La garrapata necesita otro perro

El siguiente es un comentario que está basado exclusivamente en la intuición y no en la información. Pero en una intuición a su vez formada en la historia verificada por los hechos de los últimos 60 años.

Esa intuición me dice que Cristina Fernandez está viajando a Cuba, bajo la irresponsable autorización de los jueces, para comenzar a diseñar el próximo desembarco de la inteligencia cubana y demás fuerzas de choque en la Argentina durante un eventual próximo gobierno kirchnerista.

Los hechos históricos demuestran largamente cómo Cuba ha intentado exportar su odio revolucionario a toda la región desde el mismísimo advenimiento de los Castro al poder.

La larga lucha guerrillera que tanta sangre inocente ha costado en toda America Latina se debe, esencialmente, a esa aspiración del comunismo cubano.

Lo dejó claramente explicado con la desclasificación de más de 450 documentos, Juan Bautista Yofre en su obra “Fue Cuba”, donde demuestra largamente el plan cubano de expansión marxista en la región.

Cuba ha sido toda la vida un parásito. Como típica dictadura inservible, incapaz de producir una docena de huevos en tiempo y forma, no hizo otra cosa más que vivir de la exacción a los demás desde el mismo momento en que que Castro bajó de la Sierra Maestra hasta hoy.

Durante muchos años le chupó la sangre a otro parásito, la Unión Soviética, que, como no podía ser de otra manera, se cayó a pedazos ella misma hacia fines de los ‘80.

A partir de allí Cuba ingresó en lo que la solapada terminología castrista llamó “Periodo Especial” para designar todo el tiempo en que los cubanos no tenían ni papel para limpiarse el traste.

La salida del “Periodo Especial” se la entregó un rencoroso coronel venezolano, lleno de resentimiento acumulado en su bilis durante décadas, que, movido por el odio de clases, embarcó a Venezuela en el “Socialismo del Siglo XXI”.

Castro vio allí al nuevo gil a quien ir a chuparle la sangre. Asentada en un mar de petróleo, Venezuela era lo que Cuba necesitaba para dejar atrás el “Período Especial”.

Le ofreció a Chávez agentes de inteligencia, fuerzas de choque, y un programa de infiltración marxista para sustentar su revolución. A cambio el papagayo de Caracas le suministraría lo que La Habana necesitaba como el pan: energía para que el parásito pudiera seguir respirando.

Obviamente la garrapata cubana tiene un problema: inocula en el perro que la alimenta una bacteria mortal que solo requiere de un tiempo para matar al cuerpo productivo.

Cuando el cuerpo productivo está por morir, la garrapata debe salir urgentemente en busca de otro perro.

Ese perro debe reunir algunas condiciones mínimas para ser abordado: debe tener tanto odio, rencor y sed de venganza acumulados para que esos sentimientos le nublen el entendimiento y así se entregue mansamente a los encantos de la garrapata.

En esa exacta posición se encuentran alineados hoy los planetas de Cristina Kirchner y La Habana: una llena de odio contra todos los que de alguna manera cortaron su deliro de convertirse en la emperatriz de una nueva republiqueta proletaria, y otro, desesperado por encontrar sangre nueva para chupar.

No hay nadie que me saque de la cabeza este escenario. Fernandez se defeca en su hija. Si le hubiera importado alguna vez no la hubiera metido en el fango del delito en primera instancia. 

Con lo cual probablemente ni la vea durante su visita a Cuba.

Lo que ella quiere hacer allí es delinear con la inteligencia de Castro el plan para el desembarco cubano en la Argentina a cambio de que el nuevo perro comience a alimentar a la inservible garrapata.

Cuba y Fernandez se necesitan hoy mutuamente. Se trata de una coincidencia perfecta entre los intereses de uno y otro. Cuba puede darle a Fernandez lo que Fernandez necesita; y Fernandez puede darle a Cuba lo que Cuba necesita.

Y de la concreción de este futuro inaudito para la Argentina serán nuevamente responsables los jueces. Los eternos e impresentables jueces cuyas manos están y seguirán estando teñidas de sangre y miseria.

Repito: es solo intuición. Pero no cualquier intuición sino una que se basa en el análisis de la historia y de las realidades actuales de los protagonistas.