Oyarbide no cayó del espacio

El ex juez Oyarbide confesó un delito. Dijo que lo apretaron del “cogote” para que sacara fallos en un determinado sentido. ¿A cambio de qué lo hizo? Nadie es tan tonto como para andar cometiendo delitos por la calle a cambio de nada. La aceptación del riesgo de cometer un delito tiene que conllevar alguna contraprestación. ¿Cuál fue la que recibió Oyarbide?

A esta altura todo el mundo sabe que su tren de vida es incoherente con lo que eran sus ingresos como juez. Pero el señor estaba protegido por la banda K para la que trabajaba desde su lugar en Comodoro Py.

Además de cometer delitos por recibir dinero sucio a cambio de fallos ilegales, también cometió el delito adicional de no denunciar las apretadas. O sea que su ilegalidad mientras ocupó un sillón que jamás debió recibirlo fue doble.

Pero todo eso ahora es historia vieja. La historia nueva es la que puede escribirse a partir de ahora. Ya no caben dudas que todos los fallos dictados por Oyarbide que hayan tenido a compañeros de la banda como protagonistas de las causas deben ser revisados. Es lo que se llama “cosa juzgada írrita”, es decir una cosa juzgada “falsa” que por supuesto debe dejar de producir de pleno derecho los efectos de las cosas juzgadas legales.

El matrimonio Kirchner fue beneficiado con un sobreseimiento definitivo por Oyarbide en una causa por enriquecimiento ilícito en un fallo en donde el juez convalidó la prueba de parte de la cual surgía que parte de los fondos de los jefes de la banda provenían de plazos fijos que le habían redituado una tasa de retorno del 28% anual en dólares.

No habría mas que haber ido a las paginas de Ambito Financiero o del El  Cronista Comercial de esos días para dar por tierra con esa prueba y conminar a los Kirchner a explicar de otro modo el incremento de su patrimonio.

Esos números, además, fueron aportados por el contador Alejandro Manzanares, (hoy detenido confeso de haber adulterado balances y números del matrimonio presidencial para justificar su fortuna proveniente del lavado de dinero y de las otras actividades ilícitas de la banda) cuya pericia fue la única prueba documental en la que Oyarbide se basó para dictar su fallo de aquel momento.

Lo más lamentable de todo esto es que decenas de periodistas, legisladores de la oposición, investigadores, denunciaron las actividades de Oyarbide al servicio de los Kirchner y de la política en general.

Siempre fue un juez corrupto, un juez sinónimo de lo peor de la Justicia. Estuvo suspendido un tiempo de sus funciones por las sospechas sobre su accionar durante el menemismo y el Senado peronista lo absolvió de su juicio político aprovechando la conmoción mundial por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en New York, como para que semejante esperpento pasara desapercibido en las noticias. Como se ve, siempre el peronismo, en alguna de sus miles transformaciones camaleónicas, haciéndole un bien a la patria.

En buena hora que toda ésta podredumbre salga a la luz. La pena es que se haya tardado tanto tiempo y que todavía siga habiendo gente ciega en la Argentina dispuesta a defender a las cabezas de la banda de delincuentes más obscena que jamás se haya hecho de los poderes del Estado.

Toda esta suciedad es hija de la falta de libertad y del ultrapresente paternalismo argentino que en aras de creer que otro se está ocupado por él de resolverle sus problemas acepta que cualquier gangster trepe a los sillones máximos del poder.

Si el argentino fuera más valiente, tomará la vida más en sus manos y creyera que su futuro depende más de él mismo que del Estado, probablemente personajes como los Kirchner nunca llegarían a la presidencia y, por ende, personajes como Oyarbide jamás llegarían a la Justicia.

Todo, siempre, en definitiva, depende de nosotros. Todo es nuestra culpa, por comisión o por omisión. Ninguno es inocente en un país donde el promedio moral es tan bajo y tan compatible con los valores de la delincuencia antes que con los valores del Derecho.