Más demagogia

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La capacidad de daño del kirchnerismo residual y de los idiotas útiles que juegan como aliados circunstanciales en el ejercicio de una demagogia suicida, no es desdeñable y merece ser interpretada con la importancia que tiene.

Ayer el Senado de mayoría peronista/FpV dio media sanción a la ley llamada de “emergencia social” por la cual se ordena al ministerio de desarrollo social la creación de 1000000 de puestos de trabajos a través de cooperativas, un aumento en las asignaciones sociales y la creación de un “ingreso” para los trabajadores informales.

Los senadores como de costumbre se desentendieron del interrogante sobre dónde debería ir Carolina Stanley a buscar los recursos para financiar semejante erogación. Sin embargo cuando se los consulta apelan a la suba de impuestos.

¿Suba de impuestos, senadores? ¡Pero si la Argentina está sufriendo la pobreza que padece justamente porque el Estado la asfixia con impuestos! ¿Cómo se les ocurre, siquiera, insinuar que la solución al problema podría venir de inyectar más dosis de veneno; mayores grados aun del mismo problema?

Es preocupante que una casta política inverosímil siga, jugando con los pobres y aprovechándose de ellos para hacer una demagogia barata cuya única finalidad es complicar la administración del presidente Macri.

Porque no hay ninguna duda que la meta final de imponer decisiones como esta no tiene otro sentido que no sea desgastar la gestión del presidente para obligarlo al costo político de vetar una ley populista o someterlo a una pérdida de tiempo inútil, cuando justamente lo que no sobra es el tiempo.

La especulación del FpV, de Massa y de Margarita Stolbizer no puede ser más baja. Saben que semejante bola de recursos -unos 100 mil millones de pesos- no pueden juntarse con la demagógica apelación de taxar el juego y la llamada renta financiera. Todos esos políticos deberían dar un listado de actividades a las que se le deberían BAJAR los impuestos para que puedan trabajar y de ese modo emplear gente y generar producción genuina antes que seguir pensando en que el Estado puede convertirse en un generador de riqueza.

Lo único que la Argentina demostró científicamente en todos estos años es justamente lo contrario: que la intervención del Estado (y cuánto más demagógica “en favor” de los pobres, peor) genera más pobreza, más indigencia y más miseria y no al revés.

Toda la capacidad emprendedora del país está al servicio del Estado. Todo el producido de la creatividad argentina es sustraído de los bolsillos de sus legítimos dueños por un ladrón que se vale de su capacidad de hacer la ley para declarar que su robo no es un robo, aunque claramente lo sea.

Entonces, al señor ladrón no se le ocurre mejor idea que sugerir que para arreglar los problemas que causa el robo, hay que robar más. ¡Es francamente increíble!

Pero lo peor del caso es el uso de la pobreza para hacer demagogia. Esa bajeza debe terminar de una vez. Realmente me extraña que Margarita Stolbizer se pliegue a hacer más kirchnerismo trucho; justo ella que con tanta capacidad y convicción lo delató.

Margarita: las fáciles excusas de ponerle impuestos al juego y a la renta financiera no alcanzan para juntar la pelota de dinero que estas pidiendo. Es verdad que hay actividades que por su naturaleza deberían tributar en la Argentina. Pero su correlato debería ser una inmediata baja de impuestos a otros sectores que ya no tienen más oxígeno para respirar; apelando a la lógica de que, si ellos recuperan la vida que el Estado les robó, sean ellos también los que empiecen a dar trabajo de verdad y no limosnas inviables.

La especulación política de baja estofa debería ser un crimen. Y con pena agravada cuando usa a los pobres como mascarón de proa. No puede ser que un conjunto de impresentables, con el solo objeto de complicar el camino de un determinado gobierno, sometan al país a semejante riesgo y al bochorno que significa seguir agitando un parche clasista insostenible.

Si alguna mesura y razonabilidad queda en los Diputados, este proyecto debería ser rechazado de plano. A la pobreza se la combate con generación de riqueza. Y la generación de riqueza está íntimamente vinculada con la capacidad de invertir. Si el Estado les roba a los argentinos los márgenes que estos podrían derivar a la inversión, no habrá inversión. Por lo tanto la generación de riqueza caerá y la pobreza aumentará. Es así de claro. Tan claro como la realidad que lo demostró empíricamente en los últimos años, si es que los argentinos necesitábamos mayores evidencias para finalmente aceptar semejantes perogrulladas.