca legitimaron pero al que se tuvieron que tragar porque una sólida mayoría social lo eligió en las urnas el 19 de noviembre de 2023.

Fue muy notorio cómo estos integrantes de la comunidad de correctos intentaba incluso forzar las repuestas de sus entrevistados, cuando estos los desairaban quitándole toda relevancia diplomática a lo sucedido o, incluso, a explicar (correctamente) cómo todo el hecho no era mas que una puesta en escena de un mandatario que tranquilamente podría militar en el kirchnerismo argentino (si es que de hecho no lo hace) para tratar de sacar partido de un evento que no había tenido -de parte del presidente Milei- otro contenido que no fuera la verdad.

En primer lugar, el presidente argentino nunca mencionó a Begoña Gómez por su nombre. De modo que la reacción del jefe del gobierno español no hace otra cosa más que ratificar que se da completamente por aludido.

En segundo lugar, Milei no dijo nada que no fuera cierto: efectivamente la esposa de Sánchez está bajo investigación judicial por cargos de corrupción y de tráfico de influencias con una carga de prueba en contra que es lo que, en el fondo, debería preocupar a Sánchez antes de armar todo este circo, (aunque quizás lo arme justamente para desviar el foco de atención).

En tercer lugar, el muy ofendido Sanchez no ha siquiera amagado hasta ahora con pedir disculpas al presidente argentino por los agravios con nombre y apellido que multiples miembros de ese gobierno le han proferido al Presidente, llamándolo desde fascista hasta drogadicto, mala gente y autoritario.

En cuarto lugar, la vara de ofensas del señor Sanchez parece cuando menos algo ondulante. El presidente comunista de Colombia, el ¿ex? terrorista Gustavo Petro, se ha cansado (apoyado en el trillado “genocidio” colombino) de llamar a España “una potencia asesina”. En el mismo sentido se ha expresado el sonámbulo de Andrés López Obrador, desde México. En ninguno de los dos casos Sánchez se ha mostrado ofendido ni ha siquiera amagado con retirar al embajador o, como mínimo, llamarlo en consulta.

Dos apreciaciones respecto de esto. En primero lugar, resulta obvio que cuando las “ofensas” provienen del club de amigos no son ofensas y por lo tanto no se hace nada frente a ellas. En segundo lugar, parecería que Sánchez esta más dispuesto a dar una respuesta de contenido nacional cuando el supuesto ofendido es él o su esposa que cuando la ofendida es toda España.

Esto nos lleva a una tercera conclusión: para Sánchez España es él y el Estado español es el que debe contestar formalmente cuando él se considera ofendido. Sánchez no ha contestado (como lo hizo Milei cuando lo llamaron drogón o fascista) en términos individuales sino que puso en funcionamiento los mecanismos del Estado para responder, tal y como si fueran suyos o como si el Estado español y él fueran la misma cosa.

Nadie de la “comunidad de correctos” en la Argentina destacó estos detalles. Y cuando algunos de sus propios entrevistados se los hicieron notar pusieron una cara como de “qué cagada: qué piña que me comí”, en lugar de decir “sabe que tiene razón: la verdad no había pensado en todo eso”.

Pero claro, “pensar en todo eso” sería endosar a quien no se fuman, entonces insisten en la perorata del “papelón argentino” y de la “escalada diplomática”.

Aquí no hay ninguna “escalada diplomática”. Y el único papelón lo está protagonizando un personaje que ha colocado a España en un lugar vergonzante, que la hecho retroceder en la escala europea y que la ha asociado con lo peor del autoritarismo iberoamericano como son el chavismo, el castrismo y el comunismo del carnicero Daniel Ortega.

Le guste o no a la “comunidad de correctos” el presidente Milei es uno de los lideres mundiales más importantes del momento. Un soplo de libertad esta sucediendo en el mundo porque el ser humano se ha cansado de que una troupe de privilegiados lo trate como a un minusválido haciéndole creer el verso de que no serviría para nada si no fuera por la ayuda del Estado, es decir de ellos. 

Ese mismo ser humano ha descubierto que detrás de cada “ayuda” se esconde un negocio millonario que los empobrece a ellos y encumbra a la élite que les vendió el verso de la ayuda.

Milei ha sido de los que mejor ha explicado públicamente ese brulote que -reconozcámoslo- tuvo la sagacidad de metamorfosearse tanto como fuera necesario como para sostenerse por un siglo en el poder mundial.

La “comunidad de correctos” fue cortejada por esa élite. Le dio cobijo y financió sus aires de “superioridad intelectual”. Por eso cuando le élite está en peligro por la amenaza que encarna Milei (al menos en el reducido cosmos argentino) salen a defenderla atacando al presidente desde el sacrosanto deber ser de la corrección. Sencillamente apestan.

Es más, los argentinos deberían estar bien atentos a la “comunidad de correctos”. Se distribuyen por toda la sociedad: en los medios, en la academia, en la intelectualidad, en la cultura. Desde esas altas torres dirigen sus admoniciones como si fueran seres dotados de un aura especial.

Son, en ese sentido, más peligrosos que la mismísima troupe de privilegiados (a los que el presidente llamaría “casta”). Y lo son porque de una manera u otra, la casta ha quedado al descubierto. Sus groserías han alcanzado en los últimos años una dimension tal que ya ningún disfraz los esconde.

Pero la “comunidad de correctos” es eso: “corrección”, prolijidad; son intachables, inmaculados. Y lo que dicen no es objetable desde la pureza de las utopías.

Pero su mensaje oculta otro objetivo: que el andamiaje del Antiguo Régimen no se vea conmovido por las extravagancias de un sapo de otro pozo. Ese Antiguo Régimen puede haber sido la causa de que la Argentina descendiera desde el quinto puesto del ranking mundial de países al lugar 160. Pero también allí se encuentra la explicación de su ascendencia, de su influencia y de lo que los ha convertido en famosos, conocidos, “populares”. No están dispuestos a que las causas que los encumbraron a esos sitiales privilegiados de la sociedad de repente se vean removidas por las iniciativas de un personaje formado en otra mentalidad. 

La “comunidad de correctos” admite la decadencia nacional pero hace como que ignora el hecho de que, probablemente, los mismos hechos que hundieron al país sean los que los elevaron a ellos. A veces enfrentar el totalitarismo puede resultar inconveniente en términos personales.

El hombre común debería tener la guardia bien en alto contra la “comunidad de correctos”. Ya ocurrió con la administración del presidente Macri que fue dinamitada desde afuera por la misma comunidad de correctos que ya esta actuando contra Milei, y, desde adentro, por una “comunidad de correctos” propia que pudrió el gobierno de Cambiemos desde adentro, sucumbiendo a la pusilanimidad del status quo.

El cambio de condición de la Argentina no vendrá de la mano de la corrección política porque la corrección política necesariamente implica la aquiescencia con las bases de un modelo de hacer las cosas que, justamente, se considera “correcto”. La ”corrección” de ese modelo se basa en el consuetudinario hecho de que “eso” es lo que ha ocurrido siempre. Y rebelarse contra lo que ha ocurrido siempre es tenido, a priori, como algo malo. Milei vino a proponer hacer lo contrario de lo que hemos hecho en el ultimo siglo. Y una mayoría social sólida le quiso dar una oportunidad. Respetuosamente le pido a la comunidad de correctos que le den esa oportunidad.

La Argentina no va a tener muchas más posibilidades para enterrar una historia inédita de fracasos como la que protagoniza desde hace casi 100 años. Si pierde esta es posible que no tenga otra. Todos deberían estar atentos a qué es lo que está en juego.

Por Carlos Mira
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