La inmedible levedad del humor

A esta altura va resultando bastante obvio que más allá de las desprolijidades, inoportunidades, errores, inexperiencias y pasos en falso del gobierno, el actual clima de crispación ha sido el resultado de un conjunto de factores que han sido manipulados desde la oposición para mellar el capital político del gobierno que, sin dudas, se apoyaba en las expectativas hacia el futuro.

Destruir esa ilusión pasó a ser un objetivo estratégico del peronismo/kirchnerismo que, arrastrado por su interés de no pagar los costos que le debe al país y -en muchos casos- para no ir directamente a la cárcel, se abocó a una tarea constante de agitación cuyo vértice más saliente es la creación de un ambiente de zozobra callejera tendiente a esmerilar el humor de la gente y a encender el ánimo colectivo.

Este estado de cosas es bastante burdo si se lo mira con algo de atención. Plantear las marchas por el “ni una menos” o por el “aborto legal, gratuito y seguro” como marchas políticas de queja contra el gobierno no puede menos que hacernos recordar lo que muchos dijeron ni bien el presidente Macri asumió: “Nos vamos a subir a cualquier ‘bondi’ con tal de generar un clima que haga caer a este gobierno…. Aunque los temas de reclamo no tengan nada que ver con nosotros nos vamos a unir a ellos para hacerle la vida imposible a Macri”. Esta dicho. Esta grabado. No hay que investigar mucho, ni gastar mucho tiempo en archivos periodísticos complicados. Todo es muy reciente.

Y ¡oh casualidad! resulta que eso es lo que está pasando ahora. ¿Cómo no relacionar una cosa con la otra?, ¿Cómo no concluir que, efectivamente, aquella estrategia es la que se está poniendo en práctica en este momento?

Ayer nomás las cuestiones del aborto y de los femicidios (como si esas cuestiones fueran responsabilidad del gobierno, cuando, en el caso del aborto al menos, fue el propio Macri el que abrió el debate) se mezclaban en las calles con las quejas por el acuerdo con el FMI. ¿Qué tiene que ver el FMI con el aborto? ¿Y qué tiene que ver el aborto con el “ni una menos”?

Hasta la propia madre de Ángeles Rawson (la chiquita de 16 años asesinada por el portero de su edificio) fundadora del Movimiento Ni Una Menos pidió por favor no mezclar una cosa con la otra.

Pero, claro, la señora Jimena Aduriz, envuelta en su inmenso dolor, seguramente no alcanza a comprender lo rastrero de la política y la baja estofa de los movimientos de izquierda y de un peronismo que no tiene en su diccionario las palabras “racionalidad” y “responsabilidad”.

Todo lo que tenemos enfrente es tan burdo como triste. Sin embargo, hay que reconocer que ese resquicio por el cual hoy se filtran estas maquinaciones golpistas fue abierto por el propio gobierno con sus errores no forzados, con sus marchas y contramarchas, con su irresolución y con su expectativa (de imposible cumplimiento) de que la formidable tarea de reconstrucción física del país y de recomposición moral de la Argentina iba a ser posible sin ser inteligentemente comunicada y sin que tuviera efectos dramáticos sobre la población.

La testarudez de algunos funcionarios que creyeron que salir del infierno kirchnerista sería fácil y que la sola presencia de gente respetable en el gobierno produciría un efecto mágico que borraría las maldades de doce años de podredumbre, fue la semilla en donde germinó el desasosiego actual.

Hay muchas impericias, sin dudas, en el manejo del gobierno. En el campo económico es evidente que el presidente no está dispuesto a encarar un programa de reformas profundas que fulminen la inflación, detengan el gasto y sienten las bases de una economía sana que atraiga inversión productiva verdadera. No sabemos bien por qué, pero así es.

Y esa decisión, tomada a plena conciencia, ha dirigido al país a un esquema de “perdurar” incompatible con las soluciones definitivas y con el corte de cuajo de una manera de vivir que ya se agotó.

El gobierno se aclimató a esa idea de “perdurar” y careció de la suficiente valentía para apostar a que el mantenimiento en el poder llegara como consecuencia de tomar por las astas el toro de la decadencia y darlo vuelta como una media.

Creyó que no tenía el capital político suficiente como para hacerlo sin advertir que lo que le faltaba de ese capital podría haberlo ganado precisamente haciendo lo que había que hacer, contra viento y marea.

La regla de la pusilanimidad le está demostrando hoy cómo la realidad recompensa a los que no se atreven: tomó todos los cuidados del mundo, fue con pie de plomo aquí y allá, evitó lastimar y dañar a los menos favorecidos y hoy, todos ellos, le pagan dándole la espalda, no reconociéndole nada.

Hasta la pobre Sra Legrand, que debió dedicar más tiempo de su vida a aprender algunos palotes esenciales de la cultura, se da el lujo de criticar al presidente “porque debió hacer el ajuste de tarifas de modo gradual”. Seguramente la ignorancia de la “Señora de los Almuerzos” le impide ver que si los ajustes hubieran sido “no-graduales” los aumentos habrían llegado a más de 3000% de un saque en el verano de 2016. Hoy, dos años después, las tarifas -con los ajustes hechos- alcanzan a cubrir el 80% del costo de producción. Pero, claro, en un ambiente de ebullición (y en su caso de pérdida de rating) todo el mundo se anima a decir cualquier disparate porque, total, es gratis.

Resulta francamente triste comprobar que el gobierno se metió solo en este brete. Nunca dimensionó la profundidad de la malicia peronista; tampoco mensuró con precisión lo que le costaría haber ocultado el verdadero estado en que recibió el país en diciembre de 2015. Fue verde en la interpretación de muchos costados cruciales de la sociología argentina. Y hoy lo está pagando en una factura que lleva el nombre de “humor social”. Ese inasible elemento que puede hacer la diferencia entre ganar y perder; entre mantener los pies en la cornisa o caer por el abismo.