Mantenerse fríos y a la expectativa

Leonardo Fariña se presentó hoy ante el juez Casanello y pidió declarar bajo las condiciones de un arrepentido, en la causa conocida como “la ruta del dinero K”. Como se sabe, esa figura ya rige para los casos de delitos que tengan que ver con el lavado de dinero porque así lo dispuso la legislación que adecuó las normas argentinas a las exigencias del GAFI, el organismo mundial que monitorea las operaciones con dinero sucio.

Los beneficios para el delator se contemplaban en la legislación contra el terrorismo y la ley antilavado explícitamente estableció que todo lo dicho allí era aplicable para los delitos que se esa norma perseguía. De allí que, para estos casos, no era necesaria una sanción expresa del Congreso.

El juez de la causa volvió a establecer el secreto de sumario (que hasta ayer estaba levantado) en medio de la declaración del ex valijero de Báez y Kirchner. Todo el mundo espera conocer el contenido de esa declaración y más de uno -empezando por Cristina Fernández- debe tener una sensación de desasosiego y angustia.

Todas las causas que están bajo investigación en la Justicia y que tienen que ver con los manejos oscuros del gobierno anterior se están sustanciando en expedientes separados (Hotesur, la Ruta del Dinero, enriquecimiento ilícito de varios funcionarios, venta de dólar futuro, etcétera). Sería interesante que esas investigaciones pudieran unificarse -como parece que han pedido Margarita Stolbizer y la Oficina Anticorrupción- para que el juzgado que finalmente lleve adelante la pesquisa pueda entrelazar todas las acciones bajo un mismo hilo conductor.

Porque no caben dudas que aquí había un hilo conductor único cuyo denominador común era el desfalco del Tesoro Público y el robo de miles de millones de dólares que, por diferentes métodos, debían pasar a manos de los gobernantes y de sus socios.

De hecho la aparición rutilante de personajes como Fariña y Elaskar tiene que ver con que el depósito físico de billetes (debajo de la tierra -a la mejor usanza de Pablo Escobar- o en bóvedas ocultas en el Sur) ya no resistía y se debía encontrar un canal para sacarlos del país.

Néstor Kirchner siempre fue partidario del olor presente del efectivo. Así se han cansado de relatarlo sus propios viejos amigos como Rafael Flores y Eduardo Arnold, aquel vicegobernador de Santa Cruz que aparece en el célebre video en donde el ex presidente se abraza extasiado a una caja fuerte. Pero el amontonamiento de cash era de tal magnitud que no podía seguir almacenándose físicamente: aun a pesar de Néstor había que sacarlo.

Báez se ofreció para ese trabajito recordando que había conocido a Fariña en una operación de venta de camiones. El resto es historia más conocida.

Indudablemente la clave pasa aquí por la figura de Cristina Fernández. La ex presidente estaba al tanto de todas las fuentes de riqueza que su marido le hacía disfrutar pero no llevaba el barro del día a día. Cuando Kirchner falleció, Fernández mantuvo el principio del desfalco y confió en que Julio De Vido podía tomar la posta de la “administración”. No sé si muchos lo recuerdan pero cuando en un momento el ministro de planificación quiso irse del gobierno, muchos corrillos circularon alrededor de la respuesta que recibió de Fernández. Las fuentes más consistentes dicen que los dichos fueron: “Vos de acá te vas preso o muerto”.

Todo este recordatorio nos verifica que la sociedad, de una u otra manera (y una de esas maneras fue el enorme aporte que hizo, desde el periodismo, el programa PPT de Jorge Lanata) tenía suficientes elementos como para al menos sospechar de la existencia de una gigantesca banda que operaba detrás de la fachada de la República.

Sin embargo, muchos argentinos decidieron mirar para otro lado. Es más, sometido al escrutinio público, lo que de alguna manera era la continuidad de aquel gobierno obtuvo el 48% de los votos en las elecciones de Noviembre.

La contraprestación para comprar este enorme apoyo fue el despliegue de un populismo atroz que desfiguró completamente la economía y preparó las bases de un verdadero desastre. No contentos con eso, puestos frente al probable escenario de una derrota electoral no dudaron en sembrar bombas de tiempo, cartuchos de dinamita y cócteles de nitroglicerina que estaban directamente pensados para que estallaran en las manos del nuevo gobierno,  especulando con la idea de un rápido descrédito de éste y, paralelamente, con un rápido retorno luego de producir algún tipo de golpe institucional bajo el argumento de derrocar a un gobierno ajustador.

Este es el escenario que estamos presenciando hoy. Atravesarlo con éxito es el verdadero reto del gobierno de Cambiemos. Frente a semejante situación es obvio que se jugarán fichas grosas. Ninguno de estos “nenes” va a aflojar cuando se pone en juego su propio pellejo. Por eso la sociedad tiene que estar bien atenta a no ser tomada nuevamente por estúpida, dejándose comprar por apenas unos espejitos de colores.

La idea, por ejemplo, de que siempre es necesario “compensar” para no parecer que uno está completamente entregado al bando de Macri (porque estar entregado completamente al bando de los Kirchner estaba bien y era “cool”, pero aparecer como defensor de Macri es un sacrilegio inaceptable) debe ser tomada con precaución. Y en ese sentido, los argentinos debemos esperar y ver muy bien lo que ocurre con la investigación abierta por el fiscal Delgado y por la propia presentación del presidente ante la Justicia civil para que aclare cuál es su situación.

Por lo pronto, para ir teniendo una idea del mapa de las diferencias entre una gente y otra, podríamos ir anotando que a nadie se le ocurriría pensar que el fiscal Delgado pudiera terminar con un tiro en la cabeza por denunciar al presidente Macri como terminó Nisman por denunciar a Fernández. También podríamos tener presente que el juzgado ante el cual Delgado presentó la denuncia ordenó abrir la investigación, mientras que el juzgado ante el cual la presentó Nisman ordenó cerrarla.

Esa mirada clara de la sociedad es crucial en este momento. Por supuesto que los fanáticos, los favorecidos y los comprados por el régimen anterior -junto, claro está a los idiotas útiles de siempre- no tienen arreglo. Pero el núcleo mayoritariamente independiente debe permanecer frío y ser consciente de que si se pierde este tren será muy difícil tomar otro.