Para hoy un menú express de Navidad: solo unos pensamientos sueltos.

Bajo la comprensible preocupación económica que hay en el país, los argentinos no estamos viendo con claridad lo que es la instalación de las bases de un sistema autoritario de gobierno que puede derivar en un régimen de izquierda radical muy peligroso para la vigencia de los derechos civiles. Los fascismos de todos los colores siempre han tenido a la guerra como su principal excusa para cercenar derechos a los ciudadanos. En tiempos de paz el lugar de la guerra lo ocupa la “emergencia”. La “crisis” es el suplente perfecto de la guerra en tiempos de paz.

La república tal como está concebida en los primeros 35 artículos de la Constitución está seriamente en peligro.

Lo que resulta paradójico es que los que no ven esto por estar “preocupados” por la economía van a perderlo todo.

La propiedad está en peligro

La libertad está en peligro

El derecho de entrar y salir del país está en peligro

Si se afianzan algunos perfiles sobre el tema seguridad, la vida está en peligro.

Se está consolidando el gobierno de una “Tendencia”. Lo que hay que develar es si el Presidente y varios de sus colaboradores endosan esa “Tendencia” o si no son parte de ella.

Lo que está ocurriendo, para poder develar ese misterio, es el Presidente está obligado a dar muestras de tantas “simulaciones” que hoy no sabemos cuál es el verdadero Alberto Fernández y cuál el simulado.

En el país ha tenido un éxito marcado la táctica gramsciana según la cual copando las usinas culturales de un país (las artes, el cine, el periodismo, las letras, el teatro, la universidad, la educación) el marxismo tenía ganada casi toda la partida.

Eso se ha conseguido en gran parte: hoy la sociedad está bastante convencida de la “bondad” marxista y de la “maldad” liberal. Falta que el marxismo entregue UN solo ejemplo de éxito de su teoría a nivel mundial (si por éxito entendemos mejorar el nivel de vida de millones de personas). Pero parece que, para la sociedad, eso es solo un “detalle”.

Lo curioso es que la sociedad, paralelamente, no se resigna a vivir sin lo que la cultura liberal capitalista produce (desde un determinado tipo de ropa hasta un buen celular)

La sociedad debería tomar conciencia de que las ideas deben vivir con aquello que son capaces de producir. Por lo tanto si una sociedad se convence de las “bondades” del marxismo, pues deberá vivir con lo que el marxismo es capaz de producir. Pero pretender demoler (incluso a veces hasta por la violencia) una concepción social, económica y filosófica de la vida (como es el liberalismo capitalista) y al mismo tiempo usufructuar lo que el liberalismo capitalista produce (viajes, autos, ropa, tecnología, etcétera), no solo es incoherente: es injusto.

Terminemos con otra falacia que repetimos como loros sin siquiera pensar en lo que estamos diciendo: LA ARGENTINA NO PRODUCE ALIMENTOS PARA 400 MILLONES DE PERSONAS: PRODUCE MATERIAS PRIMAS EN UNA CANTIDAD IMPORTANTE (no sabemos si para producir alimentos para 400 millones de personas, pero sí importante)

Y en ese “pequeño” paso de “producir materias primas para producir alimentos” a “producir alimentos para 400 millones de personas” se halla encerrada gran parte de la explicación de por qué fracasamos. Para pasar de ser un “productor de materias primas” a ser un “productor de alimentos para 400 millones de personas” hace falta poner mucha plata, muchísima plata.

Los dueños de esa plata solo estarían dispuestos a arriesgarla en la Argentina si aquí estuviera asegurada la vigencia de un conjunto de derechos civiles y el funcionamiento cristalino de una serie de instituciones que les garantice que no perderán sus inversiones.

Están dispuestos a perder si no son buenos en lo que hacen; pero no están dispuestos a que alguien les quite lo que es suyo por el simple capricho de un capitoste.

Como la Argentina no es capaz de asegurar la vigencia de ese conjunto de derechos civiles y el funcionamiento cristalino de esas instituciones, ese dinero -que SÍ convertiría al país en un productor de alimentos para 400 millones de personas, dejando de ser un simple productor de materias primas- no llega. Y por eso no solo no somos un productor de alimentos para 400 millones de personas sino también, en gran medida, es que estamos como estamos.