La mente de Fernández

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¿Cuál es el patrón de pensamiento de Cristina Fernández?, ¿cuál es el vector que dirige sus acciones y en función del cual toma decisiones?

Si uno analiza su comportamiento público –y también lo que vamos conociendo de sus privacidades-  no debería tardar en llegar a la conclusión de que lo que la mueve son tres objetivos principales: el poder, el dinero y el hacer daño.

Es muy posible incluso que el orden en que prevalezcan estas metas en su cerebro sea inverso al que le dimos aquí y que, realmente, su primordial inspiración sea el hacer el mal. No importa a qué precio, siempre que pueda dañar a quien es el centro de su ira.

Tampoco le importa mucho si quien debe recibir el castigo estuvo o no con ella: si su nueva voluntad es que tal persona debe ser condenada, hará todo lo posible para que la reprimenda se efectivice.

Son las conclusiones simples que cualquier observador puede extraer del comportamiento de la ex presidente con Florencio Randazzo con quien no quiere competir y a quien le desea todo el mal posible. Muchas veces se enceguece de tal manera que ni siquiera alcanza a distinguir que su tirria la tendrá a ella misma como primera víctima.

Es lo que está ocurriendo a horas del cierre de las listas para las elecciones primarias que tienen a los candidatos por la provincia de Buenos Aires como figuras estelares, porque muchos creen que los resultados de esa provincia marcarán el futuro de la administración del presidente Macri.

Esa inclinación por el mal, por el dinero y por el poder también fue la que guió sus procederes cuando ejerció la presidencia. Ahora sabemos que un hotel de la capital –el Waldorf- también formaba parte del círculo de corrupción de su grupo societario/familiar que componía quien aparece como dueño visible de la propiedad, Osvaldo Sanfelice, el socio de Maximo Kirchner.

Ese hotel le vendía noches de alojamiento nada menos que a Odebrecht por millones de pesos, a tal punto que una prorrata entre la tarifa y los montos absolutos demuestra que el hotel vendió más cuartos que los que tiene construidos. Ni siquiera en la cuna del escándalo –el Brasil de Lula y Dilma- fueron tan burdos.

Ahora Fernández ha decido formar una alianza electoral a la que pomposamente llama “Frente Ciudadano para la Victoria” en la que se une a Luis D’Elía, Fernando Esteche, Amado Boudou, Gabriel Mariotto, Edgardo Depetri, entre otros, para competir en las próximas elecciones. Quizás sea una confesión tácita de lo que Cristina siempre fue: una dirigente radicalizada, no por la ideología sino por el resentimiento.

La pregunta aquí es cómo puede haber argentinos de bien que soporten electoralmente a esos personajes, todos ellos unidos por el denominador común de la violencia callejera, la estafa y el robo. Y cómo puede Fernández suponer que hay tantos argentinos de la peor calaña como para aspirar a ganar una elección con su voto, siendo que las elecciones se ganan por mayoría. ¿Cree acaso Fernández que en la Argentina hay tantos deformados por el odio como para respaldar algo que se parezca una lista electoral en donde aparezcan D’Elia, Esteche o Depetri? Quizás sí. O quizás, de nuevo, su vocación por el mal le esté nublando el razonamiento.

El gobierno no parece muy preocupado por estas bajezas. Dicen que recibió números que le dan una leve ventaja en la provincia de Buenos Aires aun cuando no se han establecido los candidatos.

Pero atención: muchos pueden estar poniendo un ojo en el dúo Massa-Stolbizer por el hecho de no votar jamás nuevamente por Cristina pero estar, al mismo tiempo, desilusionados con los primeros tramos del gobierno de Cambiemos.

Esa estrategia parecería que fue olfateada por Hugo Moyano quien anticipó el apoyo de Camioneros al ex intendente de Tigre. Allí tal vez deben buscarse las razones de por qué el gobierno arremetió con fuerza para que la nueva ley de ART sea ratificada por las provincias y se reduzcan los juicios laborales en donde ganan todos (los sindicatos incluidos) menos el trabajador.

Hoy a la media noche se termina el plazo para oficializar las listas.

Por ahora se sabe que Fernández inscribió lo que llama “Unidad Ciudadana para volver a tener futuro”, pero sigue pendiente de confirmación su participación personal.

Llama la atención el nombre de la agrupación. A fuerza de tuits la ex presidente describe un país poco menos que paralizado lo que, según ella es suficiente para justificar su regreso. “Volver a tener futuro” significa que alguna vez lo hubo. Y es obvio que Fernández hace alusión a los años de su gestión. Curiosa manera de llamar al gobierno más antiguo, no solo de la Argentina, sino de la propia humanidad: aquel que desconoce la evolución del gobierno de un solo puño al gobierno de la ley. Porque eso fue lo que pretendió el kirchnerismo: arrollar las instituciones del Estado de Derecho para que el país volviera a gobernarse como en la Colonia o en los años de la anarquía caudillista: según los deseos y designios de un capitoste cuya suprema voluntad era lo único que contaba.