Pavoneándose por el sur

Santa Cruz: La vicepresidenta, Cristina Fernández, acompañada de la gobernadora santacruceña, Alicia Kirchner, ; el vicepresidente de Electro-Ingeniería, Gerardo Ferreyra y Yuan Zhixiong, miembro del Comité Ejecutivo de la UTE, recorrió las obras de construcción de la represa hidroeléctrica Néstor Kirchner, ubicada a 130 kilómetros de El Calafate. Foto: Télam/amb 28012020

La última de la Sra. Fernández consistió en pavonearse en Santa Cruz junto a Gerardo Ferreyra, el titular de ElectroingeniarÍa -el taller mecánico de Córdoba que durante el kirchnerismo se convirtió mágicamente en una megaempresa e hizo millonario a su dueño marxista- que lleva una tobillera electrónica como consecuencia de ser ese el status que sobre él dispuso la Justicia cuando resolvió concederle la excarcelación de su prisión preventiva en la causa por los cuadernos del chofer Centeno.

En la delegación también estaba el senador Carlos Caserio, quien hace poco dio la mas cruel definición de «casta desigual y privilegiada» cuando, frente a la pregunta de una periodista sobre el ajuste de los gastos de los funcionarios públicos, dijo que reclamarles eso a ellos «era no entender al Estado, porque los funcionarios no estamos para producir como tienen que hacerlo ustedes, sino para dar las normas por las cuales el país tiene que trabajar». Creo que un angurriento habitante de las Cortes mediavales no podría haber dado una definición mejor del feudalismo oligárquico.

La escena se desarrolló frente a la represa Cóndor Cliff (que el kirchnerismo se empeña en llamar “Nestor Kirchner”) la misma a cuya continuidad de construcción el presidente Alberto Fernández le había puesto paños fríos hace algunas semanas como consecuencia de los incumplimientos chinos y de cuestiones presupuestarias.

El espectáculo no puede tomarse como menos que una provocación o un apriete al presidente de parte de quien sigilosamente teje una red inconmensurable de poder que ya copó los organismos de control, el espionaje, la AFIP, la UIF, el Consejo de la Magistratura, la Inspección general de Justicia (cuya titularidad le fue dada a quien hasta hace poco se desempeñó como apoderado de Máximo y Florencia Kirchner), la OA y que va por más.

Fernández 2 parece gozar de su nuevo rol en el poder. En efecto, disfruta de su nuevo papel de Rasputín, es decir, sin tener de hecho la famosa “lapicera” en su propia mano, pero desplegando sus tentáculos hasta el último rincón de las decisiones estratégicas.

Fernández 2 no es inteligente: tiene malicia, que es algo muy diferente. Sin embargo la malicia suele agudizar los sentidos del ingenio, justamente, para hacer el mal.

Se vale de un conjunto de señales subliminales pero de un enorme poder gráfico. Este paseo con Ferreyra -un secuaz de su propio robo, imputado por una tonelada de pruebas por la Justicia- frente a una obra cuya continuidad inmediata el propio presidente puso en dudas, es una de esas señales. Tiene un poder visual gigantesco. Por eso aparece muerta de la risa, mientras acomoda su chalina de miles de dólares, con cuyo producido una familia de la Matanza comería un año entero.

Hace pocos días, también, en ocasión del viaje de Fernández 1 a Israel por el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz se hizo fotografiar firmando el acta de traspaso formal del poder en la sede de su propia guarida, el Instituto Patria (o “Patrea”), como prefieran.

Allí también se la pudo ver con la sonrisa de quien disfruta el hecho de que hayan “tenido que ir al pie” a firmar el acta “de visitantes”, con ella jugando de “local”, en un edificio que dista mucho de ser la sede oficial de nada.

Esta nueva estrategia de Fernández 2 quizás sea, en términos de poner en peligro la libertad de todos, más peligrosa incluso que la estrategia que le hemos conocido hasta ahora: la de de ser una desesperada por los primeros planos y una voraz del poder en primera persona.

Quizás el primero de estos actos, que obedecen a una rasputinización de Fernández 2, ocurrió el mismísimo fin de semana del 28 de mayo de 2019, cuando ella misma anunció su candidato a presidente -en un hecho político que no tiene antecedentes en la historia humana- según el cual quien finalmente iría a ser candidato a vicepresidente anunciaba quien iba a ocupar el primer lugar de la fórmula.

Su malicia incluso especula con el manejo económico de Fernández 1. Ya informamos aquí que disponíamos del testimonio de una fuente (sin poder confirmarlo con una segunda pero dándole valor por el tipo de jugada que la movida significa) según la cual la decisión del gobernador Kicillof de no pagar el bono provincial de una deuda tomada por Scioli y autorizada por él mismo cuando era ministro de economía, obedecía a una orden de Fernández 2. Esa decisión ha empiojado todo el trabajo de Guzmán en New York esta semana y pone en duda la palabra presidencial sobre no ir a un default.

Como Fernández 1 ha supeditado hasta su propio futuro político al éxito de la renegociación de la deuda, Rasputín ha decidido comenzar a disparar una serie de torpedos sobre esa línea de flotación.

Como también ya dijimos en estas columnas, la deuda no es (no debería ser) el principal problema argentino. Esa dificultad hay que buscarla en el tipo de ley que nos gobierna (que en última instancia origina también la deuda) pero no en la deuda en sí.

Sea como fuere viendo la desesperación de Fernández 1 por superar ese escollo, Fernández 2 ha decidido agigantarlo. Si de todos modos Fernández 1 tiene éxito, será también el éxito de ella. Si, al contrario, fracasa lo estará esperando con cuchillo y tenedor.

Estos maquiavelismos deberían estar muy castigados por el sentido común medio de la sociedad. Pero la Argentina los aplaude. En ese desarreglo moral grave también deben buscarse las razones de nuestra decadencia.

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