El Papa aún no viene

UN Pope Francis

El presidente recibió al canciller del vaticano, el arzobispo británico Paul Gallagher, que le trasmitió al presidente su satisfacción por el rol que la Argentina ha asumido en la región. Gallagher dijo que es “notable” el papel que el país está tomando.

Aprovechó la oportunidad para trasmitirle al presidente las condolencias por los argentinos muertos en la ciclovía que bordea el Rio Hudson en Manhattan sur a manos de un lobo solitario uzbeko que se declaró partidario del ISIS. Gallagher también le aseguró al presidente que Francisco vendrá a la Argentina cuando lo considere oportuno, al tiempo que afirmó que el Papa tiene permanentemente presente al pueblo argentino.

¿Son verdad estas afirmaciones?, ¿o son solo la expresión de una corrección política que, de estar ausente, constituiría una aberración ya demasiado grosera?

Lo preguntamos porque ninguno de los actos de Francisco parece corresponderse con los dichos de Gallagher.

Por ejemplo, no se ha conocido una nota personal del Papa al presidente  -como ha escrito tantas a otros personajes por cierto mucho más oscuros de la política argentina- ofreciéndolo su palabra y su solidaridad por los muertos rosarinos. Tuvo que venir un funcionario vaticano inglés para expresarlo; Francisco no lo hizo directamente. Ni siquiera se sabe si el Papa ha enviado algún rosario a las familias de los muertos, como ha hecho con varios malandrines de la política local.

La afirmación del canciller vaticano sobre el liderazgo regional de la Argentina, también parece más un comentario personal que una convicción del Estado Vaticano que nazca de la cabeza de su jefe político, el Papa Francisco.

Es pública la ausencia de comentarios en ese sentido por parte de Bergoglio. Que yo sepa no hay ninguna indicación en ese sentido y el Papa no ha manifestado admiración por las iniciativas que Macri ha adoptado respecto de Venezuela o de la corrupción, por ejemplo.

Francisco tiene pasaporte argentino y está claro que no necesita ninguna invitación para venir el país; puede hacerlo cuando lo plazca. Tampoco requiere de una invitación formal. Está demás decir que siempre será bienvenido y no necesita ser invitado.

Sin embargo ha pospuesto en más de un ocasión su llegada al país y ahora directamente no se sabe si vendrá algún día. Al menos mientras Macri sea presidente.

No es un secreto que el Papa no guarda ninguna simpatía por el presidente. Primero argumentó que la grieta argentina era tan profunda que no estaban dadas las condiciones para venir. Está claro que, en contra ese argumento, más de uno podría decir que, justamente, es en esos momentos de división en donde la voz del sosiego, del perdón y de la unión (todas potestades que todos le reconocen a la figura papal) es más necesaria. Pero Francisco no pareció compartir ese criterio.

Ahora luego de las elecciones del 22 de octubre, al menos desde los fríos números electorales, parecería que esa “grieta” estaría cerrándose, si por ello entendemos que una mayoría electoral muy marcada decidió respaldar las políticas generales del gobierno y solo una minoría del 20% se muestra radicalmente opositora. Pero aun así el Papa no se anima a confirmar su llegada en 2018.

¿Qué le ocurre a Francisco?, ¿cuál es su gran cuestión con Macri? El presidente siempre se ha referido a él con respeto y cierta admiración. Lo ha visitado en el vaticano con su familia y se bancó con altura la cara de pocos amigos de Bergoglio que no le regaló ni siquiera una leve sonrisa.

Por otro lado el Papa ha manifestado su solidaridad con personajes que han ido desde Maduro (luego pareció alejarse cuando los estragos en Venezuela superaron el límite de lo razonable, aunque no se sabe qué hará ahora cuando el bolivariano, a base de fraudes y balazos, parece haber recuperado algo del centro escénico) hasta Milagro Sala, en un amplio abanico de palabras de condolencias acompañadas de rosarios dedicados.

Muchos dicen que las desaveniencias con el presidente datan de cuando Bergoglio era el cardenal de Buenos Aires y Macri, siendo jefe de gobierno, impulsó en la Ciudad la ley de matrimonio igualitario.

Pero eso claramente no puede ser cierto y el argumento no puede superar los estrechos límites de una simple excusa: el kirchnerismo, cuando detectó que esa cuestión medía bien en las encuestas, se abrazó a ella con la misma desesperación que un náufrago se aferra a un tronco suelto y la impulsó a nivel nacional presentándose poco menos como el descubridor de la pólvora. Todos hemos visto que la reacción de Francisco, en ese caso, no ha sido la misma, habiendo recibido a la Sra Fernández siete veces en el Vaticano en condiciones de cordialidad que ninguno que haya visto las escenas por televisión puede negar.

¿Es acaso Francisco un sectario?, ¿un caprichoso que como chico malcriado se “empaca” con lo que no le gusta sin dar demasiadas explicaciones acerca de por qué algo no le gusta?

Porque si hay una palabra que define la situación de Francisco con el presidente es esa: el Papa está “empacado” con Macri: pone cara de traste cuando lo ve y habla solo lo necesario; no lo traga.

Es francamente triste que el Papa caiga tan bajo. No hay nada que justifique su conducta, ni su negativa a venir, ni sus silencios, ni sus malas caras. Pero, bueno, está claro que Francisco en un hombre, muy lejos aún de ser un santo.