La grandeza será clave

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Me resulta muy difícil -incluso para los que no tuvieron la posibilidad de leerlo- no reproducir aquí aunque sea los párrafos iniciales de la nota que Luis Secco produjo hoy para Infobae en donde resume los condicionamientos económicos con los que asumirá el nuevo gobierno:

El populismo macroeconómico de los últimos doce años termina como no podía ser de otra manera, como siempre lo ha hecho, aquí en la Argentina y en otros países de la región, con una economía devastada e hiperregulada.

“La magnitud de los desequilibrios macroeconómicos se incrementó a niveles no imaginados apenas algunos meses atrás. Y, por las señales que dio el Gobierno post elecciones, promete incrementarse aún más de aquí hasta la entrega de mando el 10 de diciembre. 

El Gobierno viene repitiendo sus viejas fórmulas, cada vez con menor efectividad:

  1. Frente a la falta de actividad, más gasto público y más expansión monetaria;
  2. Frente al aumento de la demanda de dólares y de la brecha cambiaria, más controles y más intervención de mercados;
  3. Frente a la pérdida de reservas a niveles mínimos en casi una década, más cepo y más cosmética en el balance del BCRA;
  4. Frente a la inflación, menos depreciación y más atraso cambiario.

Llega así al final de su gestión con un rosario de tristes récords y síntomas de una macroeconomía que necesita de cirugía mayor:

  • El gasto público en términos del PBI más alto de la historia argentina (varios puntos superior incluso al de los países desarrollados);
  • El segundo déficit fiscal más alto de la historia (sólo superado por los niveles alcanzados antes del “Rodrigazo” de mediados de los 70);
  • El BCRA casi sin reservas y con su patrimonio neto (bien medido) en territorio negativo;
  • Una de las cinco inflaciones más altas del mundo;
  • Sobrevaluación del peso casi récord (sólo superada por la de 1980);
  • Caída de las exportaciones industriales récord y un saldo de la balanza comercial que ingresó en terreno negativo.
  • Y aun cuando esta lista no es exhaustiva, resulta muy difícil no hablar de crisis cuando se la repasa; y debería ser suficiente, por cierto, para concluir que la administración de Cristina Kirchner le deja el terreno minado a quien la suceda.”

Este horizonte va a obligar a la toma de medidas muy duras para hacer frente a semejante marasmo. El Congreso, a su vez, va a mantener una mayoría relativa en manos del FpV en diputados y una decisiva (de apenas unos votos por debajo de los dos tercios) en el Senado.

Es en estas circunstancias en donde los acuerdos políticos pasan a cobrar una importancia fundamental. Ayer Sergio Massa acompañado por los referentes de su espacio –Jose Manuel de la Sota y Roberto Lavagna- dio una conferencia de prensa en donde explicó los puntos –no las personas- en los que él cree que el próximo gobierno debe poner el acento para la reconstrucción.

Quien se tome el trabajo de leerlos no tardará en llegar a la conclusión de que se trata de ideas que Cambiemos ha compartido y explicado en la campaña. A eso debe sumársele el hecho que De la Sota dijo expresamente que no votará por Scioli y que Lavagna aclaró que votará a Macri.

El punto es que Massa aclaró que no respaldará programas que signifiquen una retracción económica que termine pagando la gente cuya única felicidad en la vida consiste en tener cierto nivel de consumo. Dijo que estará al lado del próximo presidente para recorrer el mundo si es necesario para hacer crecer a la Argentina, pero que lo encontrarán en la calle, protestando, si las políticas producen una caída del consumo.

Esta dualidad deberá ser vista con mucho cuidado por quien resulte electo el 22 de noviembre. Desarmar la maraña de cartuchos de dinamita que la presidente y Axel Kicillof le dejan de regalo a quien llegue, hará muy difícil evitar que en el trabajo de desarmado algún cartucho no roce un alambre equivocado y explote.

Pero en ese momento todos deberán recordar a los Kirchner y a quien Cristina definió como su “mano derecha, su mejor asesor y su mejor consejero”.

De aquí al 10 de diciembre el gobierno conserva un arma poderosa: su capacidad de hacer daño. Ayer se conocieron nuevas medidas que profundizan el cepo para importadores, agencias de viajes y líneas aéreas, aproximando un paso más la situación argentina a la venezolana. El BCRA se está comprometiendo con operaciones de dólar futuro a los irreales precios actuales provocando que las diferencias con los nuevos valores del dólar al vencimiento deba afrontarlas el próximo presidente.

La Argentina va a necesitar una alta dosis de magnanimidad y grandeza en su dirigencia futura para enfrentar con éxito los desafíos a los que la ha expuesto el capricho y el pernicioso empecinamiento de la Sra de Kirchner.

Esa dirigencia debería tener en cuenta para la toma de su posición que al menos en esta primera vuelta electoral parecería que no solo un círculo privilegiado se ha dado cuenta del “balurdo” que el kirchnerismo le deja al futuro del país sino que esa conciencia apareció también en el conurbano, en la provincia de Buenos Aires, en Córdoba, en Santa Fe, en Mendoza y hasta en ciertas zonas del Norte argentino.

Lo que vaya a ocurrir a partir del cambio de gobierno va a depender mucho de estas actitudes de magnanimidad, grandeza y comprensión. Y por supuesto la dirigencia argentina debería tener en ese sentido una responsabilidad mayor que el propio ciudadano.