La verdadera lucha: Trump vs. Obama

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Más allá de la obvia rivalidad entre Donald Trump y Hillary Clinton, lo que el republicano tiene en mente es el desmantelamiento del “sistema Obama”, del legado del primer presidente negro de la historia de los EEUU.

Por supuesto que Trump ha basado su campaña en describir a Hillary como una política corrupta, que se aprovechó del poder para situarse por encima de la ley y, de paso, enriquecerse con los poco claros manejos de la Fundación Clinton. Es en ese mensaje en donde el magnate ha basado su tremenda trepada en las encuestas de los últimos días, pintando un perfil de Hillary como alguien que está bajo investigación criminal (aun cuando técnicamente no lo está), como alguien que solo le preocupa el poder, el dinero y, en última instancia, ella misma.

Trump sostiene que el escándalo de los emails no es meramente un hecho de descuido en el manejo de información sensible sino que fue una acción hecha adrede para eludir los controles de los servidores del departamento de Estado y eventualmente buscar beneficios políticos y económicos personales.

Ese corazón de corrupción obedece, según los republicanos, a un entramado que el presidente Obama ha perfeccionado en los últimos ocho años y que se encuentra en la raíz de los altos impuestos, la “pesadez” de la economía americana, en la caída en la pobreza de muchas franjas de la sociedad y en el insólito hecho de que por primera vez la generación actual no está mejor que la de sus padres.

El presidente ha tomado nota de esto y se ha lanzado a hacer campaña como no se recuerda de un jefe del Ejecutivo que no se presenta a reelección. En efecto, Obama se ha tomado esto como si él fuera el candidato. Ha dicho que Trump no está calificado para ser presidente, a lo que el republicano respondió que Obama quizás pase a la historia como el peor presidente desde 1781 y que en lugar de estar recorriendo el país en respaldo a Clinton debería estar en Washington generando trabajo para los americanos.

Michael Caputo un ex asesor de campaña de Trump, lo ha dicho abiertamente: Trump se propone deshacer el daño que la presidencia de Obama le ha hecho al país. “El presidente está a la par de Hillary en términos de motivarlo al triunfo”.

En concentración tras concentración, el magnate de la construcción ha jurado desmantelar el sistema de salud conocido como “Obamacare”, terminar con las “órdenes ejecutivas” (el paralelo a nuestros decretos de necesidad y urgencia) particularmente en materia de inmigración, energía, del acuerdo con Irán y del nuevo approach hacia Cuba. Trump llegó incluso a acusar a Obama de ser el “creador de ISIS”.

En particular Trump se propone dar vuelta la estrategia del país hacia la industria del carbón como fuente de energía que tanto Obama como Clinton han puesto entre sus prioridades disminuir: “no podemos seguir con cuatro años de Obama”, ha dicho Trump como si Hillary fura su socia, su alter ego.

El presidente no se ha quedado atrás. El jueves en la FIU (Florida International University) dijo que Trump se pasó toda su vida en cuna de oro, sin saber lo que es el sentir de los trabajadores, que no siente respeto por ellos; “las únicas veces que estuvo cerca de la gente de trabajo es cuando limpian su oficina”. Y siguió: “es un actor de reparto, un bueno para nada, no está a la altura de ser comandante en jefe”.

Esta rivalidad se remonta  los años en que Trump encabezó el movimiento tendiente a demostrar que Obama no era americano, que había nacido en Kenya, algo que obligó al presidente a mostrar su certificado de nacimiento emitido en Hawaii.

Obama una vez que el tema fue aclarado fue sarcástico: “Ahora Donald podrá dedicarse a otras dudas, tipo ‘¿llegamos de verdad a la Luna?’ o ‘¿qué ocurrió en el desierto de Roswell?’ (refieriéndose a la famosa sospecha de que una nave de otro planeta, tripulada, había sido capturada en ese lugar y que el mito urbano dice que el gobierno de entonces lo ocultó)

Esta es la lucha sorda que hay detrás de los ruidos Trump-Clinton: una intención de “desobamizar” a EEUU, de sacarlo del tipo de filosofía social a la que, según el republicano, el presidente llevó al país.

Trump cree que más allá de la deshonestidad de Hillary, lo que hay detrás de su pensamiento es algo mucho más pernicioso para los EEUU: una forma de ver el mundo y la sociedad que ha hecho que el país se pareciera cada vez más al resto del mundo y que, de a poco, fuera perdiendo su afamada singularidad