Una banda, un plan, un objetivo

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La situación energética del país, que tiene en vilo al gobierno y a la sociedad toda porque de su resolución depende si el país podrá dejar o no atrás el atolladero kirchnerista, es otra evidencia de que el país estuvo sometido al accionar de una banda constituida al solo efecto de cometer delitos a gran escala y cuyo apetito por el desfalco la llevó a organizar un plan para copar las estructuras del Estado, único lugar que les podía dar acceso a fortunas imposibles de alcanzar si se hubieran dedicado a delinquir en el “sector privado”.

Solo el manejo de todos y cada uno de los rincones del Estado les podía suministrar esa fuente incalculable de riquezas que ahora vemos pasar todos los días por delante de las cámaras de televisión.

Miles de millones de dólares, miles de hectáreas de tierras, cientos de propiedades diseminadas en todo el país, activos que aparecen hasta debajo de la tierra, son el fruto de un saqueo sistemático al tesoro público que, obviamente, no habría alcanzado semejante escala si la banda no se hubiera sentado en los sillones del poder.

La energía no fue un campo que estuviera al margen del plan del robo. Al contrario, fue completamente funcional al acrecentamiento del botín.

Solo el gobierno tenía la capacidad para diseñar un plan para que el país se dirigiera a la inanición energética y solo el gobierno tenía la capacidad para establecer una estrategia para reponer esa energía perdida.

El kirchnerismo destruyó adrede toda la estructura de producción de energía del país por la vía de hundir a las empresas que formaban parte del circuito de creación, transporte y distribución. Lo hizo no permitiéndoles una adecuación tarifaria aun cuando la inflación de su período superó el 1000% . Ese era su plan desde el mismo inicio del gobierno de Néstor Kirchner. Las acciones se pusieron a ejecutar desde el primer momento porque allí había una fuente de esquilme sin parangón.

Todos recuerdan que el primer cortocircuito entre Kirchner y Scioli a solo unos meses de haber asumido fue precisamente por un comentario del entonces vicepresidente sobre la necesidad de adecuar las tarifas de los servicios públicos.

Detrás del plan para destruir la capacidad del país para producir energía había otro plan que, teóricamente, venía a solucionar la obvia consecuencia de quedarnos básicamente sin gas (la matriz energética argentina está basada muy fuertemente en el gas –la energía eléctrica es un tipo de energía derivada y no originaria-). Ese plan consistía en la importación de gas en estado líquido con la compleja intervención de buques regasificadores que transformarían ese gas líquido nuevamente al estado gaseoso para instalarlo en el sistema.

Ese esquema dio origen a una monumental fuente de corrupción y saqueo de los dineros públicos mediante el amañamiento de esos contratos que aun hoy no logran mensurarse.

Una vez más: solo el manejo de las prerrogativas del Estado les permitía acceder a esas fuentes de defraudación. La más sofisticada banda criminal que operara en el “sector privado” nunca hubiera tenido acceso a semejantes fuentes de saqueo.Una experimentada banda de ladrones que hubiera aceitado sus mecanismos para robar sistemáticamente, por ejemplo, bancos, nunca habría podido alcanzar las cifras que solo el Estado maneja.

La situación por la que atravesamos, debiendo mendigar energía a países vecinos, no ha sido la consecuencia de la impericia o de la ignorancia: ha sido el resultado buscado para implementar otro de los capítulos del desfalco.

El plan también buscaba quedarse físicamente con las empresas ya sea por vía directa o por poner allí a amigos a quienes se mandaba a “comprarlas”. Todos los inversores originales de las empresas energéticas se fueron del país y todos los que llegaron tuvieron que amoldarse a las exigencias de los Kirchner.

Por eso sería interesante, como alguna vez lo sugirió la Cámara Federal, que se estudiara la posibilidad de establecer una sola causa (“megacausa” dijo la Cámara) en la que el eje de investigación sea el defalco de la administración pública por una asociación ilícita constituida ad hoc para ese fin. Eso le daría a los investigadores un hilo conductor que una todos los puntos que vayan tornando cada vez más entendible el hecho de que el “vamos por todo” era una finalidad que figuraba en los planes de la banda desde su mismo comienzo y que no fue una mera frase de barricada.