Una desazón

20161016-pena-linotipo-aballay

La verdad que resulta difícil seguir la estrategia política de los estrategas políticos del gobierno. Escuchar a Marcos Peña ensalzar a Cristina Fernández, es como un insulto, una cargada, para los que están haciendo un esfuerzo muy grande para dejar atrás la que probablemente haya sido una de las noches más oscuras de la historia argentina.

Francamente resulta muy frustrante para esa gente, sobre la que vuelve a caer todo el precio de lo que hay que hacer para tratar de arreglar lo que doce años de patoterismo, delincuencia, odio, atraso, corrupción y robo arruinaron y prostituyeron, ver al jefe de gabinete del gobierno de “Cambiemos” casi reivindicar políticamente a una figura a la que no debería asociarse a otra cosa que no fuera una monumental estafa.

Hubo mucha gente, incluso, que se jugó mucho personalmente para que esa oscuridad terminara y ahora resulta que el gobierno surgido en gran medida de esas acciones, poco menos que pondera a alguien que se valió de las estructuras del Estado para enriquecerse personalmente y para defraudar moralmente a los que menos tienen… ¡Es de locos! Realmente estas cosas enfurecen.

Cómo no comprender, por ejemplo, reacciones como las de Jorge Lanata que se jugó su pellejo personal para poner al descubierto decenas de hechos ilícitos que le costaron miles de millones de dólares al pueblo y que luego ve al jefe de gabinete Marcos Peña hacer declaraciones como las que hizo a Perfil el fin de semana, diciendo que Fernández “tiene más importancia de la que se le da”.

Pero eso no es lo peor. Existe una fuerte ola de rumores que explican que esa es una estrategia pensada a propósito para ganar las próximas elecciones, especulando con que la presencia viva de Fernández en la política, divide al peronismo y mantiene presente la grieta de la cual el gobierno pretende sacar tajada electoral.

Resultaría francamente desmoralizador terminar comprobando esos rumores. Que un gobierno le de oxígeno a alguien que debería estar preso (si la Justicia funcionara como corresponde en este país) porque de allí supone que surgirá una ventaja electoral para sí mismo es tan bajo, pero tan bajo que, la verdad, uno se queda sin palabras.

¿Y este es el patrón moral de Cambiemos?, ¿especular políticamente con un personaje que les robó a los que menos tienen, que prostituyó las instituciones del país, que destruyó la economía, que aisló al país del mundo y lo convirtió en un fenómeno digno de lástima?

Paralelamente a esto, los tres principales jueces que llevan las causas que involucran a Fernández en delitos millonarios -Bonadío, Casanello y Ercoloni- han entrado en una meseta sugestiva y total. ¿Cuánto hace que no sabemos si en esos expediente se ha movido siquiera un papel?, ¿no tiene acaso plazos el código procesal?, ¿cómo es posible que frente a semejantes estropicios la Justicia esté parada desde hace semanas, como si estuviera en feria judicial?

El gobierno, por su parte, cree que estratagemas como estas pueden manejarse independientemente de sus apelaciones económicas o, para decirlo mejor, a los agentes económicos.

En efecto, no hay día en que no haya una frase de convocatoria a los inversores; en algún caso, incluso, con una dosis de sorna innecesaria (como la de Pinedo, por ejemplo, “los que no inviertan se la van a perder”); no hay día que no se recuerde que hay que blanquear “porque la joda se acabó”. Sin embargo, por otro lado, y con declaraciones como las de Peña, se le da vida a quien ha sido la causa más próxima para que el dinero se vaya de la Argentina. ¿Sería extraño que un inversor -y hasta un blanqueador- dudara, viendo el fantasma de Fernández aun dando vueltas por el horizonte político argentino?, ¿y si toda esa estafa vuelve?, ¿a quién le voy a cantar?, ¿a Peña o a Gardel?

En fin, vuelvo al principio: resulta difícil entender a los “estrategas políticos” del gobierno. Muchas veces, cuando ocurren cosas como esta (como fue en su momento el berretín de no dar a conocer el verdadero estado en que se encontró el país -otra idea “genial” de Peña y Durán Barba-) uno siente la desazón de haber hablado y escrito al divino botón. Parecería que siempre la Argentina te defrauda. Si no es con la plata es con las actitudes. Pero siempre te defrauda. La eterna historia de un país de estafadores.