Otro bochorno

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El kirchnerismo se está despidiendo del poder con todo el cotillón de lo que siempre fue: un gobierno con fuertes características de facto, por fuera de los consensos democráticos, que gobierna por el imperio de la fuerza y, muchas veces, en contra de la propia legalidad.

La designación de ayer de dos auditores para la Auditoría General de la Nación ha sido un nuevo papelón de la prepotencia que pretende seguir imponiendo a poco más de un mes de dejar el poder.

Sin quórum, violando las disposición internas de la Cámara de Diputados sobre la reunión de sesiones especiales, Julián Dominguez, aquel político que se decía diferente del atropello kirchnerista, que decía encarnar el dialogo y la civilización, le tomó juramento –en un hecho que debería avergonzarlo personalmente- a Julian Alvarez y a Juan Forlón, dos integrantes de La Cámpora, uno secretario de justicia y reciente candidato vencido a la intendencia de Lanús a manos de Nestor Grindetti de Cambiemos, y el otro presidente del Banco Nación y amigo de Máximo Kirchner que llegará, supuestamente, a su nuevo cargo para cubrir la retirada ante presuntas investigaciones por corrupción.

Fue precisamente el hijo de la presidente quien en el único discurso público que se le conoce dijo que si perdían las elecciones entregarían el gobierno pero no el poder. Y evidentemente eso es lo que están intentando: copar las instituciones y organismos de control para que el nuevo gobierno no pueda investigar estos años de oscuridad y falta de transparencia.

Recordemos que la AGN tiene siete miembros. El presidente siempre tiene que pertenecer a la primera minoría de la oposición. De los otros seis miembros al kirchnerismo responden cuatro y a la oposición dos. Si Scioli pierde el domingo 22 de noviembre, el kirchnerismo en su carácter de primera minoría de la oposición podrá reclamar la presidencia del organismo por lo que la nueva composición quedaría con una abrumadora mayoría de cinco a dos a su favor, lo que haría prácticamente imposible la auditoría de la administración saliente.

Los detalles de lo que ocurrió ayer en el Congreso son francamente bochornosos. Como se trataba de una sesión especial, la cámara solo puede tratar los temas que figuran en una orden del día previa a la reunión.

La jura de estos funcionarios no figuraba en ese listado. En ese caso la presidente del bloque oficial debió haber pedido su inclusión a la presidencia acompañando su solicitud con 10 firmas de otros diputados. El oficialismo obviamente podía haber completado tranquilamente ese trámite. Pero no lo hizo.

La oposición, entonces, decidió dejar a la cámara sin quórum para que el kirchnerismo no pudiera lograr su objetivo. Pero olvidaron precisamente ese componente de gobierno de facto que siempre acompañó las formas de los Kirchner.

El presidente de la Cámara decidió llamar a Forlón y a Alvarez y dispuso tomarles juramento igual para un cargo que en teoría, gozaría de estabilidad legal por ocho años, en una maniobra completamente ilegítima.

La diputada Camaño directamente dijo que se estaban asegurando un conchabo y que habían jurado como ladrones, para llevarse el “papelito” del nombramiento debajo del brazo.

Pero esas son calenturas que se dicen en el momento y que no son suficientes para detener el atropello. Lo que se precisa aquí es una acción concreta y rápida ante la Justicia para echar a estos dos usurpadores y para colocar allí a gente transparente que esté dispuesta a desarrollar su trabajo imparcialmente ya a dedicar su tiempo a lo que es el objetivo principal de esa agencia: verificar si lo actuado por la administración ha sido legal, si los dineros públicos han sido resguardados y, fundamentalmente, si los funcionarios intervinientes no han cometido actos de corrupción en el manejo de esos fondos.

El caso de Forlón es particular en ese sentido. El amigo del hijo presidencial era presidente del Banco Nación, Los balances de ese banco están dentro de los documentos que la Auditoría debe revisar. ¿Qué se supone?, ¿Qué Forlón se va a investigar a sí mismo?

Resulta tan burda la maniobra de autoencubrimiento, tan evidente y berreta el formato elegido para usurparle al pueblo el poder de verificar qué se ha hecho con su dinero que es de esperar que una firme actuación judicial anule estos nombramientos vergonzosos y la nueva composición del Congreso -ya elegida, por otra parte- designe en ese lugar a auditores legítimos y no a títeres encargados de borrar las huellas de la retirada.

En ese sentido, ayer comentábamos el fallo de la Corte sobre la declaración de inconstitucionalidad de la ley de subrogancias. Si el máximo tribunal no se hubiera tomado todo este tiempo para tomar esa decisión, si no se hubiera guiado por el principio de “los amigos del campeón” esperando que cambiarán los vientos políticos para fulminar con la inconstitucionalidad una ley que siempre fue inconstitucional, nos hubiéramos evitado muchos bochornos parecidos con el nombramiento de decenas de jueces subrogantes que el kirchnerismo se dio el lujo de llevar adelante apoyado en esa norma.

La Justicia está para protegernos a nosotros, los ciudadanos, de las altanerías de los gobiernos que se creen de facto y que en consecuencia, pretenden llevarse todo por delante. La Justicia ha flaqueado todos estos años en el cumplimiento de ese rol. Esperemos que ahora, que por lo menos cuenta con el respaldo de un humor social cambiado, actúe para deshacer este desaguisado.

No es lo ideal. Lo ideal hubiera sido que los jueces –y en especial la Corte- hubieran puesto los puntos sobre las íes mucho antes para que el kirchnerismo supiera lo que son los límites. Pero no hay duda de que los jueces y la Corte también salen de nosotros: un pueblo muy inclinado a ser “amigo del campeón” y a patear en el piso al que ha caído vencido. Es francamente triste ser así.

Pero así somos.


  • SebastianBassi

    Pregunta de un ignorante en temas legales: ¿La proxima administración no puede contratar una auditoria externa y decirle, por ejemplo: “Auditame el Futbol para todos”? Y si se encuentran irregularidades, hacer la denuncia correspondiente. ¿O solo puede auditar la AGN?