El país de los bonos

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Es más que evidente que algunos de los rasgos más salientes de la cultura kirchnerista están aún presentes en la lógica del pensamiento argentino, incluido el del propio gobierno.

Uno de esos rasgos es el de la supuesta gratuidad de las cosas. Otro es el de comprar tranquilidad con plata. Otro es el de usar dinero público para esos fines. Otro es el de imponerle a individuos diferentes obligaciones que algunos podrán cumplir y otros, lisa y llanamente, no.

Algo de todo esto se está viendo en las negociaciones sobre los distintos “bonos” de fin de año. Parecería que la lógica de taparle la boca a la gente con fajos de billetes (en la mayoría de los casos sin valor) sigue siendo la “estrella polar”, no de la producción, sino del vivir tranquilo. 

En efecto, la CGT ha planteado las cosas en esos términos extorsivos aun antes de empezar a hablar. Se presentaron con un cartabón de condiciones que, si no se cumplían, serían el pretexto para declarar una huelga general.

Las llamadas “organizaciones sociales” (cuya sola denominación ya hace correr un ligero frío fascista por la columna vertebral) dijeron a su vez que escuchaban ofertas para no verse “obligados” a “ir a los supermercados”. ¿Cómo se debe interpretar eso?, ¿cómo una amenaza o como una promesa?

A nivel del sector privado, el gobierno ha dispuesto, manu militari, que se entregue una suma piso de $2000 por trabajador en carácter de “bono de fin de año”. ¿Y la pyme que no lo pueda pagar, qué?, ¿y el monotributista que fue lo suficientemente estúpido para contratar en blanco una secretaria y ahora se da el caso de que la secretaria está viviendo casi mejor que él, qué? ¿A quién demonios consultaron para disponer eso?, ¿y a la pyme quién le paga un bono? ¿y al estúpido-monotribuitista-“empleador”, quién?

Hay algunas incongruencias e injusticias con las que parece que el gobierno quiere continuar; respecto de las cuales no hay ningún indicio que diga que Cambiemos sea demasiado diferente de lo que venía pasando con el kirchnerismo.

En la Argentina aquel que pretenda abrirse paso solo en la vida es un reverendo imbécil. Quizás haya pensado alguna vez que esa era una manera de vivir realmente edificante: no depender de nadie, sortear obstáculos, salir adelante… Inocentadas estúpidas.

En la Argentina ese perfil está perseguido, denostado, pisoteado, arruinado. En la Argentina hay que conseguirse un curro en donde haya un sindicato que presione por uno, que sea cual sea la performance individual recibamos “bonos”, en donde el peso de llevar un negocio adelante lo tenga otro. ¿Por qué? Pues sencillamente porque el Estado ha recompensado ese perfil. Cambiemos dice que llegó para respaldar a los emprendedores, a los bravos, a los que desafían sus límites… Pero en los hechos termina hundiéndolos, tirándoles obligaciones por la cabeza que no sabe si pueden cumplir.

También parece que el gobierno acepta una manera de relacionarse en la sociedad que debería terminar. ¿Cómo puede ser que un conjunto de “organizaciones” -con su “friíto” fascista a cuestas- se presente y diga “no hagan que tengamos que ir la supermercados”? ¿no es eso acaso apología del delito?, ¿cómo puede un funcionario de la democracia seguir hablando bajo el imperio de esas patoteadas?

Ahora, eso sí, si el pobre estúpido-monotributista-empleador-en-blanco osara elevar su vos terminaría hundido por un tsunami de inspecciones. Resulta francamente frustrante trabajar lícitamente en la Argentina. Y más frustrante aún, crear una operación que genere trabajo para los demás: allí se estará en el peor de los mundos.

¿Cómo no va a ser la Argentina uno de los países en donde más gente hay que se las rebusca sin trabajar? Timberos financieros, rentistas -en fin, póngale ustedes el nombre que quieran- si al que osa abrir una operación productiva le caen por la cabeza con impuestos, cargas, bonos, retribuciones extraordinarias… ¡Basta muchachos! La Argentina tiene que asumir que es un país fundido, fun-di-do… 

Empezando por el Estado, todos deberíamos entender que ya no hay de dónde sacar guita. Es más, el gobierno tal vez tenga sus “recursos” de fantasía –emisión, préstamos, endeudamiento, etcétera (que por supuesto después terminamos pagando todos) pero gran parte del sector privado pequeño esta out. ¿Entienden eso? “Out”. ¡Qué bono, ni bono!

¡Si alguno de los que lo tendrían que pagar están peor aún que los que lo deberían recibir! ¡Y encima son los que cargan con las responsabilidades del negocio!

Algo muy equivocado está ocurriendo en la Argentina. Y si las cosas no se ponen en orden la paciencia se agotará algún día.