Otra vez la misma y vieja historia

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La historia de los paros generales en la Argentina no tiene fin. Una práctica completamente archivada en el mundo, sigue dando cuenta del arraigo que el marxismo y la lucha de clases han tenido en el país.

En efecto, si bien aquí la idea fue apropiada por el peronismo, el origen de la huelga general se remonta a los años del sindicalismo revolucionario y del socialismo marxista en la primera década del siglo XX. Es como si el país se hubiera quedado colgado de aquel almanaque viejo y amarillento que ya no marca el tiempo de ningún país del mundo, menos aún -claro está- en los escasísimos territorios en donde un marxismo tambaleante aun hace pie: en esos lugares quienes pretendan ir a una huelga general con carácter de protesta probablemente terminen fusilados o en prisión perpetua.

La huelga general siempre tuvo un ingrediente político. Nunca nadie se tragó el verso de las reivindicaciones socioeconómicas: el paro absoluto siempre fue una movida política para desestabilizar gobiernos.

El peronismo tiene una larga relación con los paros generales y una larga historia en materia de desestabilización. Raúl Alfonsín, el primer presidente de la recuperación democrática, sufrió trece paros generales, el primero a los nueve meses de su gestión. Fernando de la Rúa tuvo nueve huelgas, la primera a los tres meses de iniciado el gobierno.

Con los gobiernos propios la cosa fue distinta. Menem sufrió la primera huelga general a los 40 meses de gobierno. Néstor Kirchner no tuvo ninguna en su contra y Cristina Fernández la primera a los 59 meses de gobierno.

La CGT está ahora en las puertas del primer paro general a Macri, a once meses de iniciado su gobierno. Ningún gobierno no-peronista pudo terminar su mandato desde que Marcelo T. de Alvear entregó la banda presidencial a Hipólito Yrigoyen en 1928. La película es burda. Si este no es el inicio de otro ciclo sistemático de desestabilización se le parece mucho.

El gobierno dice estar estudiando acciones para evitar la medida. Mientras eso ocurre los voceros sindicales dicen que “ya es tarde para evitar el paro” y que “no habrá otra salida más que ir al paro si el gobierno no cumple con las exigencias planteadas”, usando el típico lenguaje de los extorsionadores.

¿Cuándo será el día que la Argentina decida a enfrentar esta repetición inaudita de un golpismo por capítulos cuyo único objetivo es erosionar a cualquier gobierno que no sea peronista para volver al poder y, desde allí, volver a depredar?

No puede ser que seamos tan ingenuos, tan estúpidos como para tragarnos el mismo sapo tantas veces. No puede ser que seamos tan inocentes como para no darnos cuenta de que nos están usando, no porque les importemos algo, sino como escudo y excusa para volver al poder.

Se trata de la misma lógica del kirchnerismo: mantener a todos en la miseria para que los “planes sociales” estén más justificados que nunca y detrás de cada plan inventamos un curro nuevo de millones y millones de pesos.

Los paros generales son a la toma del poder lo que los planes sociales han sido al enriquecimiento ilícito. El argumento es el mismo: defender a los que menos tienen y, de paso, me encaramo en el gobierno y robo a manos llenas. Es una historia vieja.

Solo el anacronismo propio de la “huelga general”, que tiene más de 100 años y que ya no se practica en ningún país de la Tierra, puede competirle en obviedad y burdez a este ciclo que identifica al peronismo en la oposición y que está a punto de dar otra vuelta de noria.