Una decisión atómica

El país ha tomado una decisión de la que se arrepentirá el resto de su vida histórica. Más allá de que lo que se votó ayer eran en teoría unas elecciones “internas”, dado que tal competencia no existía hacia el interior de los partidos, el resultado debe interpretarse como una elección presidencial. Y el resultado favoreció a los candidatos del fascismo. A los que probaron que son fascistas, a los que gobernaron como fascistas cuando estuvieron en el gobierno y a los que el fascismo los anima cuando hablan. Eso es lo que votó la Argentina: un conjunto de fascistas.

El país se dirige, por lo tanto, al fascismo, al encierro, al aislacionismo internacional, al cierre de fronteras, al cierre del comercio y a vivir con lo propio.

La Argentina volverá a intentar repetir la magia de repartir antes de generar, de patinarse lo que sea en el hoy y se cagará en el mañana. Políticamente deberá dirimir una traición en puerta: la de Fernández a Fernández o la de Fernández a Fernández.

En esa disputa, uno de los Fernández cubrió sus espaldas con la retaguardia del socialismo nazional de La Cámpora y las fuerzas de choque del populismo autoritario tradicional, aquel con el que gobernó 12 años. El otro Fernández espera que los gobernadores lo apoyen. Pero olvida que los gobernadores esperarán a ver quién triunfa en aquel duelo de traiciones previas.

Mientras, el país soltará las amarras que aún lo mantienen unido al mundo libre. Adiós al acuerdo con la UE, adiós a un emparejamiento con la legislación brasileña y chilena, adiós a los acuerdos de Vaca Muerta (salvo que el fascismo rapaz detecte allí un nuevo maná y lo exprima hasta extinguirlo) y adiós a la competitividad internacional.

Los mercados recuperados se perderán todos. Y aquellos que ni siquiera se habían recuperado quedaran en el olvido para siempre. Los residentes de la Argentina estarán obligados a intercambiarse espejitos de colores entre ellos, a precios carísimos y con malísima calidad.

Volverán los carteles de la obra pública, volverán las obras que se pagan y nunca se hacen… Y también volverán otros carteles.

El país que se vende al mundo como interesado en valores que superan el mercantilismo económico, caerá en el populismo despótico porque solo miró su billetera. Es una paradoja digna de la tristeza.

Los carreros de siempre recuperarán su voz. Aparecerán nuevamente los Bonafini, los Larroque, los De Pedro, los Giardinelli, los Carlotto, los D’Elia. Todos ellos vendrán cargados de venganza. Florencia Kirchner recuperará su salud milagrosamente en Cuba y comenzará el desfile de corruptos liberados, liderados por De Vido y Boudou.

El nuevo gobierno volverá a tender lazos con Venezuela, con Irán, con Rusia y con China, a quien, probablemente, le ceda más territorio soberano, más allá del que ya le cedió en su momento.

Las libertades civiles se verán seriamente restringidas, empezando por la libertad de opinar y de informar libremente. Por supuesto que se volverá a la carga con la ley de medios, con la anulación de la Constitución de 1853 y con la puesta en comisión de los jueces del Poder Judicial. Los que aspiren a una Justicia independiente que se vayan despidiendo de ella. A partir de Diciembre el derecho de propiedad estará en peligro.  Y desde hoy mismo lo considero “en comisión”.

Esto es lo que ha votado el país. Y lo votó por la billetera. Que conste para los que dicen que la sociedad se maneja por valores “humanistas”, lejos de la materialidad del dinero.

¿Cómo creen ustedes que continuarán los juicios por robo al Tesoro Público contra Fernández?, ¿Cuál creen ustedes que será el destino de Daniel Santoro, por ejemplo? ¿Qué creen que ocurrirá con Cristóbal López o De Souza? ¿Qué creen que pasará con Echegaray? ¿Cumplirá Magario con su promesa de hacer de la Provincia de Buenos Aires una “gran La Matanza”? Veamos cómo viven los matanceros y, si Magario cumple, tendremos una proyección adelantada de lo que será la Provincia que rechazó a Vidal.

Las sociedades deberían hacerse responsables de lo que votan. Pero la sociedad argentina no lo hará. Solo quedará condenada a la pobreza extrema, a la igualdad en la miseria, a un éxodo creciente de argentinos que se irán.

Lo que viene es un futuro adverso. Un futuro lleno de barro y techos de chapa. Un futuro de una casta que roba y de un montón de esclavos. ¿Tiene responsabilidades el gobierno actual? Por supuesto que las tiene. Manejó con una notable impericia lo que había recibido. No contó la bomba de tiempo que el kirchnerismo le dejó. Creyó que la buena voluntad sería apreciada. Debería ver (para repensar sus conjeturas) cómo le respondió, por ejemplo, Corrientes: nunca la provincia había sido tan bien tratada por un Gobierno Federal, nunca recibió tanto dinero en efectivo y en obras como con Macri. Resultado: el 63% votó a Fernández.

Esa es la Argentina, señores. El fenómeno mundial inexplicable para los claustros académicos del mundo. Un fenómeno que los demás no pueden explicar porque dejan que la pretensión intelectual les apague la chispa de humor negro que todo lo simplifica: a mediados de 1945 a Japón le cayeron 2 bombas atómicas y hoy es lo que es. A mediados de 1945 a la Argentina le cayó Perón, y hoy es lo que es.