Las rarezas predecibles de la Argentina

2017-10-18-PHOTO-00000044

La Argentina es un país raro, oscuro… tétrico. Pero es más que eso: es un país en donde las rarezas pueden predecirse. Si, si, las “rarezas” -que deberían ser, por definición, impredecibles- pueden predecirse. Nisman pudo decir en televisión, “sé que puedo aparecer muerto” cinco días antes de que lo encontraran con un tiro en la cabeza en el baño de su casa, porque tenía ese entrenamiento para predecir rarezas.

Es lo que ha ocurrido con el caso de Santiago Maldonado. A esta altura debo aclarar que este comentario se escribe sobre el mediodía de hoy cuando la identidad del cuerpo encontrado en el Río Chubut no ha sido confirmada aun.

Pero no importa, yo doy por confirmado que se trata de él. Es más, ya ayer, a las dos horas de conocerse la noticia, yo di por sentado que se trataba de Maldonado en el programa de radio.

¿Y por qué tomo este riesgo? Una vez más: porque en la Argentina las “rarezas” y las “oscuridades” pueden predecirse.

Todo el mundo condena con razón los comentarios autoreferenciales, pero déjenme decirles que en nuestro “Mira quién Habla” (que hacemos todos los días con Carlos Ponzio desde Concepto FM) lo conversamos hace más de un mes. “No te extrañes que el cuerpo de Maldonado aparezca cuatro o cinco días antes de las elecciones…” Dicho y hecho.

¿Éramos genios con Ponzio? No, en absoluto. La especie ya circulaba por las redes en versiones escritas y de audio hacía tiempo. La gente común ya intuye las “rarezas” que van a ocurrir porque tiene entrenamiento en ser argentinos.

Es tanta la burdez que rodea todo el caso que, en cualquier lugar aséptico del mundo, en un lugar que no estuviera contaminado por las bacterias argentinas, no habría dudas en concluir que el caso Maldonado fue pensado para utilizarse políticamente desde su mismo inicio.

Hay algunas cuestiones sugestivas y escalofriantes que rodean todo esto. La necesidad de “tener un muerto” que tienen los movimientos radicales en su etapa de gimnasia revolucionaria no es nueva. La táctica no ha sido inventada ahora, ni su conveniencia descubierta recientemente.

Hace más de un siglo Vladímir Ilich Uliánov (Lenin) escribió su decálogo de sugerencias para el activismo revolucionario y allí habló de la necesidad de contar con un muerto para apelar a los instintos más primarios de venganza (o de “Justicia”) que anidan en todo hombre y, a partir de ellos, reforzar las posturas más radicalizadas. No hay nada nuevo bajo el sol, amigos.

Desde que se conoció la noticia sobre la desaparición de Maldonado los movimientos más radicales del país, los que compartieron los años más oscuros de la Argentina, desde el kirchnerismo hasta la izquierda inoperante y violenta, salieron a manifestarse tal como pedía Lenin. Y ahora, tal como pedía Lenin, a cuatro días de las elecciones, aparece el muerto.

Hay en criminalística una pregunta espeluznante que hace poner los pelos de punta, pero que en general, ayuda a tener una idea inicial de cómo encauzar la investigación. La pregunta es doble y hasta podría decirse que está imbuida de cierta inocencia, pero trasmite una fuerza clarificadora incomparable. La pregunta es: ¿a quién beneficia y a quién perjudica el crimen?

Detrás de su respuesta se esconde un primer intento para resolver el enigma de quién pudo ser su autor. El beneficiado es el autor; el perjudicado, la víctima.

¿Cuántos de ustedes tendrían dudas para responder esa pregunta hoy en día? Con sinceridad: ¿cuántos creen que el beneficiado por haber encontrado el cuerpo de Maldonado a cuatro días de unas elecciones que venía ganando al trote, pudo haber sido el gobierno? Por el contrario, ¿cuántos creen que este hecho nuevo le da una esperanza de vida a la Sra. Fernández?

La actuación (¿cuántas veces esta palabra habrá sido usada con mayor acierto?) de Fernández en estos últimos días ha sido francamente apoteótica. Ha puesto del “deliriómetro” a full y se ha echado a andar. No ha dejado disparate por decir, ni pose contranatura por adoptar, con tal de aferrarse a las pocas alternativas que le quedan.

Entró en un “delirium tremens” en su acto de Racing francamente preocupante; asistió -en una mezcla de mala copia de Andrea del Boca y Moria Casán- a una entrevista con Gerardo Rosín en donde llamó idiota al presidente, gorda a Carrió (pretendiendo hacerse la graciosa al cortar la palabra “gorda” por el medio -“gor…, perdón, quiero decir, Sra. Carrió”, dijo, con un dejo de sonrisa cómplice- “curda” a Patricia Bullrich… Donde dijo que este país que gobierna Macri “es un país de mierda”…

Es en este escenario en donde Maldonado aparece muerto. Yo, mis amigos, no tengo dudas. Además hay algo de lo que siempre estuve convencido que vuelve a presentarse aquí: ésta gente es capaz de hacer, literalmente, cualquier cosa por ganar el poder; entendiendo por “cualquier cosa”, eso: cualquier cosa.

¡Qué Dios libere a la Argentina de tanta negrura por favor!, ¡qué Dios haga que dejemos de ser ese país burdo en donde las rarezas pueden predecirse con una exactitud casi milimétrica! ¡Y qué Dios nos libere de tanta lacra! ¡Que de una buena vez por todas podamos expiar el espíritu de los ’70 y dejar atrás la noche más larga de la Argentina…! Una noche de cuarenta años.


  • Amanda Bruschi

    Nisman supo predecir su propia muerte, porque sabía el gran riesgo que corría, pero Maldonado no “Vió” su cercano fin.