Una medida que no se entiende

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La desafectación de Graciela Bevacqua del cargo de Directora Técnica del INDEC es un hecho curioso por donde se lo mire. Bevacqua había sido desplazada del INDEC por las huestes de Guillermo Moreno, cuando el ex secretario de comercio -el mismo que hacia poner de pie a la gente cuando él entraba a un despacho- decidió que los índices profesionales que publicaba el equipo del INDEC bajo la supervisión de Bevacqua no le gustaban.

Producido el cambio de gobierno el presidente Macri decidió reponerla en su cargo bajo la diección general de Jorge Todesca.

Cuando el economista -que había sido uno de los multados por Moreno y que llevó a juicio a “Lassie” por considerar inconstitucional el impedir que expresara libremente las conclusiones de sus trabajos, demanda que Todesca ganó- se hizo cargo del Instituto dijo que el mismo estaba destruido, que aquello era “tierra arrasada”, que no quedaba nada. Lo cual era bastante creíble dados los métodos que todos le conocíamos al “economista” que ahora publica libros prologados por el Papa. (Seguramente Francisco no está al tanto de que este señor hablaba con la gente con un revolver .38 arriba de su escritorio y por eso, cándidamente, ha accedido a prologar su “obra”)

De allí pasamos a la información que decía que elaborar un índice confiable, respetado e internacionalmente reconocido llevaría unos ocho meses. Dicho período era mucho más corto de lo que internacionalmente se conoce como tiempos de elaboración de un índice de precios razonablemente creíble. Los especialistas en la materia dicen que ese tiempo es de entre uno y dos años. Ocho meses parecían, entonces, un tiempo adecuado para la reconstrucción. Más allá de los desvaríos de Moreno, el Instituto estaba allí, se suponía que algo podría rescatarse y utilizarse. La mezcla de uno y otro dato daba que ocho meses era un término razonable: ni dos años, como los especialistas dicen que se tarda cuando se empieza de 0, ni un mes como quien se encuentra tan solo con problemas menores, de detalle.

Mientras tanto Todesca anunció que se utilizarían como índices de referencia los de la Ciudad de Buenos Aires y el de la provincia de San Luis, que forman parte del sistema nacional de estadísticas y que son organismos confiables.

Pasaron unas semanas y el tema inflación comenzó a ser batido como un parche que no podía esperar. A la cabeza de esos reclamos se ubicaron los muchachos que antes ni siquiera pronunciaban esa palabra, que se enojaban cuando la pronunciaban otros y que te llenaban de insultos cuando tus comentarios hacían centro en la inflación de 10 años del gobierno de los Kirchner.

La ex presidente Fernández nunca pronunció esa palabra en público, ni la palabra “inseguridad”, ni ninguna que contraviniera el relato de Walt Disney World. Pero ahora Macri es el primer inflacionario, el demonio insensible que mata a la gente con los precios.

El gobierno asumido el 10 de diciembre fue el primero en hablar del tema y en considerarlo como el problema más grave que tenía la economía. Presentó un programa de metas para llevar la inflación al 5% en el último año de esta administración.

Pero no alcanzó. Los nacionalkirchneristas, los sindicatos y alguna parte de la oposición peronista acusaron al gobierno de esconder los índices bajo el argumento de “estar arreglando” el INDEC.

Entonces el gobierno tomó la decisión de desplazar a Bevacqua, sugiriendo que, en efecto, no se podían esperar ocho meses.

Los efectos de la decisión han sido múltiples. Por empezar sectores gremiales del INDEC resisten la medida. Algunos directores amenazaron con renunciar si Bavaqua no sigue. Los nacionalkirchneristas dicen que los acusaban a ellos de desplazar a directores del INDEC y que Macri hace lo mismo.

Se trata de una situación francamente kafkiana en donde, quien parece “darle el gusto” a otro recibe los cachetazos de ese otro, y en donde la reflexión más a mano consiste en preguntarse si el gobierno está realmente firme en sus decisiones o se bambolea cuando soplan los vientos de la oposición.

Si realmente elaborar un índice de precios confiable e internacionalmente aceptado y respetado lleva entre 12 y 24 meses, ¿por qué no respaldar a la funcionara que prometió entregarlo en ocho, sea quien sea el que venga batiendo el parche?

Macri dijo que es falible; que puede equivocarse. Esa realidad contrasta, a su vez, con 12 años en donde la Argentina vivió creída que estaba en manos de seres que dominaban hasta el más diminuto detalle de la sabiduría humana, desde la arquitectura egipcia hasta la abogacía exitosa.

La escena huele al típico péndulo argentino en donde pasamos del blanco al negro sin escalas. Si el gobierno pretendía confeccionar un sistema de medición de precios confiable no tenía ninguna necesidad de dejarse patotear por los que le exigían un número ya. Tendría que haberse hecho fuerte alrededor de la idea de que el nacionalkirchnerismo destruyó el INDEC (como era cierto) y que levantarlo sobre sus escombros llevaría ocho meses. Que mientras tanto se utilizarían los índices de San Luis y Buenos Aires.

