Las vacaciones del presidente

A veces uno se pregunta si el poder es la fuente más importante de ceguera que se conozca. 

Ese interrogante nace de la idea de que las personas comunes advertimos cosas -o muchas veces las vemos claramente- que los que están en el poder parecen ignorar olímpicamente. 

Algo así parece estar ocurriendo con las vacaciones del presidente. 

Es obvio que el hecho de que Mauricio Macri se quede en Buenos Aires durante las próximas semanas no hará que el riesgo país se derrumbe, que las tasas bajen y que la economía se reactive como por arte de magia. 

Pero hay activos intangibles que son considerados por la mente humana cuya sumatoria hace que las personas tomen luego decisiones que muchas veces no pueden explicar pero respecto de las cuáles aparecen muy seguras. 

A este tipo de inmaterialidades pertenece esta decisión. Entregar esos activos que la mente humana valora hace que los frutos se cosechen luego. 
Que Macri no alcance a percibir que su permanencia en su lugar de trabajo (cuando muchos argentinos están en dificultades) puede tener un impacto positivo y sumar intangibles inconscientes que luego se traducirán en conductas concretas es algo inconcebible. 

Pero supongamos que el presidente no tiene esa percepción. ¿No hay nadie que lo llame a solas y le haga entender que no es conveniente su alejamiento? ¿Hay alguien que esté midiendo el impacto de este tipo de inmaterialidades en el comportamiento de la gente? Si uno tuviera que responder esa pregunta por lo que tiene enfrente debería decir que no. 

Para un país con la característica cultural del nuestro que el presidente muestre empatía con lo que la gente debe afrontar es muy importante: no será suficiente para resolver los problemas, pero al menos hará que en el cúmulo de intangibles mentales esa actitud se valore positivamente. 

Es obvio que el presidente seguirá trabajando y probablemente estemos más frente a un traslado de la oficina presidencial que de unas auténticas vacaciones. Pero, una vez más, el equipo de comunicación del gobierno ha trasmitido esto con muy poca pericia, porque todo el mundo tiene una imagen muy parecida al “no me importa nada”. 

Y es curioso porque al presidente sí le importa el esfuerzo que la sociedad está realizando. 

Rifar ese sentimiento por la baja capacidad para medir la capacidad humana de contabilizar activos intangibles es un pecado poco menos que imperdonable en un conjunto de personas que luego hace alarde de saberlo todo en esas lides.