Aruba

El final de una etapa

Ayer el ministro de economía Sergio Massa confirmó el final de su etapa “ajustadora”, si es que algo así existió alguna vez.

Massa anticipó un bono fijo de aumento salarial y una especie de “congelamiento” de precios de alimentos, algo muy parecido a lo que le exigía Cristina Fernández de Kirchner.

En el marco del Coloquio de IDEA (que sugestivamente se llamó “Ceder para Crecer”) que se desarrolló en Mar del Plata hasta el viernes pasado, dijo que “si bien es cierto que la política debe hacer su contribución al ajuste”, los protagonistas de los sectores económicos de la Argentina  también tienen que contribuir dejando de lado sus privilegios.

Sin negar que, efectivamente, hay sectores privados (inventados justamente por la implementación del orden económico fascista del peronismo) que gozan de privilegios, ¿qué “contribución” ha hecho “la política”? ¿Qué “sacrificios” han hecho los que viven del Estado? La respuesta más corta es “cero”, “ninguna”.

Lo único que tiene para ofrecer Massa a partir de ahora es un “plan platita II”, es decir más cristinismo expreso. 

Las consecuencias de ese mecanismos serán nefastas, como nefastos fueron los efectos del “plan platita I”, a los que estamos asistiendo ahora.

Las disidencias internas del FDT -que juegan hoy, el día de la Lealtad, una especie de broma de éxtasis paradojal- son de tal magnitud que suponen haberse deshecho de ministros que confrontaban con el FMI para traer a otros que ponen a esa relación entre algodones, pero todo en nombre de la “revolución popular”.

Hasta el propio presidente Alberto Fernández inició una especie de campaña propia de reelección en Mar del Plata creyendo que tiene chances de ser una opción electoral para el año que viene.

Obviamente solo alguien que vive una realidad paralela muy delirante puede creer que tiene alguna chance partiendo de encuestas que le dan números de menos de dos dígitos de soporte.

El kirchnerismo ha pasado a ser un réquiem para el peronismo. Su pretendida “etapa superior” pasará a la historia como quien terminó con el peronismo. 

La sociedad argentina está asistiendo a los últimos estertores del movimiento que aniquiló su crecimiento.

Los argentinos contemporáneos están siendo testigos de un hecho sociológico que duró casi 80 años y que le significó a la Argentina haber pasado de la riqueza a la pobreza y del desarrollo al subdesarrollo en una pendiente decadente que aún no se detuvo.

El peronismo tuvo la picardía de “contagiar” de peronismo a muchos otros sectores de la sociedad. Uno de sus preferidos fue el radicalismo, que como toda estrategia para superarlo no se le ocurrió mejor idea que intentar imitarlo.

Hoy ese “contagio” está produciendo serios inconvenientes en JXC. La coalición opositora no logra presentarle a la sociedad un programa coherente y completo de recuperación porque en su interior hay convulsiones muy fuertes provocadas por la invasión del virus peronista.

Sin una acción coordinada, omnicomprensiva y profunda que abarque no solo la economía sino valores sociales de todo orden, la Argentina no logrará salir de la

vergonzante pobreza y, en muchas áreas, verdadera miseria a la que la dirigió el peronismo. En otras palabras, no se saldrá de las consecuencias del peronismo haciendo filoperonismo.

Los tiempos electorales se acortan, las elecciones se aproximan y la capacidad de daño peronista sigue presente. Es muy posible que el oficialismo logre votar la eliminación de las PASO para, de un solo golpe, poner en aprietos a la oposición para elegir sus candidatos y, paralelamente, darle el poder a Cristina Fernández de Kirchner y a La Cámpora para armar las listas.

Cómo transitará el país el tiempo que falta hasta las elecciones, nadie lo sabe. Es tan patético el conjunto de impresentables que gobierna el país que muchos plantean seriamente, cómo un dato a favor, la conjunción de un buen Mundial de la Selección con las vacaciones de verano. ¿Qué puede esperarse si esas son las apuestas positivas del gobierno?

Son los propios peronistas los que están explicando su final. Son ellos los que, con lujo de detalles, describen esta debacle como el final del movimiento, aclarando desde ya que quien gobierna no es el peronismo.

Mientras tanto, el país asiste a una nueva apropiación del peronismo de lo que son patrimonios de todos. Hoy, en el día de la lealtad, desde el Cabildo hasta la Plaza de Mayo y desde San Martin hasta Belgrano serán peronistas. El final del “movimiento” será un poco también el final de la Argentina, o, al menos, de una Argentina de la que se apropiaron y que duró 8 generaciones.

Por Carlos Mira

Si querés apoyar a The Post Argentina, podés hacerlo desde aquí
o podés comprarnos un Cafecito.
>Aruba

2 thoughts on “El final de una etapa

  1. Ricardo

    Basta ….!! El General decía.
    Cuando.los Pueblos agotan su paciencia hacen tronar el escarmiento.
    Creo llego la hora.

  2. Matias

    Pero como somos ua republiqueta con un pueblo que abunda en garcas, corruptos, analfabetos, vagos, insensibles y tantos otros atributos desastrozos, no creo que peronismo tenga ningún final. Seguramente, como siempre lo han hecho, se cambiaran los vestidos y se disfrazarán de “la nueva política” y seguirán gobernando estas Pampas condenadas al fracaso social, moral y económico de muchos, para beneficio de unos pocos. Porque en Peronia, somos todos peronistas, incluso los que somos antiperonistas. No tenemos salvación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.