Esos índices dieron 6 y 4 % de incremento en enero respectivamente. Hasta el índice “Congreso” fue menor (3,6%). De modo que no se podía decir que el gobierno estaba mandando a utilizar índices que lo favorecían. Además Bevacqua era una técnica buena, reconocida por toda la profesión seria.

La histeria por la inflación debe acabar. A la inflación hay que combatirla, no usarla como argumento político. Y encima por los que la crearon y la ocultaron, por los que la reprimieron. La hipocresía en este campo debe acabar. Y el gobierno debe ser consciente de que su mayor activo con la sociedad sana es decir la verdad por más que esta sea dura, lenta o desagradable. Lo decimos una vez más: el presidente cuando era candidato dijo que creía que la sociedad estaba madura para aceptar el cambio. No hay ninguna razón para que ahora dude acerca de nuestra madurez para entender las razones que lo imponen.


  • mrlutz

    Ya consagrado Presidente, un canal de noticias le preguntó cuanto tiempo estimaba él que el pueblo en general debía percibir que la confianza depositada en su voto no era defraudada. Resumo la respuesta del Ing. Macri: DOS MESES.

    Entiéndaseme bien, no es que en dos meses todos los problemas estaban solucionados, o encauzados hacia una solución. En dos meses la gente debía percibir que el cambio de rumbo era acertado y que la economía comenzaba a salir del estancamiento.

    En estos dos meses Pray-Gay ha prevalecido entre los economistas del PRO, como la persona que más se adapta a la imagen que prefiere el Presidente, de no inspirar temor frente a las terribles circunstancias que ha heredado la actual administración y de dedicarse a resolver cada uno de los temas.

    Nombrar como ejecutores de esta ingente tarea a personas que provienen del mundo empresario y de la gestión por objetivos, con solvencia técnica para hacerlo, ha generado críticas y adhesiones.

    Ahora en el caso del INDEC ante una discrepancia sería entre la necesidad técnica y la necesitad política de tener un índice creíble de inflación, notamos que la política se ha impuesto sobre lo técnico. ¿Cuánto tiempo le quedan al resto de los CEO para obtener resultados que la política necesita.

    Respecto al tiempo para elaborar un índice de precios confiable, su editorial Carlos, menciona que “los especialistas en la materia dicen que ese tiempo es de uno a dos años”. Orlando Ferreres declaró a la prensa como excesivo el plazo estimado por Bevacqua y mencionó dos 2 meses como plazo para la normalizar las estadísticas. ¿Quién está en lo cierto?.

    Todesca no es solo el profesional que venció a Moreno en los estrados judiciales, fue también el vice ministro de economía de la gestión Duhalde / Remes-Lenicov que ascendió al poder por la ventana del 2001, asegurando contar con el apoyo del FMI, que nunca se concretó. “Ningún país se recupera sin un “plan Marshall” señalo en aquél entonces el Presidente Duhalde. Pero una conflagración mundial es una cosa y el despilfarro fiscal y endeudamiento descontrolado otra, si añadimos que los responsables de la situación se erigían como salvadores y como excusa violaban la seguridad jurídica, ese apoyo del FMI nunca podía concretarse.

    Ahora volvemos a la época del verso.

    Declaraciones de Todesca: El Indec es tierra arrasada” – 14.12.2015 “En el Indec sobran picadoras de papeles y faltan computadoras” 12.02.2016 la funcionaria estaba “en una torre de marfil”, “Ella no renunció, nosotros le pedimos la renuncia y produjimos la sustitución. Si ella quiere participar en algún proyecto de investigación con el Indec está cordialmente invitada” 15.02.2016

    Bevacqua acaba de declarar: “Son cosas distintas, pero parecidas. Moreno lo dijo de frente y me apretó de frente”. a mí me echó (Néstor) Kirchner. En este caso, sólo me desplazó (Jorge) Todesca” (Radio La Red)

    Si echamos de esta manera a un funcionario que realmente sabe de estadística porque a la política no le convienen, ¿en que cambiamos?

    A este gradualismo le falta sintonía fina. Si eliminamos retenciones al maíz para facilitar exportaciones, pero no fijamos un cupo para abastecimiento interno, el precio en el mercado interno aumenta, como ha sucedido y el alimento para pollos encarece la producción del principal sustituto de la carne vacuna.

    Si subsidiamos a las petroleras, le quitamos las retenciones a las mineras y a los trabajadores le pedimos que “pongan el hombro, mientras el subsidio por desempleo es de $ 400 y no se actualiza desde el 2006….

    Falta sintonía fina, mejores modales, si “cambiamos” no podemos volver a las viejas prácticas.