Modestias y contraejemplos

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El blanqueo de activos lanzado por el gobierno y las inversiones tan esperadas por todos son, a esta altura, como las dos caras de la misma moneda: los dos procesos están atravesados por las mismas dudas e incertidumbres.

En ambos conjuntos de personas (blanqueadores e inversores) se concentran el mismo tipo de preguntas e interrogantes respecto de las leyes, del futuro y de las típicas costumbres argentinas.

En cuanto al blanqueo, la ley aprobada presenta un sinnúmero de lagunas y los profesionales que más de cerca siguen el tema –abogados y contadores- han encontrado contradicciones y preguntas que no pueden responderle a sus clientes.

La AFIP no ha avanzado mucho respecto de echar algo de luz sobre esas sombras. En algún lugar se dice que muchos allí, subiéndose de nuevo al clásico carro de la soberbia estatal, dicen “que se presenten como está” (refiriéndose a la legislación recientemente aprobada.

¡Y no, maestro, no es así! Usted está allí para darle certeza a los contribuyentes, no matoneadas. Si sigue en sus trece de no aclarar nada y que la gente se presente “como está”, no se va a presentar nadie. O, por lo menos, muchos menos de los que se presentarían si las cosas estuvieran claras y, desde ya, muchos menos de los que a usted le gustaría.

La verdad, no se entiende cómo gente tan diferente a la anterior puede contagiarse, sin embargo, del virus altanero del Estado, ni bien entran y respiran las particulares partículas que integran ese oxigeno tan especial que debe respirarse en las oficinas públicas.

Sería interesante que los equipos de la AFIP tomen esto responsablemente y se aboquen de aquí a las próximas semanas a evacuar las dudas que con todo derecho y con toda buena fe han levantado los consejos profesionales que están interviniendo en el caso.

Diferentes son las dudas más intangibles que se apuntan respecto de este tema tan espinoso, muchas de las cuales tienen un amplio campo común con lo que está pasando con las inversiones.

Podríamos llamar a ese inmenso universo “futuro” o “historia reciente de la Argentina” o cualquier nombre que remita a los razonables interrogantes que cualquiera puede tener respecto de sus ahorros, tratándose de un país que históricamente ha hecho las cosas que ha hecho la Argentina.

Respecto de las dudas que un potencial blanqueador puede tener por hacer algo de lo que luego se arrepienta, algunos dicen “tené en cuenta que nunca ningún gobierno, por más revolucionario que haya querido parecer, nunca manoteó el dinero de los argentinos afuera”. Está bien, pero eso justamente fue así porque no sabían dónde estaba. ¿Qué ocurriría con un futuro presidente Zanini, por ejemplo, en posesión -ahora sí- de todos esos datos?

Hay mucha gente que dice “todo bien con Macri, pero ¿quién me garantiza que esto siga por el mismo camino?

Y aquí hay que tener en cuenta que el grueso de los ahorros argentinos en el exterior son ahorros honestos, es decir, dinero que se hizo trabajando, no lucrando con el narcotráfico o vendiendo armas en el mercado negro. Ese dinero la gente lo guardó en el exterior para defenderse de la Argentina, de gente que estaba sentada en los mismos sillones donde hoy se sientan Prat Gay y Macri. No estoy diciendo que ellos sean iguales a los anteriores. No. Pero que se levante un dedo moral hablando de la “gente que evadió impuestos”, no muchachos, es demasiado. Esa gente actuó en defensa propia. ¡Y gracias a Dios que lo hizo porque si no ustedes ni siquiera tendrían esos fondos para taxar porque los gobiernos típicos de la Argentina se los habrían fumado! Así, que, por favor, discursos morales, no.

Los inversores, a su vez, se están haciendo las mismas preguntas. Para repetir las palabras: “todo bien con Macri, ¿pero quién me garantiza que esto siga por el mismo camino?

La Argentina ya le contó una vez al mundo el verso de su “integración a la economía global”, de su “approach amigable a los mercados”, de su política “business friendly”, de su “vocación por la cooperación internacional”, de su adhesión a los principios de la “seguridad jurídica…”. Y todo eso, años después, desembocó en los Kirchner.

Entonces, ¿hay o no hay derecho a dudar? Yo entiendo que la posición del gobierno es difícil. Pero actuar con soberbia y arrogancia no parece ser el camino más inteligente para seducir tanto a argentinos como a inversores de otros países. Aun cuando esos extravíos, son más notorios frente a conciudadanos que frente a extranjeros.

Tanto en el blanqueo como frente a los inversores el presidente debería ordenar a sus subordinados dar señales claras y de horizontes largos. La AFIP, por ejemplo, debería abocarse a la sencilla tarea de aclarar las dudas que razonablemente presentan los contribuyentes. ¡Porque esas personas no son delincuentes, eh! Es gente que demostró tener mucha más prudencia económica que muchos que ocuparon los sillones que llevaron a la Argentina al lugar en donde está.

Y respecto de las inversiones el presidente debería dar señales que está empeñado en un proceso largo, que abarcará más de un período presidencial y que está preparado para sentar las bases de un orden jurídico inatacable por futuros gobiernos que quieran desconocer los derechos adquiridos durante estos años.

Lamentablemente la Argentina también tiene antecedentes de cacarearse en la tapa del piano de todos esos acuerdos. Pregúntenle a las empresas que vinieron a encargarse de los servicios públicos, en el proceso abierto en los ’90, a ver qué respuesta jurídica recibieron del país.

“Modestia” y “contraejemplos”, deberían ser las palabras de la hora. Caso contrario, el actual gobierno podrá creerse que es mucho mejor de lo que se fue, pero sus hechos lo condenarán a sufrir las mismas consecuencias.