El tratamiento del aborto

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El presidente ha instruido a sus legisladores para que habiliten en el Congreso el tratamiento y eventual aprobación de una ley que establezca el aborto legal con el solo consentimiento de la mujer.

Se trata de un tema urticante y que históricamente ha levantado oleadas de discusiones y, muchas veces de pasiones enfrentadas.

En primer lugar solo un dato curioso que el tema trae a colación sobre la mismísima Argentina. ¿Saben cuándo el país discutió esta cuestión por primera vez? En 1902, bajo la presidencia de -¿quién si no?- Julio Argentino Roca, el más grande estadista que tuvo el país junto con Sarmiento y Alberdi.

Eso va para los que califican de “antigua” cualquier referencia a aquella Argentina dorada. A ellos les pregunto: ¿qué país era más “moderno”? ¿este o aquel?

Lo mismo puede decirse de la concepción filosófica que el país tenía en ese momento desde el punto de vista social, económico, de relacionamiento internacional, etcétera: aquel era el país moderno; este es el antiguo. Para esos iletrados que juzgan la modernidad solo por el almanaque, digamos que las ideas del éxito son siempre las mismas, que no han variado: en el siglo XIX inventaban la maquina a vapor y en el XXI el iPhone, pero el sustrato que las moviliza es el mismo.

Dicho esto, volvamos a nuestra cuestión puntual. El aborto legal bajo el solo consentimiento de la mujer está vigente en muchos países del mundo y en algunos también produjo y aún hoy sigue produciendo embates, discusiones y enconos.

Pero lo que sí parece una regla general en todos esos países es que la cuestión no está emparentada con la ideología. Puede ser que en algún caso siga la línea de algún partido, pero no tiene un tratamiento ideológico.

En la Argentina sí. O por lo menos lo ha tenido hasta ahora. En general la bandera del aborto legal con el solo consentimiento de la mujer ha sido levantada por el “revolucionismo” de la izquierda de oropel que la Argentina ha sabido engendrar. El abortista es un “revolucionario” y el anti abortista un dinosaurio un facho despreciable.

Nunca la cuestión ha sido abordada como lo que estrictamente es: un tema de salud pública. Quienes mueren en abortos hechos “a cuchillo” en la trastienda de una tapera son las mujeres jóvenes de bajos recursos que no quieren dar a luz y que terminan con su vida a manos de un delincuente.

El país, sin embargo, tiene la virtud de transformar todo este tipo de cuestiones en algo que le sirva para dar vuelo a su espíritu de rebelde sin causa. Lo mismo ocurrió con la ley de matrimonio igualitario.

Por todo eso, lo primero que habría que hacer es sustraer esa bandera de las manos de los impostores de izquierda que creen que son “de avanzada” porque proponen el aborto. Aquí “de avanzada” son los que tienen IDEAS de avanzada, como Roca o Sarmiento o Alberdi. Vengan de donde vengan y hayan vivido en el siglo que hayan vivido. La Constitución de Venezuela que no tiene más de 20 años es más antigua que la Carta Magna jurada en 1215.

La Argentina necesita una ley organizada de aborto legal. Eso no quiere decir que el aborto se transforme en obligatorio. Quienes por las razones que fueren no quieran abortar, pues no abortarán.

Pero los miles de chicos que nacen en la miseria, muchos fruto de la ignorancia, del paco y de la droga; a los que no les espera más que un futuro de privaciones, delincuencia, más droga y probablemente la muerte no tienen por qué cargar con la culpa irresponsable de padres.

A su vez el sistema de seguridad social del país no dará abasto para mantener la curva extrapolada de proyección de nacimientos en condiciones de indigencia y pauperismo económico.

También habrá que esperar, seguramente, las caras de traste de Francisco. Aun cuando, como sus amigos kirchneristas están también dándole manija a la misma movida, se vea compelido a transigir. Muchos dicen que la ultraevidente mala relación que el Papa tiene con el presidente nació, justamente, cuando MacrI, siendo Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, habilitó el tratamiento y aprobación de la ley de matrimonio igualitario que precedió en mucho a la que impulsaron los Kirchner a nivel nacional una vez que le echaron un ojo atrasado a las encuestas.

Sea como fuere el país debe entender que no hay ninguna ideología discutiéndose aquí. Estoy muy lejos del jurasismo izquierdoso que caracteriza a la “progresía” nacional y, sin embargo, entiendo que se debe legislar sobre este asunto para detener un proceso de pauperización irreversible de la población y un riesgo de vida presente para los que menos recursos tienen.

El reclamo agrega la exigencia de la gratuidad. Este tema, que en otra época en donde las intervenciones requerían una infraestructura médica costosa podía ser un punto a considerar, puede ser resuelto hoy de manera completamente química, es decir, con la dosificación de medicamentos de laboratorio. Por lo que un eventual argumento de que la cuestión encarecerá el costo total de la medicina preventiva no parecería a priori sustentable.

Es saludable la decisión del presidente. Ojalá la llamativa tendencia argentina a arruinarlo todo no enturbie lo que debería ser muy claro y trasparente.