No camba más

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No hay dudas que la situación económica es aun difícil (gracias a las ignorancias, caprichos y robos kirchneristas) y que podrían argumentarse decenas de razonamientos para alternativas al camino decidido por el gobierno.

Son muchos los sectores, al mismo tiempo, que dan señales de empezar una reactivación firme (la industria, el campo, la construcción, la obra pública) y esas comprobaciones no se limitan a los números estadísticos sino que pueden comprobar en la práctica con la generación neta de puestos de trabajo. Hasta economistas críticos del gobierno como Aldo Pignanelli han reconocido esos avances.

Pero vamos a ponernos en la peor de las situaciones y a negar lo que se han dado en llamar “brotes verdes”. Uno puede adoptar sin duda esa postura desde la especulación política e incluso desde la discusión económica pero puede hacerlo con altura, con rigor profesional y con clase.

Pero ninguno de esos adjetivos (altura, rigor profesional, clase) ha estado nunca entre sus activos. Más bien ha sido una “carrera” (de los que manejaban carros), sin tacto, una especie de guaranga de barrio, que la mayoría de las veces no distingue un tornillo de una pipa.

Pero además de su ignorancia básica, Fernández siempre se distinguió por agregar a sus dichos un aguijón de ponzoña. No se conformó con decir burradas, sino que lo hizo gastando ironías y tirando manos de bleque a aquellos a quienes ha considerado como sus enemigos.

Ayer, refiriéndose justamente a los “brotes verdes” dijo que “seguramente se refieren a los que habrá en los jardines privados de ellos”.

Lo primero que uno se pregunta cuando escucha frases como esta, es cómo los argentinos pueden tener dudas acerca de quiénes fueron los que abrieron los tramos iniciales de la llamada grieta y quiénes no dudan en seguir tirando nafta a ese incendio.

En la frase de la jefa de la banda delictiva que gobernó el país entre 2003 y 2015, hay dos palabras clave: “privados” y “ellos”. Son esos términos los que llevan la carga de veneno.

Intensificando la palabra “privados” Fernández quiere llevar al inconsciente de la gente la idea de una elite de millonarios –justamente con “jardines privados”- en donde tal vez las cosas están mejor.

Lo hace con la pose de la pobrecita, que no tiene un peso y desde la envidia y el rencor que nace en aquellos desgraciados (porque pensar así es una desgracia) que creen que el mal de ellos se debe al bien de los demás. Pues bien, señora: la última persona que está en el lugar de hablar desde esa posición es usted. Probablemente usted sea la primera millonaria del país, con dinero y activos muy superiores a los de cualquier otro argentino, incluso a los de aquellos que -a diferencia suya- hicieron esa fortuna trabajando.

Esa demagogia barata, baja, berreta, no debería servir para comprar ningún voto. Si sigue haciendo ancla en algunos argentinos, esa sola cuestión serviría para medir cuán bajo hemos caído.

Luego aparece la palabra “ellos”. Si hay dos palabras que dividen a los pueblos son, justamente, las palabras “ellos” y “nosotros”. Esos dos pronombres trazan una raya y pone a unos de un lado y a otros del otro. Eso es la grieta. Parece mentira que esta señora tenga el coraje de llamar a su agrupación “unidad ciudadana”.

Pero ella sigue alimentando ese odio y ese rencor porque su personalidad siempre fue la misma, cargada de esa rabia que no puede parar de poner a unos enfrente de otros. Lo haría gratis, aun sin ganar nada porque su naturaleza es ponzoñosa, mucho más si cree que le puede dar réditos electorales.

Lo peor de Fernández no es ella. Lo peor de Fernández es que ella es una unidad de medida de nosotros. Si sigue teniendo predicamento aunque más no sea sobre UN argentino, es una señal horrible, acerca de lo que somos como pueblo, acerca del material con que estamos hechos.

Fernández resume en su persona las peores bajezas de las que son capaces algunos. Y lamentablemente sigue siendo un espejo referencial que ni sus robos ni sus traiciones parecen diluir.