Una payasada más

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La respuesta de la Sra Fernández a su declaración indagatoria con el juez Claudio Bonadío consistió en la presentación de un escrito político en donde la ex presidente se auto declaró perseguida política por haber encabezado un gobierno nacional y popular cuyos protagonistas son ahora perseguidos por las corporaciones con acusaciones falsas sobre fortunas mal habidas y hechos de corrupción. Comparó a Macri con el Proceso y lo culpó por las consecuencias de la inflación que desató su plan de ajuste.

En el escrito no se alcanzó a anotar un solo renglón de explicación sobre las decisiones que condujeron a endeudar al BCRA en casi 70 mil millones de pesos en una operatoria con dólares futuro que cuya oscura génesis es la dio paso a la apertura de esta causa.

En otras palabras, la imputada aprovechó la oportunidad para ocupar el centro de la escena, robar (para no perder la costumbre) el protagonismo de la hora y encontrar un escenario válido para continuar con el mensaje de que ella ES EL PUEBLO, y de que lo que hay en marcha es una formidable conspiración antipopular que viene a sojuzgar a los pobres. Se declaró, en un acto de arrojo rayano en la sedición, la “presidente del pueblo” como si a Macri lo hubiera votado una entidad distinta de “el pueblo”.

Cientos de idiotas a sueldo hacían la corte a este escenario vergonzoso en donde una de las protagonistas esenciales del robo al Tesoro Público más formidable de la historia del país, se colocaba en el lugar de víctima perseguida en lugar de tener la dignidad de decir cómo piensa devolver todo lo que robaron, ella, su esposo y la banda de delincuentes que los acompañó.

El verso del “pueblo”, del “gobierno popular”, de la “persecución a los pobres”, de la “represión”, de “las corporaciones queriendo someter a las masas populares” ya no sirve para nada: ha quedado sepultado por montañas de billetes de cien dólares robados con el montaje de una de las maquinarias más extendidas y al mismo tiempo más burdas de lavado de dinero que se hayan conocido en la historia moderna.

Esa riqueza, producida con esfuerzo incluso por los mismos estúpidos que defienden a los capomafias que se la robaron, está ahora en posesión de un reducido grupo de familias que se llenaban la boca hablando del pueblo mientras lo sodomizaban en su propia cara.

La sociedad argentina produjo, durante la “década ganada”, recursos por 654 mil millones de dólares más que en la década anterior: sí, sí, 654 mil millones de dólares más que todo lo que ya había producido durante los ’90. Y sin embargo, la Sra Fernández entregó el gobierno con 30% de la población sumergida en la pobreza, sin agua, sin cloacas, con un crecimiento exponencial de las villas miseria, con desnutrición infantil, con franjas enormes de la población que literalmente se moría de hambre.

Al mismo tiempo el régimen montó un fenomenal aparato de propaganda, persecución, diseminación del terror y represión, encarnado por fuerzas de choque mussolinianas que hoy volvieron a aparecer en las calles con las pecheras típicas, equivalentes a las camisas pardas del partido nacionalsocialista.

Ese modelo dictatorial no ha renunciado al poder. Es imperioso que la democracia lo enfrente en todas sus instancias hasta reducirlo y vencerlo sin atenuantes. La Justicia no puede ni atemorizarse ni dejarse patotear por un conjunto de matones: debe actuar.

El gobierno de Mauricio Macri también debe actuar. Lo que hoy se vio en las adyacencias de los tribunales federales no puede volver a ocurrir. Las fuerzas de seguridad deben demostrar que están a cargo de la situación y que ningún grupo privado neofascista va a tomar las calles para imponer su propia ley. Es imperioso que la sociedad reciba señales de que el orden democrático está por encima del orden del terror que pretende imponer el miedo a la fuerza y a la capacidad de daño físico con la que amenaza y se florea el populismo totalitario.

La Justicia debe imprimir toda la velocidad posible a los procesos. En especial a aquellos en los que se investigan los mecanismos del robo y del enriquecimiento vil de los que decían defender al pueblo, cuando en realidad lo estaban esquilmando.

Las causas de Hotesur y lavado de dinero deben avanzar con prontitud. Es inconcebible que, con la evidencia acumulada, el juez Rafecas no haya movido un papel ni ordenado una sola diligencia desde que recibió la causa luego del dudoso trámite que expulsó a Bonadío del expediente.

Allí hay miles de documentos secuestrados en las oficinas de Máximo Kirchner en Rio Gallegos que un días de estos, a este paso, van a desaparecer.

Aquel día, en el operativo ordenado por Bonadio, la jueza local que debía autorizar la diligencia, demoró tres horas para habilitarla. En ese lapso (y está documentado con filmaciones) distintas personas sacaron documentación y bolsones de dinero de la inmobiliaria del hijo de la ex presidente. Nadie nunca investigó ese delito cometido en yunta por los secuaces de Máximo Kirchner y la jueza de Río Gallegos.

Aun así, cuando los agentes policiales pudieron entrar, todavía había bolsos con dinero y billetes tirados por el piso. La prueba recogida allí sigue durmiendo, sin embargo, el sueño de los justos en un galpón de la Gendarmería. No se les pueden dar estas ventajas a los delincuentes.

También es preciso hablar claro sobre el cuento del “pueblo” y del “gobierno nacional y popular”. Es preciso desenmascarar a quienes pretenden esconderse detrás de unos bandos revolucionarios engañando giles a quienes luego someten. El verso izquierdoso debe caer por el peso de la montaña de dólares que se robaron: la gente debe darse cuenta, finalmente, cómo la engañaron fomentando la envidia, la división y el odio para que, mientras esos sentimientos horribles se adueñaban de los corazones argentinos, ellos seguían robando a mano llena.

El espectáculo de hoy no puede repetirse. La democracia nunca más puede regalarle el protagonismo a quienes llegaron al poder para destruirla y para reemplazarla por un régimen cuasi militar de imposiciones, saqueo y privilegios.

La ex presidente debe explicar con lujo de detalles el origen de su fortuna. Es tan sencillo como eso. El mismo imperativo vale para muchos de los amanuenses que la acompañaron en su gobierno. Toda la cháchara vacía y llena de resentimiento que, como en sus mejores épocas, destiló hoy se desvanece frente a esta requisitoria simple: “Explicá cómo te hiciste millonaria”. Son cinco palabras lapidarias. Hasta que no dé cuenta detallada de cómo hizo su fortuna declarada y dónde está la no-declarada, todo lo que diga no podrá ser tomado como otra cosa que lo que es: una enorme pantalla demagógica y seudo revolucionaria para imbaucar estúpidos.


  • Mario Eduardo Stefani

    Excelente. Creo que a la ministra Bullrich el cargo le queda demasiado grande. Hay que actuar, dentro de la ley, pero sin demoras.