Son estos, no hay otros

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Los cuentos que parecían de ciencia ficción cuando las primeras investigaciones periodísticas daban cuenta de bóvedas, estancias en el sur con dinero enterrado, enormes cajas fuerte del Banco Hipotecario trasladadas a propiedades de los Kirchner, podrían empezar a confirmarse y a cobrar visos de realidad más temprano que tarde.

Quizás sea esa expresión de deseos atorada en el ánimo de la mayoría de los argentinos, que daría lo que no tiene para ver las pruebas del robo por una vez en la vida delante de sus ojos. Otros van más allá en sus sueños y piden la restitución de lo robado. Pero lo cierto es que desde hace unas cuantas horas existe un clima de “mani pulite” que esperanza a muchos y que tiene atentos a otros.

Hace unas semanas el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, emitió una señal hacia todo el poder judicial en el sentido de que la meta primordial de esa rama del Estado debía ser la lucha contra la impunidad y que los jueces debían perseguir la corrupción y castigarla.

Algunos dicen que eso explica la súbita aceleración que han tenido algunas causas. Otros indican que esta es la respuesta de los juzgados federales al proyecto del ministro Garavano para reformar esa área de la Justicia, con la creación de Juzgados con competencia específica que, necesariamente, recortaría el poder de los jueces actuales.

Muchas de esas materias, para las cuales el ministro quiere jueces específicos, tienen que ver con la corrupción, el lavado de dinero, el narcotráfico y el terrorismo. Si los doce jueces que hoy en día trabajan en Comodoro PY pudieran entregar pruebas de que esa reforma no es necesaria porque ellos son capaces de lidiar con esas causas pudiendo entregar resultados visibles en plazos razonables, quizás la iniciativa se detenga y ellos conserven su poder.

En Estados Unidos Bernard Madhoff estaba preso seis meses después de que sus desfalcos financieros se descubrieran. En Paris, 24hs después de los atentados tanto en Charlie Hebdo como en el centro de la ciudad, se conocía la identidad de los terroristas. Aquí hace más de 20 años que no se sabe nada sobre las voladuras de la Embajada de Israel y la Amia.

Esta asociación ideal entre corrupción e impunidad debe terminar. Y no hay dudas de que los jueces son los que están en mejor posición para tirar la primera piedra.

Otras veces ese paso debería ser dado por los propios protagonistas, si es que no tienen nada que esconder. En ese sentido, es una pena que el presidente no se haya presentado espontáneamente a la Justicia para decir “aquí estoy, investígenme”. La verdad es que perdió una oportunidad de oro para sorprender con un golpe de efecto inesperado y, desde ya, completamente infrecuente.

Que en medio de tanta podredumbre hubiera aparecido el fulgurante contraste de Macri poniéndose a disposición de la Justicia, habría llevado ese hecho a la ponderación de todos.

En realidad no se sabe por qué no lo hizo. Varios ministros han contado que el día de la asunción, viendo la gente en las calles que lo saludaba para augurarle suerte, el presidente los reunió a todos y les dijo: “No le podemos fallar a toda esta gente… Al primero que se mande una macana yo mismo lo voy a llevar de una oreja a Tribunales.”

Por qué no fue él el primero en pedir una investigación que aclarara su situación, no se sabe. Hubiera sido lo deseable: un presidente desnudo ante los jueces rindiendo cuentas por las dudas que pudieran haberse generado. Inédito. Y encima con un aprovechamiento político único, si es que lo queremos mirar desde ese ángulo, siempre mezquino, de los costos y los beneficios.

Ahora ya es tarde. Por una denuncia del diputado del FpV de Neuquén, Darío Martinez, el fiscal federal Federico Delgado imputó al presidente en el juzgado de Sebastián Casanello para averiguar si Macri ocultó maliciosamente la declaración de esa sociedad.

De todos modos la Justicia -y particularmente Casanello- podrán dar aquí otra muestra de si están dispuestos a expedirse con celeridad sobre cuestiones que afectan gravemente el estado de ánimo social.

La sociedad tiene derecho a saber con prontitud si el presidente que está pidiendo sacrificios importantes a cambio de un futuro mejor, tiene la suficiente autoridad moral para hacerlo. Es cierto que estas son cuestiones del pasado cuando la vida de Macri era muy distinta a la actual. Pero no importa, el hecho está teniendo consecuencias hoy sobre ese inasible activo que es la confianza y la credibilidad.

Tampoco puede hacerse a un lado la política y no reconocer que, para la oposición, es esencial poner en tela de juicio esa cualidad. Si lo lograra le habría birlado al presidente la parte más importante de su capital político. Ese es otro motivo institucional por el que Casanello debe investigar con seriedad y celeridad esta cuestión. Luego de que el juez se expida en un sentido o en otro no debe quedar la menor duda de que lo que dijo es la verdad.

¿Tiene la Justicia argentina los antecedentes para estar a la altura de estas circunstancias? Lamentablemente no. A ese poder también han llegado truhanes, vivos, gente que no puede explicar su fortuna, etcétera. Desgraciadamente parece que en cualquier lugar de la sociedad en donde se meta presión sale pus. Y dije a propósito “sociedad” y no “poder” porque esta no es una enfermedad solamente del poder. Al poder ha llegado consuetudinariamente una parte representativa de ese coqueteo con la ilegalidad que parece que tienen muchos argentinos. Aquel dicho de que los pueblos tienen los gobernantes que se les parecen, cobra un inusitado brillo entre nosotros.

Pero sea como sea, se trata de los jueces que tenemos y será con ellos, o a pesar de ellos, que tendremos que empezar a recorrer este camino de limpieza sin el cual siempre nos acompañaran la miseria y el atraso.