Presidente, preste más atención a las paradojas que a sus gurúes

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Ya nada será igual en este año electoral después del #1A. Cientos de miles de personas en todo el país salieron a las calles y a las plazas de las ciudades y de los pueblos de la Argentina para respaldar la democracia y la república, puesta en peligro por hordas fascistas al servicio del populismo kirchnerista.

“No vuelven nunca más” y “devuelvan lo robado”, eran las consignas más repetidas en los tres  millones de kilómetros cuadrados de la Argentina. Con “esa” que se robaron, el fascismo está fondeando la ola paga más destituyente de que se tenga memoria desde 1810.

Esa bravuconada, ese empinamiento mal educado, prepotente y soberbio (como lo que son) recibió el sábado (un día hermoso de sol, con una temperatura ideal para pasarlo en familia en lugar de andar por la calle en demostraciones que, de no ser por el populismo golpista, no deberían ser necesarias en la Argentina) un freno en seco.

El gobierno, que se cansó de enviar mensajes confusos y en algunos casos directamente contrarios a la convocatoria, también acusó recibo del evento: hubo emoción y hasta lágrimas en el círculo más cercano al presidente. Recibió un espaldarazo, impensado, seguramente, por los gurúes que no entienden nada, Marcos Peña y Jaime Durán Barba.

Pero atención muchachos: la gente salió a defender la democracia, la libertad y la república; son ustedes, ahora, los que tienen que estar a la altura de esa inconmensurable demostración y dejar la especulación política a un lado para identificar con las palabras y, en muchos casos, con las acusaciones ante la Justicia que correspondan, a los que no son otra cosa que golpistas, apologistas de los guerrilleros de los ’70, delincuentes de hecho y de palabra que tienen ensoñaciones de batallas, de uniformes, de clandestinidad, de muertos y de odios.

Desde estas columnas defendimos esa convocatoria. Contra todos nuestros propios antecedentes -en los que explicamos por qué la gente no debe estar en las calles y por qué el muchedumbrismo no es bueno en las repúblicas libres- dijimos que el fascismo populista tenía que recibir una derrota aplastante en un partido jugado en su terreno -la calle- y con su reglamento -la preponderancia de la apariencia de las masas por sobre la institucionalidad de la ley-.

Ese partido se jugó en el #1A y el fascismo lo perdió. Ya no le quedan ni sus propios métodos: fue vencido en las urnas y en las plazas. Pero ese hecho político -que fue acusado como un duro golpe al mentón por la capitana del “plan helicóptero”, Cristina Fernández- no puede ser dilapidado por la mano fofa de un gobierno indeciso y titubeante: el presidente debe darse por notificado que una mayoría social decisiva sigue viendo en él, no al salvador de los pobres, sino a la tabla de salvación contra el pobrismo. Y deberá actuar en consecuencia.

El “buenismo” de seguir otorgando espacio en los medios pagados por toda la sociedad a personajes que persiguen la instalación de una dictadura y que reivindican un pasado de violencia, de odio y de muerte, no puede continuar. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que Hebe de Bonafini, tenga un programa en la TV pública los sábados a las 9 de la mañana?

Resulta obvio que no pasa por allí el meridiano de la solución de los problemas argentinos. Pero mientras una “corrección política” infame siga impidiendo llamar a las cosas y a las personas por su verdadero nombre, otros problemas más serios tampoco se solucionarán, porque esos tumores que el “buenismo” se niega a extirpar seguirán conspirando para propiciar el fracaso.

¿Qué más hace falta que diga Hebe de Bonafini para que un  fiscal la acuse de apología del delito de sedición y un juez la detenga? ¿Qué otras operaciones debe dirigir la Comandante Cristina para que su prontuario se siga engrosando (aunque esta vez no por robarse el dinero del pueblo sino por atentar contra la Constitución y por estimular la violencia de la fuerza bruta)?

El presidente ha dicho que recibió con emoción las imágenes que desde todo el país llegaron el sábado 1 de abril. Es hora de transformar esa emoción en acción y también es hora de que esa acción (que efectivamente ya existe en muchos campos) sea trasmitida, contada y enumerada al pueblo argentino no solo para que esté enterado de lo que se está haciendo sino para entusiasmarlo con un futuro mejor.

Todos sabemos que contrastar con lo que fue la impresentable burdez de Cristina Fernández resulta una tentación muy grande para cualquiera: hacer lo contrario de semejante mamarracho es algo que cualquier dama o caballero quisiera hacer para, de un golpe, trasmitir la idea de la diferencia.

Pero ese cálculo, en ciertas ocasiones, ha sido exagerado por el gobierno de Cambiemos. Nadie le pide al presidente que caiga en las grasadas que fueron el sello distintivo de Fernández y con el que se cansó de ofender al país tanto dentro como fuera de sus fronteras. Pero el presidente no debe confundir eso con autoexcluirse del uso de herramientas que fueron abusadas (como hizo con todo) por la jefa de la banda delictiva que gobernó hasta el 10 de diciembre de 2015.

La jefa del golpismo utilizó la cadena nacional cientos de veces. Hubo años en que obligaba a todo el mundo a escucharla (salvo que uno apagara la televisión o las radios o se fuera a los canales internacionales) hasta dos y tres veces por semana. Querer dar una imagen opuesta a eso es entendible y el presidente ha tomado como una causa personal el no usar ese método nunca.

Se trata de un error de quien ha dado muchas muestras de que no termina de entender o de aceptar una parte de la idiosincrasia argentina: a nuestra sociedad le gusta ver a su presidente contándole algo. Por supuesto que no se puede abusar de eso y el primer mandatario debe ser el primero en respetar la ley que regula la emisión de las cadenas nacionales. Pero tomar contacto dos veces por año para entusiasmar a la gente con sus planes es algo que debería reconsiderar. Tampoco veía con buenos ojos la convocatoria del #1A y sus cráneos le aconsejaron salir a decir que no la respaldaba. Pero sin embargo terminó ese día llorando de emoción junto a Juliana sospechando que tal vez la República tenga, después de todo, una chance en el país.

La Argentina es un país especial, presidente Macri. No sería un objeto de estudio universal por la diferencia entre su potencial y su realidad, si así no fuera. Entonces, más vale que entienda el valor de las paradojas y adopte ciertos mecanismos (a priori contradictorios con el país que sueña) para que, alguna vez, su sueño -y el de millones de argentinos que creen en la república y en el progreso- se pueda concretar.


  • Pocho

    Casi muero del asco leyendo tu columna, Charly. Y es algo que tengo que reconocerte: te superás con cada cosa que publicás. Congratulaciones.
    Las arcadas mayores se dan sobre todo cuando dibujás un Macri “llorando de emoción” por creer que “se puede conseguir” la República, un Macri que quiere conseguir “el país que sueña”…
    A esta altura dudo: ¿Te estarás automintiendo o siemplemente será producto de tu odio y resentimiento?