De nuevo la educación

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Ya sé que es la segunda vez en menos de una semana que hablamos aquí de este tema. Pero mi participación en Intratables de ayer no fue neutra y me obliga a una nueva reflexión.

La Argentina no está mal de pura casualidad. Más allá de las diferentes opiniones en el programa (incluso hasta las más desequilibradas representadas por “María”, la madre de un alumno de un colegio tomado que poco menos que lo instigaba a tomarlo) yo me fui con la idea de que ese mini foro de opiniones ni siquiera podía ponerse de acuerdo en la idea mínima de que la toma (sea de lo que sea) es un método violento en sí mismo.

A mi particularmente siempre me causaron gracia las expresiones, muy comunes en el periodismo, sobre las “tomas pacíficas”. Es más, sin ir más lejos hoy a la mañana muchos de mis colegas se expresaban en ese sentido para describir lo que había ocurrido con los mapuches en el juzgado de Otranto que, de buenas a primeras, se enteró de que no lo dejaban entrar a su despacho por estar tomado “pacíficamente”.

Mientras estas simplezas sean motivo de debate en la Argentina y personajes públicos no tengan las pelotas suficientes para admitir que cualquier toma es violenta, el país no tendrá destino.

Y no lo tendrá porque los países en donde el derecho de propiedad público o privado pende de un hilo, no progresan, al contrario, se empobrecen y finalmente terminan, eventualmente, en la miseria.

Llevarse por delante el derecho de los demás -en este caso, para asistir a dar y tomar clases- es algo tan grotesco, tan salvaje que no puede entrar en la cabeza de nadie, salvo en la de estos cabezas de termo.

Me da gracia el énfasis que ponen en decir que las tomas fueron decididas en “asambleas”. ¿Pero desde cuando “asambleas” de mocosos que no saben ni atarse los cordones van a disponer la ocupación física de un edificio propiedad de la sociedad?

Y yendo al fondo del problema, (más allá de que a “María” lo único que parecía importarle era que a su hijo las empresas en donde fuera a tomar practicas le pagaran, porque allí parecía terminar todo su discurso “revolucionario”) los chicos y los padres que no tienen otro remedio que enviar a sus hijos a colegios públicos deberían agradecer que la sociedad les pague un entrenamiento laboral gratuito del cual saldrán enriquecidos y no empobrecidos (como continuarán estando –y cada vez peor- si no lo hacen).

Los padres que pueden enviar a sus hijos a colegios privados pagan por ese servicio que, como es obvio, es muy común y está muy difundido entre los institutos de enseñanza privada.

Aquí, la sociedad de Buenos Aires, les va a pagar ese entrenamiento a los jóvenes de quinto año por un cuatrimestre y eso desata la “toma pacífica” de 30 colegios bajo el argumento de que la movida es otro paso más hacia la precarización laboral en la que Macri está empecinado pasando por el necesario escalón de esclavizar a los jóvenes haciéndolos trabajar sin pagarles.

¡Es completamente de locos lo que estamos viendo y escuchando! Y repito, ayer, en este programa, aun aquellos que consideraban equivocada la medida, no se atrevieron a concordar conmigo en que el solo hecho de la toma es violento por definición.

Es como si a la Argentina le gustara jugar ese papel de rebelde estúpido y, por supuesto, sin causa, en donde es cool hacerse el revolucionario una vez en la vida… La verdad, da pena.

Tampoco nadie pudo responder mi pregunta acerca de dar un solo ejemplo de un país exitoso en el mundo en donde se “tomen” colegios. Y la pregunta no puede responderse porque sencillamente no hay respuesta. En ningún país serio y exitoso del mundo se permiten estos ultrajes.

Todo el orden de la sociedad está basado en que esas cosas no pueden hacerse porque están mal. No están mal porque son delitos; son delitos porque están mal… Ontológicamente mal.

Que un país ponga en duda estos palotes de la civilización es la fiel demostración de que no estamos para pegar un salto de desarrollo y modernización. En el mundo de hoy en día y mucho más en el del futuro (en el que van a vivir estos cabezas de termo) es imposible sobrevivir sin educación de calidad. Sin idiomas, sin prácticas de trabajo, sin contacto con la realidad económica, sin el codearse con la experiencia práctica, que, muchas veces, difiere de la teoría de los laboratorios, sin tecnología, los jóvenes irán directo a la miseria

Es muy triste que haya chicos que tengan madres como “María” (y pongo su nombre reiteradamente entre comillas porque nunca supe su apellido). Ese joven en el futuro tendrá que facturarle a su madre lo que será un seguro camino de fracaso y frustración.

Lamentablemente parece haber muchos padres que pretenden canalizar su aspiración revolucionaria en la vida de sus hijos, sin darse cuenta el enorme daño que le ocasionan.

Es muy desesperanzador observar este escenario y mucho más ver a un gobierno de la Ciudad que solo aspira a que los días transcurran y las cosas se solucionen solas.