Un día de furia en materia de disparates

En las últimas horas los argentinos hemos asistido a una pléyade de comentarios que francamente confirman las peores sospechas. Ya veníamos de Moyano, proponiendo “hacérsela pagar” a los periodistas que lo investigaron y de la “mecha corta” de Grabois, el niño bien devenido a revolucionario que saldría de caño si lo mandaran a juntar cartones.

En México, Alberto Fernández le dio un reportaje para la televisión rusa al prófugo Rafael Correa (que en su fuga para refugiarse no eligió ni La Habana, ni Caracas ni Managua, sino la flemática y neoliberal Bélgica). Allí dijo que Latinoamérica había asistido en todos estos años a una persecución sistemática, por parte de la justicia neoliberal, de lo que él definió como “líderes populares” y que los más perjudicados por ese proceso habían sido Lula, el propio Correa y Cristina Fernández.

Aquí dejo una pregunta al margen: ¿será, para Fernández, un “líder popular” un hombre que saca en una elección el 52% de los votos y en otra más del 40? ¿O “líder popular” es una categoría definida de antemano por ellos mismos?

Pero sigamos con el comentario inicial. Fernández hizo esas declaraciones en el mismo programa en que hace un tiempo, Cristina Fernández, había dicho exactamente lo mismo: las mismas declaraciones en el mismo programa. Eso nos hace pensar que otra aseveración del presidente electo en el interín entre los dos debates presidenciales acerca de que él y la jefa de la banda son lo mismo, no puede ser más cierta.

Estas definiciones son por cierto muy peligrosas. Por empezar constituyen un tiro mortal para la Justicia, porque desde ahora y con la autorización de la palabra pública de las más altas autoridades electas, cualquier ciudadano frente a un cuestionamiento judicial podrá utilizar el argumento de que todo el proceso es parte de una patraña en su contra y que no es más que la prueba más fehaciente de una persecución política.

Esto, salvo, claro está, que solo ellos puedan esgrimir argumentos como ese y que todos los demás mortales debamos someternos a sus designios, a lo que ellos quieran hacer con nosotros.

Una respuesta a esa disyuntiva pareció darla el mismísimo Rafael Bielsa, el acartonado y solemne ex canciller de Kirchner, que supo construir un muñeco del cual todo el mundo habla maravillas, pero que cuando habla sinceramente manda a desaparecer periodistas que tengan la peregrina idea de investigar a personajes como Moyano, por ejemplo.

Resulta particularmente repugnante que Bielsa se sume a personajes vomitivos de la escena pública como Brieva, Giardinelli, Echarri y otros por el estilo para proponer la desaparición de los periodistas que intentan mantener su independencia. Por lo demás, también resulta llamativo que Bielsa crea, como Moyano, que hay periodistas “mandados” que como títeres, dicen lo que alguien les manda a decir. ¿Será que cuando dicen esos exabruptos están hablando de ellos mismos antes que de los demás?

Por otro lado, una ignorante de la ciencia económica más básica como Mercedes Marcó del Pont, dijo que debemos ir a un proceso forzoso de desdolarización, como si aún no supiera que todo lo que se persigue a la fuerza genera el efecto precisamente contrario, o, lo que es peor, que los argentinos van a rechazar una moneda que no respetan por más que se la quieran meter a la fuerza hasta por el culo.

Y para completar el cuadro de disparates de un día francamente desopilante para la Argentina, otro Fernández (¿será que llamarse Fernández es un indicio prima facie contrario al sentido común?, en este caso Roberto, el secretario general de UTA, dijo que el presidente electo debía darle sin asco “a la maquinita”, inundar la calle de plata y “después veremos, que sé yo, devaluaremos, dentro de unos meses…”

La irresponsabilidad de este burro es de tal magnitud que si por él fuera debería desmantelarse lo que aún queda en pie del aparato productivo argentino e instalar todas imprentas, imprentas por doquier. Por aquí y por allá, todas funcionando a toda máquina (eso sí: no sé con qué energía) para imprimir billetes y más billetes. Todos felices, supermillonarios en papeles.

El principal de los Fernández no puede demorar mucho más sin dar una señal clara de lo que va a hacer. No es posible seguir con esta propagación de disparates sin que el presidente electo diga si efectivamente tenemos “mecha corta”, si vamos a “hacerles pagar” algo a los periodistas (o eventualmente hacerlos “desaparecer”) si estamos frente a líderes populares que reciben esa calificación de los propios “líderes” que se autocalifican de “populares”, si vamos a dar rienda suelta a “la maquinita” para inundar la calle de pesos que nadie quiere y si vamos a desdolarizar la economía a la fuerza.

El presidente electo debe definir si su gobierno encarnará la ley o la fuerza bruta. Debe decir si avala las desapariciones de periodistas o si se opone a ellas. Debe decir si la evidencia judicial debe llamarse prueba o “lawfare”; debe definir si nos va a indigestar con papeles que no queremos y, fundamentalmente, qué rol van a jugar en su gobierno las voces que con estridencia se hicieron escuchar en las últimas horas. Entre ellas, la de él mismo.