Otra victimización del peronismo

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Un camión, propiedad del sobrino político de Gildo Insfrán, fue detenido en un control de rutina y allí se encontraron 2.5 toneladas de marihuana disimulados en un cargamento de zapallitos.

Ayer la justicia dispuso la detención de este señor y el peronismo denunció una “persecución política” contra Insfrán.

¡Qué lindos que son! El peronismo realmente es un fenómeno de diván: resulta que se encuentra un camión repleto de droga, cuya propiedad es del sobrino político del gobernador, la Justicia lo detiene para que dé explicaciones y el hecho es un “acto de persecución”. ¡Es genial!

Siguiendo el criterio del peronismo, ningún peronista podría ser perseguido judicialmente nunca, porque dicha acción sería automáticamente interpretada, no como una consecuencia de la naturaleza criminal de los hechos, sino como un “acto de persecución política”. “¡Alto, soy peronista!” debería ser la voz de mando que detuviera toda investigación que los involucrara.

Si uno bien advierte, es la misma táctica que aplica la señora Fernández para practicar uno de sus deportes favoritos desde que llegó a este mundo: la victimización. Ella siempre es “perseguida”, cuando no es por “peronista”, es porque representa “la revolución contra los poderosos”; si no es por eso, es porque “es mujer”; si eso no alcanza es “porque se enfrentó a las corporaciones”; si eso no se lo cree nadie es porque “el establishment no se la banca…” En fin, la señora siempre tiene una excusa para no comprender algo muy simple: Señora, a usted la persigue la policía; ni el antiperonismo, ni el machismo, ni los poderosos, ni el establishment: la persigue el código penal.

Y déjeme decirle que la persigue a velocidad bastante lenta, por lo cual debería estar agradecida. En efecto, no se puede entender cómo causas tan claras, con una cantidad tan abrumadora de pruebas acumuladas no tengan avances más visibles y sigan demorándose detrás de vericuetos incomprensibles.

Margarita Stolbizer muy lejos de centrarse en los juicios más calientes contra la ex presidente, advierte un caso, hasta podría decirse “menor”, en el que, a pesar de eso, no puede avanzarse ni un metro. Se refiere al caso de Aerolíneas Argentinas en donde la ex mandataria mando a la empresa bajo sus órdenes a contratar los servicios de sus propios hoteles en el Sur, en una grotesca maniobra incompatible con su doble cargo de jefa de la administración a la que Aerolíneas pertenecía y dueña de los establecimientos contratados.

Ya por ese solo hecho la señora Fernández debería estar procesada y presa. Pero no. Debe ser que desde algún lugar han sonado las palabras mágicas: ¡Alto, soy peronista!, ¡Alto soy mujer!, ¡Alto soy la Revolucionaria del Pueblo! O el cliché que mejor cuadre para salvarse.

Este atajo de impunidad que el peronismo ha inventado a partir de la victimización debe terminarse. De lo contrario la constancia de afiliación será una especie de salvoconducto para poder hacer lo que a cada uno se le antoje y para poder echar mano al argumento de la persecución política cuando todo se descubra.

Ver ahora, por ejemplo, a Boudou, mezclado con Esteche, Mariotto y D’Elía, para dársela de revolucionario perseguido por ser, justamente, “revolucionario”, cuando algún juez se digne a dictar contra él una orden de captura es directamente cómico. ¡Boudou!, el hombre de la UCEDE de Mar del Plata, amante de las motos Harley Davidson y de bucear en el Caribe; el hombre que se compró la fábrica de hacer billetes, el que le facturaba -justamente- a Insfrán 7 millones de pesos por “asesorarlo” a renegociar la deuda de la provincia con el ministerio que él mismo dirigía, resulta que ahora es ”revolucionario”: maravilloso.

El gobierno también debería dejar de especular políticamente con toda esta inmundicia. Es verdad, como dice Frigerio, que estamos en una República y que la Justicia es un poder independiente del poder ejecutivo: chocolate por la noticia. Pero de allí a suponer que mantener a flote todo este estiércol hasta las elecciones es mejor porque así la gente los va a votar a ellos, es muy bajo.

La ciudadanía votó un cambio hastiada del estiércol, justamente. Y puso en Cambiemos la esperanza de que quien protagonizó toda aquella estafa pague por sus delitos. Si bien el presidente no podría operar a los jueces para que metan presa a Fernández, si podría, perfectamente, constituirse como parte querellante en las causas para aportar todas las pruebas que se necesiten (si hicieran falta aún más) y para impulsar el proceso cuando este entre en sugestivas mesetas de lentitud.

No sea cosa que la gente vaya un poco más allá y lejos de preferir a Cambiemos lo haga a un lado porque lo considere un especulador barato y vaya a buscar otras opciones más honestas. No siempre las estrategias más obvias dan los resultados que se esperan.

Mientras el peronismo revisa su ya intolerable tendencia a victimizarse por todo para no ser responsable de nada, el gobierno debería pensar que es lo que debe hacer, porque hay muchas posibilidades de que lo que se debe hacer coincida con lo que políticamente le conviene.


  • Jose Antonio Mansinho

    El gobierno hace lo que puede y ya se manisfesto diciendo que le parece que los casos de corrupcion se han enlantecisdo ultimamente,no se puede meter mas por que caerian en lo fue la dinastia kk que no dejaron que la justicia sea unpoder independiente como debe ser si tira de soga un poco mas algunos votos se van a escapar pensando que es cierto que existe una persecucion contra los kk,cuidemos a cambiemos por que lo otro es volver al horrible pasado reciente..