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En clave de viaje

El viaje del presidente a Europa, completamente fuera de agenda y sacado de la galera justo cuando las divisiones internas del Frente de Todos arreciaban (en una muestra que prueba que Fernández aprendió bien las lecciones de los Kirchner en cuanto a borrarse cuando las papas queman) puede tomarse como una radiografía de su gobierno.

Sin agendas bilaterales, en una especie de “vamos viendo” lo que podemos conseguir, la gira por España, Francia y Alemania tiene, incluso, blancos llamativos en dónde uno se pregunta qué hará el presidente y su delegación… Claro, probablemente shopping a cuenta de los bolsillos argentinos.

Pero en una de las primeras actividades en España, Fernández concedió una entrevista al periodista Carlos Cué del diario El País, en donde tuvo algunas respuestas desopilantes y otras que reflejan la continuidad de la lucha interna, ahora desde la comodidad de la distancia.

En primer lugar dijo que el motivo de su viaje fue la “preocupación por la guerra en Ucrania”. O sea, uno no sabe bien si Fernández pretende tomarnos el pelo o si actúa un personaje cuyos libretos él es el primero en creerse.

Notables líderes del mundo, de muchísimo más peso que el pobre presidente argentino no han ido a Europa por el conflicto motivado por la invasión de Rusia a Ucrania. Ni hablar de otros presidentes de América Latina. ¿Realmente cree Fernández que su presencia aporta algo a las consecuencias de la conflagración?

Luego dice que tiene una mirada común con Macron, Pedro Sánchez y Olaf Scholz sobre lo que pasa en el mundo, cuando esos gobiernos han sido durísimos para con Putin mientras Fernández lo invitaba a que la Argentina sea la puerta de entrada de Rusia a Latinoamérica.

Como si eso fuera poco dijo que le transmitió a Sánchez “algunas cosas que pueden ser útiles para España”, como dándoselas de consejero del presidente del gobierno español cuando él no es capaz de gobernar la Argentina. La verdad que uno se pregunta en qué mundo vive.

Luego frente a otra pregunta respondió lo siguiente: No, ¿cómo me voy a arrepentir? Yo no fui a ver a Putin por la guerra, lo fui a ver porque Argentina necesita inversiones y Rusia expresaba interés de invertir. No fui a hablar con Putin de la guerra, días después también hablé con el chino Xi Jinping. Algunos medios argentinos, con posiciones dominantes en el mercado, quisieron convertir esto en un alineamiento ideológico que no es. Somos firmes defensores del multilateralismo, creemos que Argentina debe conectarse con el mundo sin alineamientos automáticos y respetar las reglas del derecho internacional. No me arrepiento”.

¿A qué multilateralismo se refiere? ¿Alguien vio algún frenesí del gobierno de Fernández por visitar los EEUU? ¿Acaso se observa alguna palabra de amistad o de visiones comunes con los EEUU? Fernández dice que la Argentina debe conectarse con el mundo, pero cuando de hacer negocios se trata viaja a Moscú y a Beijing y cuando hay que huir de las embarazosas escaramuzas internas se va de shopping a Europa.

En una respuesta increíble que uno no sabe si la dio sin darse cuenta de lo que estaba diciendo o si el subconsciente le jugó una mala pasada dijo que “llevó mucho tiempo para que se den cuenta que el que manda” es él. Eso y admitir sin más que, al menos hasta hoy, él mismo se autopercibió como alguien que no gobernaba es todo uno.

Algunos intentan identificar este viaje con el comienzo del verdadero albertismo. Y otros se preguntan en qué consiste eso.

Si uno parte del hecho que, mientras el presidente estaba en España, el ministro de trabajo Claudio Moroni anunció que se adelantaba la suba del salario mínimo vital (que fue algo reclamado justamente por Máximo Kirchner) no parecería haber mucha decisión de enfrentar el corazón de la política cristinista que, a su vez, parte de la idea de que todo el problema se limita a imprimir más billetes para regalárselo a la gente en la creencia de que eso empatará, alguna vez, las necesidades insatisfechas.


El presidente ha afirmado que echará del gobierno a todo aquel funcionario que manifieste una resistencia a la readecuación tarifaria. Seguramente es una versión nueva del capítulo Basualdo el número 2 de la subsecretaría de energía del ministerio de economía que Guzmán no pudo echar cuando consideró que se rebelaba contra su autoridad.

Basualdo es un hombre de La Cámpora, de Máximo y Cristina Kirchner. Quizás sea necesario mirar tan bajo en el organigrama del gobierno para tener una idea próxima sobre si el “albertismo” tiene alguna posibilidad o su nacimiento será abortado antes de dar a luz.

Por Carlos Mira
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